Contrastar en la época de la posverdad educativa

Son muchas las noticias, publicadas vía medios tradicionales, blogs o redes sociales, acerca de temas educativos. Algunas llegan a estar sometidas a un proceso de viralización que hacen que acaben llegando hasta el lugar más remoto, mediante un canal insospechado y sin, por desgracia, ningún tipo de filtro previo del asunto. La educación es mucho más que observar desde un capirote. Hay un contexto que, por desgracia, en demasiadas ocasiones se obvia. Una realidad «cruel» que no interesa observar porque, por lo visto, cada vez reducimos más nuestra visión del asunto por comodidad o, simplemente, por inutilidad de buscar referencias que confirmen o nieguen lo que nos acaba de llegar.

Fuente: Néstor Alonso

Debemos analizar quién lo dice, por qué lo dice y quién hay tras ese que lo ha dicho. No hay verdades absolutas en el ámbito educativo. Hay realidades subjetivas que, al final, algunos dotan de visos de realidades absolutas afirmando lo que, en principio, siempre es imposible de afirmar. Verdades cómodas fácilmente comprables y otras, algo más incómodas que, al final, se obvian por lo complicado que es lidiar por ella. Llevarse por los sentimientos es más fácil que poner un poco de razón al asunto. Un asunto que tendría más que ver, en una época tan líquida (ya veis que uso incluso el formato del neolenguaje educativo), con la necesidad del cuestionamiento permanente de todo lo que sucede a nivel particular, lo que nos dicen que está sucediendo o, simplemente, aquello que alguien dice que le ha contado ese compañero que hace algunas décadas trabajó dando clase durante unos meses.

Fuente: @theAwkwardYeti

Claro que es mucho más cómodo intentar tratar un cáncer con agua edulcorada que sometiéndose a quimioterapia. Lógico que algunos prefieran llevar sobre sus espaldas figuritas de cartón piedra mientras piden que llueva, se curen sus alergias primaverales o, simplemente, consigan eliminar la infertilidad praa poder tener esos hijos que tanto ansían. El problema es que no funciona. Al igual que tampoco funciona todo lo que nos están vendiendo en el ámbito educativo. Y si algo funciona lo hace como producto de ese azar que, en ocasiones, aumenta la ludopatía del personal al haber conseguido un premio en una tragaperras que después se va a llevar el resto del jornal. Es lo que tiene la realidad sesgada, la posverdad e, incluso, la necesidad de vivir sin contradicciones internas acerca de cuál es la verdad que uno subjetiviza.

Estoy de vacaciones y quizás, al igual que me sucede habitualmente en estas fechas, escribo más incoherentemente de lo habitual. Eso sí, el vicio de escribir o de comer carne no se quita por mucho que algunos digan que ser feliz no es sano, escribir ciertas cosas es ser de criticón o, comer carne, al menos en días como hoy, hace que algunos si no pasan por caja se vayan a un infierno que, por lo que últimamente nos están diciendo, tampoco existe.

El título quizás no tiene nada que ver con el artículo pero, ¿quién dice que tenga que serlo en una época, donde la mayoría de medios, publican habitualmente noticias que nunca tienen que ver con el mismo?
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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