Con la de leyes educativas que nos podríamos haber ahorrado…

Debo reconocerlo. Soy un gran fan de Villar Palasí y de su Ley General de Educación de los años 70. No entiendo la necesidad de pasar, más allá de intereses obvios en alguno de los articulados legislativos posteriores (entre ellos la nunca aplicada y privatizadora LOPEG de Pertierra y la LODE, que finalmente permitió el concierto de centros educativos -o sea, la financiación pública de centros de gestión y beneficio privado-) a la aparición de nuevas leyes educativas como las que se han aplicado en las últimas décadas (LOGSE, LOE y LOMCE). Sinceramente no entiendo que habiendo una fantástica ley educativa, cuyo máximo objetivo era la reducción del absentismo y abandono escolar -no olvidemos que, según datos, gracias a la misma se consiguió la alfabetización de cerca del 99% de la sociedad española y se redujeron las tasas de abandono de más del 70% a poco más de un 30%-. Y eso sí que es un éxito para todos aquellos a los que les gustan los números. Bueno, seamos sinceros, una reducción del abandono escolar del 40% es un éxito para cualquiera.

Fuente: AP
Fuente: AP

Creo que lo único bueno que han traído las leyes posteriores ha sido el aumento de la escolarización obligatoria hasta los 16 (la LOGSE) pero, siendo sinceros, para tan corto viaje hacia el desastre no eran necesarias tantas alforjas. Menos aún con una ley que, siendo mejorable, no necesitaba ser borrada del mapa por intereses políticos muy alejados de los intereses del alumno. Considerar una ley educativa como arma política e ideológica es lo que, por desgracia, ha llevado a seguir jugando al intercambio de fichas en un ámbito tan sensible como el educativo.

Pero, ¿qué hay de bueno en la LGE de Palasí? Pues vamos a dejar que nos lo cuenten…

Proyecto de Ley General de Educación (Villar Palasí, 1970)

Antes de proceder a enumerar las propuestas que incluía la ley -algunas que no llegaron a aplicarse- me gustaría que os dieráis cuenta del nombre que se usa para hablar de ese proyecto educativo… «Libro Blanco». Curioso, ¿no os parece? ¿A nadie le resulta extraño que la última propuesta educativa que encargó el gobierno del PP se presentara bajo el mismo nombre? Nada, una simple curiosidad. Vamos al análisis de la situación actual y a ver las soluciones que propusieron…

En el momento en que se fraguó la Ley se estaba produciendo una despoblación rural y, por culpa de esa emigración hacia las ciudades se encontraron con la necesidad de aumentar los puestos escolares en las segundas. Aulas masificadas que no permitían absorber toda la cantidad de alumnos que les llegaban.

También se comentaba la excesiva rigidez de las carreras tradicionales, cerradas y herméticas sin salidas intermedias y, cómo no, la existencia de reválidas que lo único que hacían era impedir el continuar estudiando para muchos alumnos (de 100 alumnos en etapas iniciales se pasaba a menos de 30 en enseñanzas medias y, a 3 en etapas universitarias). Otra de las críticas que hacía Villar Palasí a la educación que se encontró era la existencia de centros educativos para alumnos de familias acomodadas y otro tipo de centros para hijos de los sectores sociales más desfavorecidos (¿qué pensaría ahora de los centros educativos que segregan al alumnado por el poder adquisitivo de sus familias?). Algo que remarcaba con la situación que se daba en el campo, con una descapitalización cultural importante y con mucha dificultad para los niños que habían nacido en ese contexto de poder estudiar. Exceso de materias y débil tratamiento didáctico de las asignaturas con especial énfasis hacia los defectos del «memorismo» ligados a exámenes basados en lo que los alumnos recuerdan y no en lo que saben.

Por lo anterior era necesario dejarse de parches y hacer una ley educativa integral como la que vivimos mi generación. Una ley que podía haberse mejorado pero que dentro de su articulado estaba lo siguiente:

  • Desaparición de las reválidas para el Bachillerato elemental y superior
  • Sustitución del PREU por un curso de orientación universitario (el COU)
  • Escolarización voluntaria a los dos años como puente entre las familias y la Escuela (no se llegó nunca a aplicar -sí a partir de los 3- pero sí que existía en el articulado) y obligatoriedad a partir de los 6 (se convierte en totalmente gratuita)
  • Creación de centros educativos, priorizando la misma en aquellos lugares con población obrera, industrial o agrícola
  • En la primera etapa, la EGB, que duraba ocho años se estudiaría la lengua, el pensamiento cuantitativo, el mundo físico apoyado en las más modernas técnicas pedagógicas
  • Se crea la posibilidad de elegir una doble vía a los 14 años (Formación Profesional o BUP) con la posibilidad de acceder a estudios universitarios al finalizar ambas vías
  • Se elimina el Bachillerato de ciencias y de letras y se crea un Bachillerato común eliminando la discriminación entre ciencias y letras
  • Un primer curso común en la Universidad y, posteriormente, la posibilidad de cursar estudios cortos, largos y doctorados sin necesidad de elegir ninguno porque el paso de uno a otro será realizado de forma automática
  • Creación de un modelo de educación permanente cuando se hayan finalizado los estudios oficiales para alumnos, profesores y profesionales («el título se convierte sólo en el primer paso para la aplicación práctica de lo aprendido»)

Un articulado muchísimo más moderno que cualquiera de las leyes posteriores que, sin tener aún claros los motivos, han hecho padecer a nuestros alumnos. ¿Era necesario pasar por la LOECE, LODE, LOGSE, LOPEG, LOCE, LOE hasta llegar al despropósito que supone la LOMCE? ¿Era realmente necesario hacer ese viaje cuando ya existía una ley que se demostró que funcionó bastante bien -con todos sus defectos que podían haberse mejorado-, cuyo espíritu era integrador y, en cuyos postulados estaba la necesidad de conseguir un sistema que permitiera que todos nuestros alumnos, con independencia de su origen o condición socioeconómica, tuvieran las mismas oportunidades? Yo creo que no. Menos aún para volver a unas prácticas educativas gestionadas por intereses privados, segregadoras y que, por desgracia, no benefician en nada a nuestros alumnos.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Lo de obligar a los niños a estar hasta los 16 años en el colegio, intengo verle el lado positivo, pero lo siento, desde mi punto de vista no le veo nada. Para mi, y recalco es mi opinión, fue una medida para quitar parados que ha traído más perjuicio que otra cosa, sobre todo el hecho de llevarse a los niños de 7º y 8º al instituto.

    1. Uno de los grandes problemas de la LGE era qué hacer con esos niños que, a los 14 ya no estaban obligados a estudiar y que, para incorporarse al mercado laboral les faltaba dos años. No creo que ese aumento de la edad de escolarización haya traído nada negativo (menos hubiera traído si se hubiera hecho con sentido común y con los recursos que tocaban). Aumentar la edad obligatoria de escolarización hasta los 16 no maquilla ningún dato estadísitico ya que los alumnos no empiezan a computar como parados hasta la edad mínima para incorporarse al mundo laboral.

      Podemos discutir acerca de muchas medidas (como si fue o no acertado llevar a los alumnos de séptimo y octavo a los institutos -cosa que yo creo, personalmente, que no-) pero lo que no podemos cuestionar era la necesidad de solucionar el limbo en el que se quedaban esos alumnos de 14 años que no querían estudiar.

      Un saludo.

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