Carta abierta a César Bona

César, permíteme que me ahorre lo de estimado porque, sinceramente, después de los comentarios vertidos a uno de mis últimos artículos, supongo que entiendes que lo anterior sería totalmente extraño y falso. Recuerdo que hace ya un tiempo, cuando publiqué acerca de que había ganado una cena gracias a que abandonaste el aula, ya tuvimos nuestros más y nuestros menos. Bueno, más bien tú tuviste un largo recorrido en la red para informar a todos aquellos que compartieron dicho artículo que deberían borrarlo. Sí, todos sabemos que en los inicios de un reinado, lo primero que debe hacerse es «exterminar» a los que no piensen como uno. No sea que dicho reinado resulte más corto de lo necesario.

Fuente: Flickr CC
Fuente: Flickr CC

Intenté hacerte ver que la crítica era hacia el modelo que representabas. Una crítica basada en la necesidad de mantener el talento en las aulas y, por tanto, luchar contra la mediatización extrema de las personas y/o los docentes. Una crítica, por cierto, jamás enfocada en la personalización ni en el desprecio profesional de quien, libremente, ha decidido optar por algo tan lícito como es salir del aula para dar charlas, escribir libros y vender estrategias educativas. No es malo, César, lo anterior. Lo que sí que deberías entender es que, para muchos docentes entre los que me incluyo, dicha situación no soluciona ningún problema educativo. Y, aún menos, los de nuestras aulas.

Recuerdo también -y, sinceramente, si me equivoco me gustaría disculparme por ello pero, mi memoria no está todo lo bien que debería- que planteé, como posibilidad para aquellos que habéis hecho cosas interesantes en el aula, que hubiera la posibilidad de, sin perder el contacto con la misma, dedicar una cierta parte de vuestra jornada laboral a hacer lo que tú haces a jornada completa. Sí, siempre he creído que alejarse del aula no es la mejor manera de vender educación. Y, a día de hoy, sigo viendo lo anterior como totalmente contraproducente.

Por cierto, no tengo constancia de haber realizado ningún ataque «personal» contra ti. Creo, además, que he pecado -por lo visto en tus actuaciones- de ser excesivamente suave contigo pero, sabes qué, es porque por mucho que no lo entiendas, hay algunos que sí que creemos en las personas por mucho que cuestionemos lo que representan. Y lo que representa César Bona en el ámbito educativo no me gusta. Algo que no tiene nada que ver con el César Bona persona, totalmente subjetivo y, que depende mucho de cómo entendamos la Educación.

Podría entrar a responder tus descalificaciones personales («aburro», «soy poco recomendable», «tengo una visión penosa y lamentable de la vida», «estoy frustrado», «tengo necesidad de despedazar al personal» y un largo etcétera) pero, a pesar de todo lo que opines de mí, no tengo ganas de entrar en un debate estéril lleno de este tipo de lindezas. Nunca he jugado a este juego y, por mucho que intentes presionar a que juegue a él, voy a decir que paso. Paso de que se intente ver la discusión como un par de púgiles dándose de mamporros porque, al final, para lo único que sirve lo anterior es para que uno, al que le guste el mamporreo, se sienta satisfecho o, algunos, a los que les gusta este tipo de situaciones, se froten las manos. Y para jugar a algo que no me gusta, me abstengo.

Te recomiendo encarecidamente que cojas tablas en los debates, aprendas que, en ocasiones, puede haber críticas o personas que cuestionen lo que representas y, cómo no, entiendas que cuando uno cuando habla de cuestiones profesionales está muy mal derivarlo hacia cuestiones personales. Pero no te preocupes, de todo se aprende.

Atentamente,

Jordi Martí

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

11 Comments
  1. Desertores de la tiza que además se están forrando haciéndole el juego a fundaciones e intereses económicos muy oscuros (Santander, Telefónica…). Garantizan acabar con la educación pública como vehículo de ascenso social al mismo tiempo que revisten de progresismo lo que sólo es un proyecto neoliberal que reserva emociones y supuesta educación cívica a los pobres al mismo tiempo que garantiza que los hijos de los ricos perpetuen su clase acudiendo a colegios de verdad. Esta gentuza debe ser combatida, cero condescendencia con ellos que ya son mayorcitos, nos jugamos el futuro. Un saludo Jordi

  2. He estado leyendo los artículos relacionados con esta carta abierta. Un interesante debate que se ha estropeado por la caída en lo personal. De entrada digo que las reflexiones del autor del blog me parecían acertadas; pero creo honestamente que César Bona «ha perdido» la oportunidad de defender el proyecto que personaliza, la mediatización de los «grandes profesores» o al menos yo no he visto contraargumentación en este sentido.

    Tres puntualizaciones:
    1. Se entiende que César Bona esté harto de que «personalice» en él un fenómeno social. Pero también, entiendo que cuando nos ponemos a la palestra… es a lo que te expones: a que te critiquen. Una y otra vez, la capacidad de crítica es muy importante para esta sociedad, para nuestros alumnos; mucho más que la complacencia, diría que criticar por criticar también es importante. Aprender a criticar, de forma construtiva etc.
    2. Tolerancia: como señala el autor del blog, creo que, al menos hasta cierto punto, es capaz de «meterse» con un fenómeno o un personaje, no con la persona; se entiende la idea que hay detrás. Ser profesor, un profesor cualquier no nos realiza tanto (pirámide de Maslow) que dedicarnos a otros quehaceres más «reputados». Creo que el señor César Bona (presuponemos que es él) peca un tanto -en realidad querría decir bastante- de intolerante al juzgar a un profesor en su práctica diaria por lo que escriba aquí. Tolerancia es no juzgar a una persona en su conjunto por un aspecto determinado, y también la manera en que se hace es indicador de tolerancia.
    3. Debate: ¿compañero de profesión? El autor de Xarxatic destierra a Bona de la profesión docente; Bona no niega la mayor, pero asume que él es todavía es profesor, respondiendo como tal e incluso señalando lo «rastrero» que es atacar a un compañero. La cuestión: ¿sigue dando clase el señor Bona o no? Según lo visto: No. Por lo tanto, para mí es un exprofesor. Parece ser que la excedencia le puede durar dos años, habrá que esperar para tener perspectiva…

