Cien millones de razones para no cambiar

bale_1Que provoque más movilización social la presentación de un jugador de fútbol que cualquiera de las reivindicaciones, más o menos justificables, de diferentes demandas sociales da que pensar. Da que pensar que las conversaciones giren en torno a la crítica de lo largas que son las vacaciones de los docentes, a lo mucho que cobran los médicos (por cierto, poco más de 2000 euros mensuales) o, a la imperdonable cantidad que se embolsan los representantes políticos (a mí, personalmente, que un presidente del gobierno cobre cerca de 90000 euros al año no me parece nada desproporcionado por las responsabilidades que conlleva) es algo que también me preocupa. Me preocupa que se critique al parado que hace chapuzas en negro para ir tirando y se justifique el no pagar a Hacienda de algún deportista por ser «un buen muchacho» y «lo bien que juega al balompié». No me vale lo anterior como argumento.

No es cuestión de demagogia. Cada uno, de forma privada, que haga lo que quiera con su dinero. Que uno decida sacarse un abono de un club deportivo es una decisión personal. No podemos, ni debemos, criticarla. Lo que sí que se puede criticar es la relación de gran parte de la sociedad con su entorno. La facilidad de criticar lo mismo que, curiosamente, si lo hacen sus jugadores o artistas favoritos, es totalmente justificable. Eso que se cura con unos minutos viendo a alguien con pantalón corto o ligero de ropa en sus estrenos cinematográficos, a los que, por cierto, cada vez puede acudir una minoría más minoritaria. Lo siento… no es lo mismo. No es lo mismo un docente, un médico, un juez e, incluso en los tiempos que corren, un político, que un sucedáneo circense. No es igual de importante un personaje que sepa dar patadas a un balón que alguien que puede tener tu vida y tu futuro en sus manos. No lo es, por mucho que gran parte de la sociedad se lo crea.

Seguimos justificando el circo y atacando servicios públicos. Seguimos atacando al pobre trabajador o al que tiene la mala suerte de estar en paro, frente a los defraudadores con cuentas en paraísos fiscales. Seguimos atacando al inmigrante que ha tenido la mala suerte de no brillar en cualquier tipo de actividad deportiva. Que nadie se olvide que el racismo sólo existe cuando se habla de pobres. Seguimos atacando a los que no poseen el don de hacernos olvidar y permitirnos que nos dejemos llevar por nuestros instintos más primarios.

Hoy existen cien millones de razones para no cambiar pero, seguro que mirando bien, encontramos alguna para hacerlo. Es cuestión de saber buscar.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Una buena entrada. Yo tampoco encuentro ninguna razón.
    Tenemos que volver a la cultura del esfuerzo y dar más importancia a la educación en valores. Uno es por lo que es, no por lo que tiene.
    Me encantan tus reflexiones y análisis ante las diferentes situaciones educativas.
    Un abrazo.

    1. Razones hay. Que sean poco fáciles de encontrar por lo escondidas tras gran cantidad de maleza, también. No creo que debamos volver a la cultura del esfuerzo; sí al esfuerzo. La cultura es algo demasiado amplio para ir compartimentándolo en compartimentos, cada vez más estancos. Los valores dependen más de cuestiones familiares que de la educación formal y, por ello, se hace tan imprescindible actuar sobre la sociedad de forma global. Algo que poco pueden hacer los docentes y mucho todas las administraciones (control de espacios televisivos, mediatizar priorizando contextos de mejora, etc.). Ello me recuerda a una película que vi ya hace un tiempo donde se manipulaban las audiencias televisivas y, gracias a ello, se conseguía una mejora social (a todos los niveles). Lástima que sólo fuera una ficción. Una ficción que se desmonta al zapear por cualquiera de las decenas de cadenas que, cada vez más, nos inundan con mucho circo de consumo fácil.

      Reflexionar en voz alta es sano. Aprender gracias a vosotros de esas reflexiones, mucho más.

      Un fuerte abrazo de vuelta.

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