Carta a esos tipos que solo me traen, con suerte, pijamas

Queridos tipejos disfrazados de Rappel,

Ya sé que hace bastantes años que, por falta de ganas y después de descubrir que sois un auténtico fraude heteropatriarcal, no me pongo en contacto con vosotros. Sí, os estoy tuteando (que no tuiteando) porque, por lo visto, la situación de la realeza está bajo mínimos y tampoco no es plan de trataros como si tuvierais sangre azul. Bueno, ni élfica que, para el caso, vale igual.

Fuente: YouTube

Estoy un poco harto de pediros cosas y que, al final, lo único que aparece en mi regalo, ya abierto siempre antes de llegar por pasar por alguna inspección antidroga, sea un puto pijama que me va tres tallas grande. Que a una cierta edad uno ya no crece y, reconozco que no me porto del todo bien pero, regalarme algo en el que quepo yo y una colonia de pingüinos, no lo veo muy lógico. Bueno, de lógica con vosotros no hay nada. A ver si voy a pasarme al gordo de la Coca Cola. O a los Payasos de Micolor que, para el caso, ofrecen igual de mal el servicio.

Pero da igual. Ya sea por costumbre, por tradición o, simplemente, por no tener ganas de buscar alternativas una vez superado el trauma de no haberme tocado la lotería ni tener salud (sí, lo del día de la salud debe ser para otros porque yo salía del hospital a las doce de la noche de ayer), voy a pediros algunas cosillas que espero que, como mínimo, tengáis a bien de leer.

En primer lugar os pido que vuelva el sentido común a la educación. Que se empiecen a vaciar las ponencias de tipos que lo único que hacen es decir cuatro chorradas a un buen precio. Que la formación docente que se ofrezca sea de calidad y que, al final, todos estos tipos de la OCDE, entre los cuales están algunos innombrables, dejen de meter sus zarpas en la educación. Bueno, para no pedir mucho, que al menos las alejen de la escuela pública.

Ya si eso os pido que se dejen las chuminadas campestres de dar Historia en inglés. Lo de los Wise Kings, Wizards non Borbonicus o traducciones similares no molan. Ya sé que lo innovador es dar, como sucede en un lugar en el que di clase, Lengua Castellana en Catalán o, como yo viví, a la inversa pero, por favor, vamos a dejarnos de gilipolleces y tomarnos en serio ciertas cosas. Bueno, al menos intentarlo. Complicada la petición pero no imposible. Que el inglés mola pero no a cualquier precio. Es lo mismo que el trincar. Todo el mundo tiene derecho a trincar pero no de cualquier forma.

Permitidme pediros la eliminación de las decisiones políticas del Ministerio y de las diferentes Consejerías. Sería bueno que se rodearan de profesionales sin carnet pero alta capacidad. Tengo claro que me da igual si uno es docente o no para dirigir el cotarro pero, lo importante es saber rodearse bien.

Por pedir, como desatado que estoy, os pido la reducción de ratios, la recuperación de la jornada laboral de los docentes, la recuperación del prestigio de los sindicatos, la aparición de asociaciones más interesadas en la educación que en satisfacer instintos muy poco educativos. Y mucha valentía entre los docentes para denunciar lo que no funciona. Colaboración con las familias y apertura de las aulas. Si desaparecen por arte de magia las puertas de todas las aulas de todos los centros educativos tampoco pasa nada. Al igual que si, curiosamente, aparecen materiales de calidad diseñados por la administración educativa. Y ya puestos, aplicaciones que funcionen a la perfección y no obliguen a vender datos de los alumnos a Google, Facebook u otras multinacionales.

Que se cree de la nada un cuerpo de inspectores «de praxis» que vayan por los centros a investigar qué se está haciendo, que ayuden a los docentes a no caer en magufismos educativos y que, al final, se mejore la calidad educativa por el trabajo realizado y no por lo vendibles que sean, cara a la galería, ciertas cosas.

Y ahora en clave más personal, que se construya el nuevo instituto prometido en El Puerto de Sagunto que es donde vivo. Los barracones que han llegado al instituto que tengo al lado de casa, por mucha puerta azul que tengan, no es lo que debería hacerse. Barraconear es un mal verbo al que muchos centros públicos están acostumbrados. Un pésimo verbo inexistente y no reconocido por la RAE.

Sé que os vais a pasar por el arco del triunfo mis peticiones pero, como mínimo, podéis dejar el típico comentario políticamente correcto de… «recibido Jordi, lo tendremos en cuenta». Al menos, como mínimo, podréis seguir sin hacer nada pero quedáis bien.

Agur chicos. Va, que ya toca que me traigáis algo. Joder, que ya no tengo una edad para otro año más de desilusión.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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