Comparando pepinos

Hoy me he levantado con ganas, después de dos días de bombardeos mediáticos acerca de PISA, de dedicarme a comparar pepinos. Pepinos, chorras, miembros, canelones, vergas, bananas,… o sea, la polla de toda la vida. Sí, hoy tengo ganas de hablar de pollas. De compararlas más bien. De hablar de tamaños. De tamaños y, cómo no, de lo que se sepa hacer con ellas.

Fuente: http://www.20minutos.es

Vamos a hacer un juego. Vamos a dedicarnos a comparar miembros. Vamos a tomar determinadas mediciones y extrapolaremos las mismas para sacar unas estadísticas. Estadísticas que nos servirán para situarnos. Estadísticas que, curiosamente, dicen que los españoles varones tenemos una media de 13,58 centímetros entre las piernas. Un resultado que nos coloca en la media mundial. Por delante de otros países y por debajo de otros. Un resultado que nos debería contentar (o no).

¿Cuál es el problema de la comparativa anterior? Tomar el tamaño del pene como estándar es cometer un error. Más aún cuando uno meando en urinarios públicos y dedicándose a revisar el aparato del de al lado ve que hay muchas diferencias entre lo que se posee (y aquí no me meto en si es mayor o menor -permitidme guardar un poco de intimidad-) y lo que tienen otros. Algo que, curiosamente, depende de más factores de los que uno puede controlar. Algo que tomado como valor absoluto dice muy poco de la utilidad del producto más allá de sus dimensiones.

Lo que algunos pretenden es comparar tamaños sin mirar las causas genéticas que hay tras los mismos. Hay países que, por diferentes motivos, se tiene más larga que en otros. Incluso, dentro del propio país, es muy difícil observar a alguien y, sin verla, deducir el tamaño de su protuberancia. La ropa engaña mucho.

Hay comparaciones odiosas. Más que odiosas, de poco sentido. Analizar cuestiones como la que planteo es un juego muy peligroso. Peligroso porque no permite inferir ninguna conclusión. Peligroso porque, en función de los intereses (¡cuántas empresas están saliendo para ofrecer ese aumento de tamaño que nos venden como imprescindible!), se pervierte el significado de lo que se tiene. Algo que puede hacer mucho con independencia del tamaño. Algo que, por cierto, una educación en su uso eficaz hace mejorar los resultados que se esperan en esos momentos tan especiales.

Reconozco que jugar a quién la tiene más grande tiene su atractivo para algunos. Reconozco que pervertir esa comparación para adecuarla a las necesidades de alguien que poco tiene que ver con las que tiene mi pene es algo muy peligroso. Más aún cuando a algunos les da por mezclar churras con merinas y tomar una estadística de penes como valor absoluto. Y eso, por mucho que nos empeñemos o tengamos intereses espurios en ello, es un error.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Quisiera como mujer comentar tu artículo; el tamaño del pene poco importa, lo que se toma en cuenta es la forma en que éste es utilizado en las relaciones sexuales… para provocar grandes satisfacciones. Así que grande, mediano o pequeño, hay que ponerlo a trabajar de manera eficiente y eficaz.. que no todos los caballeros lo logran, será porque piensen que si es grande con eso basta, quizá se dicen que si es pequeño no sirve para nada.. en fin todo es cuestión de preparación y enfoque….¡¡¡ me divertí con tu escrito !!!

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