Cómo hemos cambiado

Son más de diez años participando activamente en las redes y manteniendo determinados perfiles digitales, formando a compañeros (aunque hace unos cuantos que lo he dejado por motivos varios) y, por qué no decirlo, escuchando atentamente a todos los que proponían algo para poder ser usado en mi aula y mejorar, dentro de mis posibilidades y las de los recursos de los que disponía, el aprendizaje de mis alumnos. Diez años de vorágine educativa, sumados a otros diez en los que el despliegue mediático y las posibilidades que se nos ofrecían para el intercambio de tú a tú no eran tan potentes, en los que he notado el cambio que ha habido en cuanto a la educación y a muchas otras cuestiones, que me ha obligado a replantear en formato artículo mi amigo Néstor recordándome una de sus, excelentes e imprescindibles, viñetas que publicó una década atrás.

Fuente: Néstor Alonso

Nos hemos hecho mayores. Hemos perdido, en muchos casos, la inocencia de los primeros tiempos. Aquellos en los que todos los docentes que entraban en contacto con otros se creaban su propio blog, compartían materiales, desarrollaban proyectos abiertos y ofrecidos a la comunidad. Sí, también han desaparecido las wikis (que, por cierto, no dejaba de ser un herramienta más) mientras la web 2.0 de la relación bidireccional se ha perdido por el camino. ¿Y los encuentros?; ¿qué ha pasado con aquellos encuentros que, de forma horizontal, se realizaban a lo largo del territorio? Pues siguen algunos… Novadors, Aulablog y el EABE como más relevantes. Las pequeñas quedadas o microsaraos se han ido sustituyendo por ir a escuchar al gurú de turno y, por qué no decirlo también de las que permanecen… el aislamiento de los «nuevos» y la falta de renovación de determinadas estructuras. Los de Aulablog que trabajaban en la pública se han largado del aula para vender las recetas de Ferrán Adrià, Novadors tuvo un parón el año anterior y éste intenta resucitar cual fénix y, siendo sinceros, el encuentro más horizontal de todos ha venido muy lastrado por relaciones de amigos que, al final, lo que hacen es que algunos se sientan, especialmente si no tienen perfiles activos en las redes, un poco desplazados. Hemos perdido horizontalidad ganando, eso sí, visibilidad para algunos. Nombres que no proyectos. Personas más que intereses educativos. Dejar de ser docentes anónimos es lo que conlleva en ocasiones… priorizar el personaje por delante de la persona y/o el profesional. Y así nos va. Una década en la que todo cambia. En el que el interés de muchos está muy alejado del procomún. En el que el negocio ha irrumpido con fuerza y ya son muchos los que se han sumado -o intentan hacerlo- al mismo.

Los blogs se han ido abandonando. Especialmente los de aquellos que se han largado del aula o se dedican a pastorear a sus ovejas. Los hilos de Twitter (que, por cierto, algunos son excelentes) permiten la subsistencia de algún atisbo de reflexión educativa. Los materiales, al menos de mi asignatura -y supongo que en otras pasará igual- escondidos bajo cientos de llaves, vendidos a grupos editoriales o, simplemente, desactualizados por falta de energía o consecución de objetivos de quien una vez los puso en la red. Las formas han cambiado. Los objetivos han visto como eran sustituidos por unos mucho más personales. Al final todo es cuestión de evolucionar. Evolución que, a mí personalmente no me gusta pero, por lo visto, es hacia dónde va todo lo educativo.

Lo educativo se convierte en efímero. Las herramientas se venden, se consumen y se abandonan con relativa facilidad. Las redes encumbran a unos, hunden a otros e intentan autoregularse. Todo el mundo tiene razón. Algunos intentan conseguir sus metas. Las metas, al final, son muy personales. El interés por los chavales, en determinados casos, brilla por su ausencia. No es sólo en las redes, también sucede en los espacios físicos. No hay puntada sin hilo e hilo sin muy mala leche al tejerse. Al final no sé por qué nos empeñamos en decir que es un momento diferente para los chavales cuando lo que veo a diario es que, es un momento diferente para algunos docentes. Sí, cambiamos y evolucionamos. No es bueno ni malo, simplemente es algo que está sucediendo.

A veces, en días como hoy, uno se levanta nostálgico de todo aquello que fuimos y que, para mi gusto, deberíamos volver a ser pero… ¿quién puede luchar contra la evolución de una educación que se rige por las reglas que nos marca el mercado? En el aula -o fuera de ella- algunos seguiremos intentándolo el curso que viene. Otros seguirán con su evolución, mientras se alejan cada vez más de ese árbol que gestó lo que son ahora o lo que han conseguido. Para todos, muchísima suerte porque la vamos a necesitar.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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