Carta abierta a Íñigo Méndez de Vigo, Ministro de Educación y variedades

Fuente: http://www.lamoncloa.gob.es
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Apreciado, distinguido o, según algunos, amiguete,

Me va a permitir que, tal y como hago habitualmente con esos que os ha tocado bailar con la más fea (sí, las responsabilidades educativas venden mal, generan enemigos y sirven muy poco para promocionar salvo que, como su predecesor, opte por cargarse el diálogo y aceptar un retiro dorado en París con su «amiga» a la que previamente colocó en el Ministerio), me dirija a usted para, en primer lugar, desearle mucha suerte y, en segundo lugar pedirle que, por favor, se rodee de buenos asesores y no de aquellos, con carnet en la boca, que le digan lo excelso y maravillosa que es su persona. Sí, rodearse de borregos aquiescentes es malo a menos que lo único que pretenda es que se sienta acompañado en su devenir como Ministro de personas con nula visión educativa y mucha adulación.

Le pido, por favor, que haga un par de cosas de manera urgente: en primer lugar renombre el Ministerio para que el mismo no sea ese batiburrillo que, por desgracia, hace que tanto tenga que acudir a una final de fútbol como validar, con su firma, un Decreto que va a afectar a miles de chavales, docentes y, de rebote, a toda la sociedad futura y, además, que deje la portavocía. No, ser Ministro de Educación no es una tarea a tiempo parcial y si uno lo quiere hacer bien, debe dedicarse en cuerpo y alma al mismo. Que lo de portavoz queda muy bien para intentar cambiar cara a la galería su perfil bajo (no en capacidad, sí en visibilidad) pero le detrae tiempo muy valioso que debería usar para hacer otras cosas. Y el tema educativo está en el candelero en nuestro país. Además, seamos sinceros, ¿no hay suficiente trabajo en el Ministerio para ponerse manos a la obra?

También voy a pedirle diálogo pero, a diferencia de algunos que consideran el diálogo como un simple pasatiempo para no hacer nada e ir creando comisiones -a cual más ineficaz-, también le exijo que haga algo con el currículum, el sistema de acceso a la profesión docente y, cómo no, hable mucho con los Consejeros de las Comunidades Autónomas del ramo. Sí, podemos considerar una concepción centralizada del asunto pero, restringirse a su despacho en Madrid hará que muchas de las cosas que suceden en otros territorios sean ignoradas. Y eso no puede ser. Hay lugares de nuestro país en los que hay resultados educativos fantásticos. Analice por qué. No se vaya a Finlandia y declare España libre de pruebas PISA gestionadas por una organización empresarial. Vaya a algunos pueblos de Aragón, Castilla-La Mancha o Euskadi. No sólo ahí. Hay muchas iniciativas que se están llevando a cabo por doquier. Hable con los docentes que lo están llevando a cabo, con las administraciones que lo promueven y, si le gusta alguna cosa, no dude de comprarla para aplicarla en todo su ámbito de actuación. Contrate más inspectores o visitadores educativos. Por favor, que sean docentes. Docentes de perfiles variopintos y que, como he dicho anteriormente, que puedan ser de los suyos o de los otros. La Educación es algo muy sensible y global para ser, simplemente, observado desde una óptica partidista o considerado desde una ideología determinada.

Haga transparentes sus actuaciones. Cree un diario que, algunos preferiríamos que llevara usted directamente, donde publique cada semana un artículo acerca de lo que ha hecho. La transparencia en pleno siglo XXI se hace inevitable y, en ocasiones, ayuda a entender la toma de determinadas decisiones. No es malo decir qué se hace y por qué. Podemos discutir ambas cosas pero, seguro que tras la toma de decisiones educativas hay una base que, por desgracia, muchos desconocemos.

Cuente, como he dicho antes con los docentes. Somos sus docentes. Da igual el partido al que votemos o la ideología que profesemos. Somos quienes estamos en el aula. Debemos, por tanto, tener esa consideración de peones -clave para conseguir coronar reinas- tan necesarios para el funcionamiento del sistema. También piense en lo que dicen los padres mediante sus asociaciones. Vale la pena escucharles y hablar con ellos. Y ya no digamos los chavales. Pise centros. Si no puede, envíe personas para que los pisen y le cuenten la experiencia in situ y las necesidades que se tiene en el día a día.

Revise los programas educativos que se están implantando en diferentes partes de nuestro territorio. Plantee resolver el problema de los conciertos educativos, la privatización/externalización de determinados servicios y, cómo no, priorice la toma de decisiones pensando en los chavales. Y para eso no vale una nueva ley educativa -consensuada o no-. Para eso lo que vale es diseñar estrategias que, sea por imperativo legal o por consenso -sí, tengo claro que, en ocasiones para actuar, conviene tirar recto y hacerlo a las bravasa-, vayan a aplicarse en el aula. Compruebe que se aplican. Reformule el cuerpo de inspectores. Deben ser sus aliados y los de los docentes. Establezca sinergias entre la comunidad educativa. Sé que me repito pero se hace imprescindible.

La Educación necesita un Ministro de acción que sepa negociar y tirar adelante proyectos clave para la mejora educativa. Se lo repito, cuente con padres y docentes. Quizás entonces, más allá de llevar a cabo las ideas de alguno que hace siglos que abandonó el aula si es que alguna vez dio clase, podrá hacer cosas muy buenas por las que seguro será recordado.

La pelota ahora está en su tejado. Algunos hace tiempo que hemos movido ficha, ahora le toca a usted.

Espero que le llegue la misiva, la lea y diga qué piensa de la misma. Gracias por su tiempo,

Jordi Martí

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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