Consejillos para futuros docentes

Me han invitado a dar una charla -que, por cierto he aceptado- a alumnos de Magisterio acerca del concepto de «innovación educativa». No sé si se conformarán con mis palabras o con, sinceramente, no tener ni idea de en qué se ha convertido el asunto o cómo va a beneficiarles como futuros docentes. Y ello me lleva a pensar que, al igual que me sucedió a mí, se van a sentir muy huérfanos al entrar su primer día en el aula. Más aún cuando, en Secundaria, la única preparación que llevas de inicio es un maravilloso título universitario y, en mi época, un CAP cursado en pocas horas. Bueno, lo del máster de ahora tampoco es que haya mejorado esa capacitación inicial pero, al menos, permite que las Universidades saquen un poco más de tajada del asunto.

Fuente: Pixabay

Creo que nadie se esfuerza para que, cuando uno entra en el aula por primera vez, se le faciliten las cosas. No creo que sea solo por falta de tiempo del resto de compañeros o equipo directivo. Creo, más bien, que es por la dinámica de funcionamiento de los propios centros educativos. Por la necesidad imperiosa de cubrir un determinado hueco y de empezar, desde el primer momento en el que se llega (y ya no digamos si se llega para una sustitución), con los chavales. Un error que lleva a que el autoaprendizaje y la experiencia sea lo único a lo que se puede agarrar el «nuevo». Bueno, salvo que haya algún alma caritativa que te acoja bajo su ala.

Por eso me apetece dar algunos consejillos para futuros docentes. Para saber qué se van a encontrar y qué no. Para que entiendan que, una vez entren en la vorágine del sistema, van a tener muy poco margen de maniobra (por mucho que les parezca enorme) y que, todo lo que quieren experimentar, ya ha sido experimentado en múltiples ocasiones con resultados, dejémoslo así, bastante mediocres.

Mi primera recomendación es que antes de redescubrir la pólvora se planteen si es necesario hacerlo. Ya sé que en un primer momento todo el mundo (me pasó a mí y aún me sigue sucediendo aunque, por suerte, con menor riesgo) quiere probar ciertas cosas en el aula. Debo recomendaros que no lo hagáis. No hay inventos milagrosos, ni metodologías mágicas ni, lamentablemente, ningún manual que pueda seguirse a pies juntillas. Trabajaréis con «personillas», cada una hija de su padre y de su madre, con sus características que las hacen únicas. Eso de homogeneizar no va con el aula por mucho que, en ocasiones, no os quede más remedio.

La atención personalizada es imposible en aulas masificadas. A menos que tengáis la gran suerte de empezar vuestra andadura profesional con aulas de pocos alumnos, escuelas rurales o asignaturas optativas de Bachillerato (que, curiosamente, a los nuevos nunca os dejan) vais a tener que decidir qué estrategia os conviene tomar. No os recomiendo de entrada que elaboréis vuestros propios materiales. No defiendo tampoco el uso del libro de texto pero, sinceramente, buscaos un material de terceros. No os lancéis a la piscina tan pronto. Como bien descubriréis, nada de lo que hayáis podido montar vosotros va a ser mejor que lo que os ofrecen terceros. Si estáis en un Departamento con varias personas, pensad que ellos saben un poco mejor de qué va el percal. Y, por favor, si algo no os gusta de lo que se está haciendo, decidlo. Ahí no se come a nadie y, en ocasiones, la falta de diálogo es la que lleva a validar métodos que quizás no funcionan.

Intentad no llevaros «problemas» a casa. Si sois tutores no caigáis en el error de convertiros ni en sus padres, madres o amigos. No es tan simple como lo anterior. No somos los sustitutos de ese cariño que deben recibir de sus familias. Lo anterior no implica comportarse de forma totalmente neutra con los chavales. Conforme vayáis trabajando ya iréis viendo el margen que podéis llegar a dar a los chavales. No será infinito pero seguro que encontráis el que os vaya mejor a cada momento. Y no, en lo anterior no hay un margen estándar. Cada uno puede sentirse más o menos cómodo de una manera o de otra.

Usad el castigo como último recurso. Es lo más cómodo pero, sinceramente, es lo que hace perder más autoridad. Claro que debemos reconducir determinadas actitudes. Claro que hay ocasiones en los que conviene gritar. Claro que hay ocasiones en las que conviene castigar pero, sinceramente, abusar de los cartuchos de ese «castigo» hace que pierda todo su sentido. Ya veréis que hay compañeros a los que se les portan mejor y a otros peor. Nada tiene que ver con su manera de dar clase, con saber mucho de su asignatura o intentar caer, más o menos bien. Es otra cosa. No intentéis ser quién no sois. Si sois tímidos, no intentéis haceros el extrovertido. No cuela. Después de horas con los chavales, no cuela.

Pensad que vosotros sois el «enemigo» de los alumnos. Que las ganas de aprender, por mucho que algunos os vendan que son infinitas, no están. Acordaos de cuándo estabais al otro lado. Acordaos de lo bueno y de lo malo. Hay momento en los que vuestras clases deben ser aburridas. No se puede ser totalmente motivador en todo momento. Y, además, lo curioso es que seguramente tendréis alumnos a los que les gusten vuestras clases y otros que las odiarán.

Olvidaos de todo lo que os han contado en la Universidad. Bueno, no de todo. Si de lo que os daréis cuenta en seguida que es pura ficción educativa. Eso si, intentad ahondar en cosas que cuando estudiabais no le dabais demasiada importancia. Leed pedagogía. No leáis libros de autoayuda. Leed cosas serias e investigaciones. No os conforméis con los titulares.

Formaos. Si no os convencen los cursos de formación porque, como os daréis cuenta, la mayoría se han convertido en un auténtico desastre (bueno, quizás nunca han sido buenos), intentad formaos por vuestra cuenta. En la red hay muchísimo material. No dejéis de aprender nunca.

Si encontráis una zona de confort y veis que os funciona, manteneos en ella. No es malo estar cómodo. Además, si vosotros estáis cómodos en el aula, los alumnos tambien se sentirán cómodos mientras estén con vosotros. Escuchadlos, hablad con ellos. Tienen mucho que decir y, al final, son quienes os evaluarán a diario.

No tengáis miedo ni a inspección, ni a la dirección de vuestro centro ni a los padres. Estáis en una profesión por el bien de los chavales. Para que aprendan. Ese es vuestro objetivo básico. Para eso os pagan. Y no, ni hay atajos ni hay milagros. Vosotros sois quienes mejor sabréis cómo funciona vuestro grupo. Si tenéis problemas no dudéis en pedir ayuda. No seréis peores docentes por hacerlo.

Mi mejor consejo para vosotros es que lo intentéis hacer lo mejor posible. Creed en lo que hagáis. Sed buenos profesionales. Pensad que trabajáis con personas. Con personillas, más bien. Y eso hace que vuestra profesión tenga algunas características «específicas». Aprended y disfrutad porque, al final, será mucho tiempo de vuestra vida el que os tocará trabajar. Y para eso qué mejor que estar cómodo e ir sumando experiencia. Una experiencia que, os recomiendo, la trasladéis cuando la tengáis a vuestros compañeros que entren después porque, al final, todo el mundo necesita una mano amiga cuando entra en la docencia. Mucha suerte.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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