Confirmado

Os prometo que, tal como prometía ayer en Twitter, hoy iba a sustituir mi post diario por un vídeo colgado en Youtube. Lamentablemente, entre mi pereza habitual, la imposibilidad de ponerme a grabar nada esta mañana y, la necesidad de un buen afeitado previo para, salir aún más guapo (aunque sé que es imposible) en el vídeo, creo que retraso mi enfrentamiento con ese medio. Un medio que, curiosamente, está muy relacionado con lo que voy a hablaros hoy. Y no, no voy a hablar de dimes y diretes tuiteros. Sí de la confirmación de algo que realmente me preocupa.

Fuente: Elaboración propia

Como algunos sabéis, en el día de ayer, en mi pueblo se realizó una charla acerca de «laicismo y educación» impartida por un filósofo que estuvo invitado por la comisión del Pacto Educativo. Sí, ese pacto que, como todos, para que no tirara adelante y con mucha publicidad, se realiza cada tiempo el intento por parte de todos los partidos políticos que llegan al gobierno. Una charla muy bien fundamentada e hilvanada acerca de los principios del laicismo y la injerencia religiosa en los centros educativos. Pero no me interesa hablar del núcleo de la charla, porque puede compartirse o no la idea que subyace tras la misma, y sí del contexto. Sala medio vacía para escuchar a una persona de currículum amplio, experiencia demostrada y demostrable pero que, por desgracia, ni está mediatizada ni tiene cuenta en las redes sociales. Algo que preocupa por la relación que puede establecerse entre varias cuestiones.

Muy relacionado con lo anterior está la venta masiva, agotada supuestamente al poco de ponerse a la venta, de entradas para ver a Leticia Sabater en mi pueblo. Sé que tiene poco que ver la educación con el «disfrute» que puede proporcionar esta gran «artista» pero, lo anterior me lleva a confirmar que, quizás, también en el ámbito educativo se esté tirando más al espectáculo que de otro tipo de cuestiones. Estoy seguro de que si, en lugar de acudir este gran ponente, lo hace alguno de esos gurús que venden sandías, explican cómo la escuela se carga la creatividad, hacen mindfulness con los participantes o, simplemente, hablan de determinadas modas educativas (que prefiero no mencionar porque, a día que pasa, moda que surge), la sala se llena. No solo consiguen el aforo completo. Consiguen que tenga que quedarse gente fuera. Muy triste, por cierto.

Ayer se me confirmó de nuevo lo que ya intuía. A los docentes que van a determinados lugares les importa más el espectáculo que el aprendizaje. Les importa más el comprar ciertas cosas y que se las envuelvan en papel de regalo que, tristemente, recibir calidad en las ponencias. Estoy seguro de que si estuviera viva Montessori o lo estuviera Freinet, sus charlas estarían vacías de asistentes si en el mismo momento se contraprograma una charla de alguno de esos que no paran de salir en los medios, en los eventos bancarios o, simplemente, tienen tropocientos seguidores en las redes. Y así nos va.

Estoy triste por lo que vi ayer. Más aún por la compra, por parte de profesionales de la docencia o personas interesadas en la educación, de determinado producto de comida rápida que, por lo que algunos sabemos, se vende muy bien porque goza de una buena campaña de marketing. A uno no le importa hacer cien kilómetros para ir a escuchar frases hechas. Eso sí, lo de acercarse a veinte metros a pie de su casa para recibir una formación de calidad o, escuchar a alguien de reconocido prestigio (que tiene poco que ver con la mediatización), está en sus horas más bajas.

Yo ayer fui a escuchar a Fermín Rodríguez. Otros irán este fin de semana a escuchar a sus artistas del eduentertainment favoritos pero yo ayer me llevé cosas en la mochila que ellos no van a poder llevarse. Eso sí, a lo mejor a ellos les dan un maravilloso badge o, se llevan una foto con su ponente educativo favorito que, al poco, subirán a Instagram. Hay gente que, por lo visto, se conforma con muy poco.

Seguiré yendo a esas charlas que me aportan algo como profesional, incluso que sea el único que va porque, sabéis qué, en esas es donde realmente se aprenden cosas.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

No Comments Yet

Deja un comentario

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
close-link