Clásicos de septiembre

En Twitter irrumpió ayer con fuerza el hashtag #clásicosdeseptiembre para que los docentes pudiéramos expresar los típicos tópicos que, en estas fechas o el primer día de incorporarnos a nuestro centro, van a producirse. No es nada extraño -sí, curioso- que en los dieciocho años que llevo en esto sean siempre las mismas situaciones recurrentes las que se dan en estos días y los primeros días de curso. Padres que te paran por la calle para comentarte que ya se os acaba la buena vida (póngase después cabroncetes o algo menos cariñoso), centros comerciales que anuncian a bombo y platillo la vuelta al cole y los descuentos en los libros de texto y, cómo no, el típico docente -sí, en nuestro colectivo también tenemos personajes curiosos- que en estos días ansía volver a trabajar haciendo apología de dicha necesidad. Coño, que algunos deberían buscarse una vida. Que haya alguien que desee volver a la rutina -y nuestro trabajo reconozco que es poco rutinario- antes de acabar las vacaciones debería hacérselo mirar. Y no sólo en docencia.

Fuente: Twitter
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No será extraño escuchar cuando repartan el horario en el primer Claustro a aquellos que se quejan porque su horario no es tan bueno como el de sus compañeros o no le han admitido las desideratas que pidieron (eso de pedir todos empezar el lunes tarde y acabar el viernes pronto o, si tienes chiquillos empezar tarde…). Los que se quejan por tener en sus clases al Jonathan o al Kevin que les jodieron el curso el año pasado e, incluso aquellos que, por desgracia, tienen la mala suerte de llegar al centro y tener que sufrir en silencio porque son los últimos en llegar y los «de la casa» les dejan los grupos que nadie quiere dar. No son hemorroides, a algunos lo anterior les sienta bastante peor y, lo más grave, es que no tiene cura ni existe flotador que lo atenúe. Y ya si tenemos algún departamento en los centros educativos en los que no se llevan bien sus miembros, lo mejor sería invertir en un ring… boxeo y estiramiento de pelos gratis para disfrute del personal.

Lo de la máquina de café también es sintomático. No tengo ni idea de si es Murphy o la madre que la parió pero, ¿soy el único al que se le acaba el café el primer día o se le traga las monedas y no te sale nada? Por cierto, creo que lo del café para los docentes debería ser subvencionado por la administración. Así que, a ver si nos dejamos de subvencionar libros de texto, cursos de chorradas varias y nos ponemos a gastar dinero en lo que toca.

Ya tenemos al personal jodido porque nadie está contento con su horario, pasando calor en un Claustro y pensando en sus días de playa y solazamiento. Una mezcla explosiva para que alguien, ya hastiado a los cinco minutos de pisar el centro, te suelte alguna gilipollez en los mismos. Y ya si tenemos la desgracia de trabajar en un centro con un «proyecto innovador» basado en burocratizarlo todo al milímetro o, con un equipo directivo que tienen la capacidad de liderazgo o la empatía en lugar desconocido, y te obligan a hacer reuniones y reuniones inútiles en las que, el único objetivo es tenerte ahí perdiendo el tiempo, ya el cabreo se hace monumental. No es ficción, algunos lo hemos sufrido en nuestras carnes. Centros que, curiosamente, a nivel de gestión funcionan fatal, hacen más reuniones que una terapia de pareja y faltos de coordinación. Sí, a mayor cantidad de reuniones inútiles, menos coordinación entre los docentes.

Finalmente llegará el primer día de clase. Aquel en el que, curiosamente, algún docente soltará lo típico de lo mal preparados que vienen sus alumnos (sí, en Infantil hay algún maestro -más bien maestra, por proporción del asunto y ley de probabilidades- que dice que le vienen mal preparados de la guardería), dará una charla motivadora a unos chavales que lo único en lo que piensan es en qué demonios han hecho ellos para estar ahí después de habérselo pasado fantásticamente bien en sus vacaciones y, cómo no, el típico depravado que el primer día de curso les hará hacer una redacción sobre las vacaciones o les pondrá un examen para ver su nivel. Hay mucho masoquista con problemas psicológicos graves en la profesión.

Estamos aún a finales de agosto y algunos ya notamos el aliento en el cogote de un septiembre que, usando el típico tópico, siempre llega más pronto de lo deseado y esperado. Algunos queremos tener dinero o que nos toque la lotería para seguir de vacaciones. El tiempo es impagable y volver al tajo, por mucho que te guste más o menos tu trabajo, un trauma de considerables proporciones. Sí, reconozco que lo llevo mal y cada curso peor que el anterior.

EDUENTERTAINMENT

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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