    Está claro que hay un movimiento «sociológico» con respecto al profesorado: concursos de profes, una pretendida «revolución metodológica», una serie con un profesor con nombre de mago… Hay una encrucijada educativa incipiente que podría tener tal envergadura como la implantación del modelo actual en el siglo XIX; por otro lado un modelo de cárceles, hospitales y colegios (Focault).

  3. En ocasiones hemos intercambiado tuits con César Bona y hemos mostrado reparos a su método. En realidad no nos parece método, sino una colección de frases bonitas. Las frasecitas hacen mucho daño a nuestra pprofesión,me recuerdan mi infancia en escuela de frailes. Tienen ese tufo arreglamundos que quiere utilizar la escuela para salvarnos

    Hay que evitar el voluntarismo y la pintura de un mundo guay. Divertir o fascinar a nuestros alumnos debe estar siempre guiado por el pragmatismo y el rigor, no por alabanzas vacías al infante ni por mesianismos.
    Firmo en mi nombre.
    Julián Ruiz-Bravo

  4. Menudo trepa estás hecho, Jordí Martí. Has zarandeado una vez tras otra a través de cinismo, demagogia y y un comportamiento tremendamente ventajista a Bona. Has usado una y otra vez su nombre en los títulos de tus entradas para visibilizar más tu blog sin el menor tipo de rubor -utilizando el mismo tirón mediático que tanto haces gala de criticar-.
    Has personalizado injustamente en su figura toda la bilis y los prejuicios que atesoras respecto a nuevas -o diferentes- propuestas educativas, Y cuando César Bona ha caido en la trampa y te ha dado la carnaza que querías, no se te ha ocurrido otra cosa que ir corriendo a dedicarle una carta abierta repleta de victimismo para seguir aprovechándote de su impacto mediático. Simplemente lamentable.

    Pues sí, Jordi Martí, César Bona también propone muchas cosas que se salen de mi línea educativa, pero no se me caen por eso los anillos a la hora de reconocer que se esfuerza por transmitir un mensaje de esperanza, ilusión y motivación tanto a chavales como a compañeros. Solo eso le debería hacer merecedor de otra actitud diferente a la que le profesas entrada tras entrada en este blog.

    En fin, no dudo que dentro del aula los dos seáis muy buenos. Pero, con sus defectos, el discurso y la actitud de César Bona hacen, en mi opinión, infinitamente más fuera de los centros que tú con este blog, destructivo y tóxico en la gran mayoría de sus entradas.

  5. El maestro auténtico maestro disfruta enseñando. El fenómeno mediático de los gurús de la educación, al menos desde mi modesta opinión ha muerto. He visto profesores fantásticos sonrojarse ante un elogio de un padre y emocionarse con un abrazo de un alumno/a al que han ayudado a amar el saber y a tener opinión propia. También he visto a gurús envolverse en la bandera de la renovación metodológica para encumbrase a ellos mismos a base de charlas y ponencias. En este caso disfrazada de «gran oportunidad para el alumnado» hay una utilización manifiesta de este alumnado en beneficio propio. Quizá estos gurús, concediéndoles el beneficio de la duda, no son conscientes de que no se puede jugar con los niños, que los experimentos de un año mejor con gaseosa y que deben trabajar en un entorno coherente que no desande en cuestión de dias u horas lo que se ha podido ser un año de una grata experiencia. Mi máximo respeto a esa legión de docentes y equipos directivos que trabajan desde el barro para hacer posible la utopía a pesar del desastre legislativo de este país. Los gurús atesoran frases grandilocuentes y los maestros trabajan para que los centros avancen y con su ejemplo no exhibicionista los chavales crezcan seguros y desarrollen su potencialidad. El maestro no dice a los demás lo que deben hacer, pone siempre en valor el esfuerzo de los compañeros de profesión y simplemente hace lo que debe. Es lo que otros maestros ven en los ojos de sus alumnos lo que despierta el entusiasmo por cambiar. Mi felicitación para esa legión de maestros anónimos que en los contextos más difíciles hacen magia cada dia por arrancar una sonrisa y ayudar a ser mejores a chavales que en muchas ocasiones no tienen otra oportunidad de sentirse valorados.

    1. Hola SALVA:
      Recién leo tu comentario y estoy en parte de acuerdo con él.
      Pero(tal vez no capte bien el mensaje),creo que la polémica remueve las rutinas y nos pone en marcha otra vez para mejorar lo que tenemos.
      Aunque no esté de acuerdo en muchas cosas con Jordi Martí,lo que me sirve es que hace que muchas mentes le contesten sus puntos de vista,que leemos también los demás y así,se rompan esquema o se reestructuren otros,pero en todo esto,avanzamos un paso más hacia esta tán denostada «educación»,con tan variados puntos de vista y que avanza tán despacio.
      Un abrazo de paz.
      minuto

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