Brutus Malus, el paladín educativo

En una lejana galaxia poblada por ilusos docentes, y alumnos sufridores de desmanes mal gestionados por unos señores del Mal, habitaba un paladín llamado Brutus. Brutus Malus, para más señas, tenía una gran sapiencia y estaba preparado, desde que nació, a asombrar a propios y extraños con sus artes arcanas que consistían en un repertorio de frases hechas adornadas con maravillosos libros de títulos sin parangón. Brutus Malus llenaba el escenario de anécdotas educativas, ofrecía conciertos en fa bemol mientras el común de los docentes estaba liado con burocracia educativa, intentado dar clase y, por desgracia, luchando contra las adversidades mediáticas que le sucedían día sí y otro también. Brutus era mejor. Era un desertor convencido. Alguien que se lo supo montar muy bien vendiendo cosas que otros llevaban mucho tiempo haciendo pero no sabían publicitar.

Fuente: http://clanperception.eu
Fuente: http://clanperception.eu

Brutus Malus era el rey. Nombrado uno de los Grandes de la Galaxia educativa. El rey de las tertulias. El paladín del dragón oscuro. El lado más oscuro de la fuerza enmascarado por una armadura brillante. Quién no le ha visto en uno de sus parlamentos. Quién no ha sentido encoger su corazón cuando suelta alguna de esas verdades de perogrullo. Quién no es capaz de emocionarse oyendo sus anécdotas. Quién se plantea algo diferente que ver al emperador educativo a lomos de su maravillosa promoción multimedia.

Y cuando Brutus no tenía más cuentos que contar se inventaba unos cuantos. Los alumnos que una vez tuvo se convertían en millones. Las peripecias aumentaban en soldados destruidos y Estrellas de la Muerte dinamitadas de forma exponencial. Que si no había hechos consumados, se inventaban. Que si no había realidades se ficcionaba. Maestro en el Arte educativo de la disertación y la oratoria.

Los dragones, al igual que los paladines, lamentablemente viven sólo en la imaginación de algunos. Quién no se ha imaginado volando a lomos de ese dragón multicolor enarbolando una gran espada. Quién no se ha considerado paladín por un día. Quién no se ha sentido con ganas de ser un Dios para siempre. El problema es que no han sabido venderse para serlo. A otros se les da muy bien y, entre paladines auténticos, dioses enmascarados bajo diferentes perspectivas y héroes del 2.0 hay un auténtico pupurri donde es difícil discernir nada.

Eso sí, para mí y para muchos, nada mejor que Brutus Malo como encarnación de lo que debe ser un docente comme il faut. Un docente de carrera, un docente de casta, un docente de garra, un docente que ama tanto su profesión que deja a sus alumnos para impartir sus enseñanzas por doquier. Larga vida a Brutus. Larga vida a nuestro paladín.

Pido disculpas por el artículo pero, mis compañeros, que también están metidos estos días en sesiones de evaluación maratonianas, sabrán el estado físico y psíquico en que nos encontramos la mayoría de docentes de aula. Un fuerte abrazo para todos ellos. Ellos sí que son unos verdaderos paladines educativos.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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