Charlas, debates, tiempos y reuniones

Soy una persona muy desorganizada y caótica. Me muevo por impulsos y, por desgracia, en demasiadas ocasiones hay tantas variables que hacen imposible que pueda hacer todo lo que me gustaría. Es por ello que, en este post, voy a intentar hacer un poco de disculpa en abierto acerca de ciertas cuestiones, matizar otras y, como siempre, poner esa visión tan subjetiva que tenemos algunos en ciertas cosas.

Fuente: Elaboración propia

Sí, tal como intuís en el título, voy a hablaros de los motivos por los que no acostumbro a aceptar dar charlas. Sois algunos los que me conocéis un poco mejor que lo que escribo en las redes y sabéis que, en mi vida, hay algunas cuestiones personales que hacen que vaya muy justo de tiempos. Algo que no me impide hacer un esfuerzo para hacer muy puntualmente determinadas intervenciones en algunos foros. Muchos de ellos realizados en pequeño comité y por apetecerme muchísimo estar rodeado de determinadas personas. No ha sido nunca una cuestión de dinero y si alguna vez hablo en algún sitio es porque me apetece. Incluso, en ocasiones, he tenido el tiempo justo de llegar, intervenir y volverme al poco en tren. Mis tiempos son limitados. Muy limitados. Y ahora a ello se añade el no acabar de encontrarme bien del todo aunque, por lo que me dicen, lo esté disimulando muy bien.

Otro motivo fundamental para no dar charlas es que no necesito el dinero. El dinero siempre va bien pero jamás iría a un foro en el que me coartaran mi libertad de expresión, me viera obligado a hablar de bondades de algo en lo que no creo o, simplemente, fuera lo más parecido a una comida en el McDonalds. No me apetece. Algo que no excluye, siempre y cuando la libertad no se me coarte, que pueda apetecerme participar en determinados lugares más inhóspitos para mí de lo habitual. A veces, me he planteado dar una opinión discordante con la mayoritaria de algunos lugares. No lo he hecho aún, salvo en una ocasión muy puntual porque, quizás tampoco ha surgido la chispa entre la propuesta y la aceptación. Además, debo reconocer que soy muy vago para moverme de mi zona de confort los fines de semana que tengo para mí. No sé, quizás en un futuro próximo cambien los astros o las circunstancias pero, sinceramente, no lo echo de menos mientras pueda suplirlo con aquellas charlas en pequeño comité. Charlas en las que cada vez disfruto más.

¿Debates? Me encanta debatir. No me importa que haya visiones totalmente divergentes… me encanta el debate. Me encanta el cuerpo a cuerpo. Me encanta la acidez, la dureza y las batallas dialécticas. Otro tema es que no me apetezca debatir ante negacionistas de mi miopía, mi beldad o, simplemente, adoradores de la horchata de Mercadona como un exquisito maná. Hay debates imposibles. Y no es una cuestión de planteamientos opuestos. Es algo que, si me seguís habitualmente en mis incoherencias por aquí o en Twitter, creo que tendréis bastante claro. No me importa que se piense diferente de mí pero no soporto ciertas cosas. Un detalle, no estoy hablando de no soportar la agresividad dialéctica. A veces es necesaria y no rechazo un debate bajo esos parámetros nunca. Debatir es estar convencido acerca de lo que se debate y, puntualmente, poder llegar a acuerdos. O, a veces, a completos desacuerdos pero siempre dando la cara y jugando sin doblez.

Ya si eso me pondría a hablar de los tiempos pero esos los tengo tan tasados como el tiempo que dedico a cada uno de los artículos que escribo. Éste, por cierto, de unos dieciséis minutos entre la primera tecla y la publicación. El tiempo es oro para perderlo y el mío es precioso. Tan precioso como alguien a quien me gustaría dedicar más tiempo del que, por motivos médicos, puedo dedicarle. ¿Os he dicho que tengo una hija preciosa? Pues sí. La tengo. Estoy más que orgulloso de ella y de mi familia «reconstituida». Tampoco quiero restar el tiempo a los amigos. Demasiados hay que tengo abandonados en exceso. Y eso que no tengo un gran volumen de ellos.

Finalmente el tema de las reuniones con multinacionales (o empresas más pequeñas), políticos o personas que gestionan determinadas iniciativas. Es muy complicado que acuda a ver determinados productos, imposible que los publicite en el blog. Otro tema es que algunos sepan hacer bien las cosas, como por ejemplo esos responsables de una determinada empresa con los que me voy a reunir en breve porque me han invitado a una horchatería de Alboraya para celebrar ahí la reunión. Eso jamás se rechaza. Con responsables políticos también intento quedar para expresarles mis inquietudes o proponerles cosas. Mucho caso, por desgracia, no me hacen aunque me prometen hacérmelo. Y donde verdaderemente disfruto es con personas que gestionan determinadas iniciativas, normalmente de índole social relacionada con la educación. Aprendo mucho de estas pequeñas charlas. Me da la sensación que bastante más yo que esas personas que pierden el tiempo para hablar conmigo.

No sé. Hoy me apetecía explicar algunas cosas porque, sinceramente, esta sigue siendo mi moleskine particular.

Por cierto… en nada tenemos una nueva reunión los «amiguetes» para planificar las segundas Jornadas Eduhorchata 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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