Buenos propósitos para 2019

Lo de ser docente y hacer propósitos para el nuevo año un día como hoy no cuela. Menos aún al ver como, por desgracia, la mayoría de los mismos que, de forma más o menos encubierta me planteé, se fueron todos al garete. Nuevo centro en el concurso de traslados en el que pensaba jubilarme que he tenido que abandonar por culpa de parte del equipo directivo. Sí, ahora estoy en mi Conselleria como desertor de la tiza debido fundamentalmente a ello. Y si le añadimos mi operación urgente de aneurisma realizada a mediados de noviembre que, de dos horas pasó a cinco y media, con la posibilidad muy alta de haberme reconvertido en un montón de cenizas, ya puedo decir que todos mis buenos propósitos o esperanzas para el 2018 se fueron al garete.

Fuente: http://www.moveyourmind.es

Aún así voy a expresar determinados deseos para este nuevo año. Ya, tan impredecibles como la mayoría pero, por qué no atreverme a exponer algunos deseos personales y profesionales en voz alta. Bueno, me interesan más los primeros porque, vamos a ser sinceros, si no tengo ganas de trincar en lo profesional, creo que ya estoy más que satisfecho con lo que estoy haciendo. Y no, no tiene nada que ver la profesionalidad de uno con los cuentos que puede contar en las redes sociales o los artículos que escribe en un blog, tan caótico como poco serio que es éste.

¿Qué le pido al nuevo año? ¿Qué le pido para mí? Pues poder volver a un centro educativo en el que no me encuentre a determinados personajes dirigiéndolo. Los chavales nunca me han dado ni un solo problema pero, no sé qué motivo hace que algunos la tomen conmigo por motivos ignotos. Bueno, en este caso por negarme a que mi Departamento asumiera dar clase en inglés, cuestionara la existencia de ordenadores tirados en el pasillo de mi centro durante más de seis meses sin colocar, las reducciones horarias imposibles de algunos y, un largo etcétera de cuestiones. Si a ello le sumamos mi crítica a los malos manuales de mi asignatura que usaban nuestros alumnos y, cosas que no me pude callar o que no debí de hacer bien según el criterio de algunas, ya tenemos el desastre. Algo en lo que no voy a entrar en más detalles, pero que hizo que mi estancia en ese centro en los últimos dos meses, a pesar de los grandísimos compañeros (tanto de Departamento como del resto del Claustro, salvo alguna excepción), no fuera demasiado agradable. A lo mejor fuera mi culpa y no lo que decía pero, a veces me da por pensar y darle vueltas a ciertas cosas en exceso. Y sí, por ello acepté a mediados de julio la posibilidad de largarme a mi Conselleria. A un lugar donde se gestionan los principales programas informáticos que usan los docentes donde, a pesar de estar en cuadro (hay muy pocos trabajando) se hacen las cosas muy bien. Claro que podrían hacerse mejor pero os prometo que, al menos en este caso, no es por falta de ganas ni capacidad de mis compañeros. Bueno, algunos tenemos ganas y sabemos poco. Pero, en mi caso, prometo aprender cuando vuelva de la baja.

Ya veis que pido bastante poco. Simplemente poder estar en un centro donde se acepte poder hablar libremente y discrepar. Es que los silencios que se han adueñado de los centros educativos son muy crueles. Añoro mis primeras épocas donde aún había batallas en los Claustros. Batallas que, al final, acababan con cafés (cenas o cerveceo) para matizar.

Pero he dicho que no iba a hablar del pasado y sí del futuro. Ya veis que, como siempre sucede, acabo liándome.

Me gustaría poder volver al aula el curso que viene porque, al final, es donde mejor estoy. Y creo que no se me da del todo mal. Por cierto, no voy a dejar a medias ningún proyecto y, por eso, matizo lo de volver al aula el curso que viene. Eso sí, espero que no sea a las órdenes de la misma dirección. Si toca volver a ese centro con el mismo equipo directivo, se hace. Nunca me ha preocupado dar la cara ante nadie. Ni en las redes, ni en la realidad.

A propósito, este año que ha pasado también ha habido cosas positivas. Hemos celebrado las primeras Jornadas Eduhorchata en El Puerto de Sagunto con casi 200 personas. He podido conocer y charlar con determinadas personas. Al final, en la balanza prefiero quedarme con lo bueno antes que con lo malo. Es lo que tiene hacerme mayor y considerar mi profesión como un trabajo. Si no fuera así, acabaría un poco desquiciado al ver ciertas cosas. Cosas que, por desgracia, no me suceden solo a mí. Algo que tampoco me consuela. Lo que pasa es que a mí me gusta enfrentarlas directamente.

¿Qué me gustaría para este nuevo años? Salud, principalmente salud. Ando muy justo de salud y, en muchas ocasiones, va en detrimento de mi estado de ánimo y manera de ver las cosas. Se intenta ser positivo pero la realidad te da determinados golpes. Ya no es solo la última operación. Son más de quince años lidiando con una enfermedad, sufriendo determinados achaques y siempre, con una espada de Damocles en la cabeza. Por suerte tengo una gran familia. Grandísima en todos los aspectos.

Voy a intentar hacerlo lo mejor posible en mi trabajo (esté en el aula o fuera de ella). También voy a intentar salir un poco más a dar alguna charla. No tengo ganas de que algunos monopolicen el discurso educativo porque, si dejamos esa monopolización, va a dar la sensación que no hay otros puntos de vista. Y hay tantos puntos de vista y matices como docentes (y personas interesadas en la educación) existen. No es bueno dejar campar a sus anchas determinados conceptos ni metodologías porque nos jugamos mucho. Claro que puedo estar equivocado en mis planteamientos. En muchas ocasiones lo reconozco. Otro tema es que me guste oír determinados discursos que tienen muy poco de beneficioso para nuestros alumnos. Así que me tocará salir un poco más aunque ya veremos cómo me lo monto porque, para aquellos que me conocen, ya saben que tengo una vida muy complicada.

Ojalá los políticos se pusieran las pilas en esto de la educación. Ojalá se acabaran mis críticas por ver cómo el personal se está calzando las botas de trabajo. Ya me gustaría poder decir más cosas buenas de lo que estoy viendo que se está mediatizando. Hay mucho bueno en las aulas pero, al final, es lo único que permanece oculto. Y eso es un problema.

No me hagáis mucho caso porque, a año que pasa, inevitablemente pienso en muchas cosas. En cosas que podía haber hecho que no he hecho. En cosas que he hecho que no debería haber hecho. En lo injusto que es todo. En la sociedad que vamos a dejar a nuestros hijos. En tantas cosas que acaban pervirtiendo esos buenos propósitos para el nuevo año.

Lo único que tengo claro es que voy a empezar de nuevo (como hago a menudo) con una hoja en blanco donde voy a ir apuntando lo que voy haciendo. No son buenos propósitos, serán realidades. Espero que, en este caso, los hados se porten bien conmigo. Creo que ya empieza a ser hora. Feliz 2019.

Un detalle final… me gustaría llegar al millón de ejemplares vendidos de mi nuevo libro (enlace). Es que otro de mis propósitos es el de retirarme, con mucha pasta, para darme la gran vida 😉

EDUENTERTAINMENT

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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Jordi, espero que se cumplan tus deseos para 2019. Parece que 2018 ha sido duro en lo que respecta a tu salud. Ojalá que de aquí en adelante todo mejore.

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