Cortar, copiar y pegar

Sorprende ver el interés de algunos en pretender que, determinadas prácticas educativas que fracasaron estrepitosamente antaño, vuelvan a experimentarse en nuestras aulas. No es de recibo ver la gran cantidad de personas relacionadas, directa o indirectamente, con la educación, que están intentando copiar y trocear modelos fallidos porque, por lo visto, aquí vamos a ser capaces de gestionar mejor los mismos que lo hicieron en otros países. Claro que sí. Si algo no ha funcionado en países de nuestro entorno, seguro que va a funcionar aquí.

Fuente: ShutterStock

Son cada vez más las investigaciones que demuestran que hay ciertas cosas que reducen el aprendizaje de nuestros alumnos y, aún así, seguimos jugando a querer reinventar la rueda. No es cierto que haya posibilidades de un buen uso de ciertas cosas. Si algunos países optan por cortar por lo sano, por qué aquí nos empeñamos en conseguir lo que nadie ha podido conseguir. Y no me refiero solo al tema de los móviles que, seguramente, a más de uno se le ha pasado por la cabeza. Me refiero al tema de los aprendizajes significativos, al uso de determinados modelos comprensivos (y ahora que nadie interprete lo que no es) o, simplemente, al considerar un valor añadido específico a cuestiones que no lo son. No, lo siento. El uso de tecnología no facilita el aprendizaje. Y no estoy diciendo que se haya de prohibir esa tecnología. Simplemente me refiero a que, quizás, deberíamos ver qué ha pasado más allá de nuestros medios, nuestras investigaciones parciales y sesgadas o lo que, interesadamente, algunos nos quieran vender.

Las escuelas del laissez faire no funcionan. El modelo del homeschooling solo tiene éxito en familias de alto poder adquisitivo o nivel cultural. La segregación por sexos se ha abandonado en la mayoría de países por alguna cosa. Y no creo que sea por falta de interés de determinadas organizaciones de seguir vendiendo como éxito dicha segregación. Incluso tienen informes escritos «por ellos» que les validan esa opción. Lástima que todas las investigaciones realizadas por terceros se empecinen en decir que no hay mejora del aprendizaje de los alumnos en escuelas que segregan por sexo frente a las que no. No me voy a poner a enumerar investigaciones porque no acabaríamos. Existen. Y no pocas.

Cuando hablamos del modelo finlandés obviamos el contexto. Hacemos un copia y pega para trasladar lo que nos interesa del mismo. Curioso que habiendo cambiado en los últimos años la sociedad finlandesa, ahora estén al borde del precipicio. Claro que hay prácticas que pueden adaptarse pero, obviar el contexto de las mismas, es estar partiendo de diferentes puntos de partida. No somos finlandeses. Al igual que no somos japoneses, ni canadienses, ni estonios ni, sin ir más lejos, inuits. Ya está bien de querer importar prácticas en bruto. Ya está bien de obviar muchas cosas en el modelo que se plantea.

Lo mismo con los países hermanos del otro lado del charco. Países cuyo modelo educativo está saltando por los aires. Cada vez mayores discriminaciones entre centros educativos, mayor inversión en tecnología y, curiosamente, difusión de ciertas prácticas educativas. Es decir, nos copian un mal modelo que nosotros hemos cortado de terceros. El mismo error que, lamentablemente, se da siempre en los países en los que más clásicos deberían leerse, menos experimentos hacerse y más potenciar lo bueno que tiene su sistema educativo. Ídem en etapas superiores. Qué os voy a decir de la copia y pega de Bolonia sin dinero, con un modelo universitario clásico que, con todos sus defectos, conseguía que muchos tuvieran un título al margen del ambiente del que provenían. Pues Bolonia ha dinamitado lo anterior. Ha desprestigiado los másters y, al final, ha copiado lo peor de modelos anglosajones en los que había Universidades de primera y de segunda. Ya si eso hablamos de lo único que no se ha cargado Bolonia. Algo que saben muy bien quienes dan clase en la Universidad o aspiran a conseguir una de esas plazas de titulares en cualquiera de las Facultades de este país.

Ídem de la consideración de determinadas metodologías que se abandonaron en el siglo XIX por ser un fracaso. Al final, mucho me temo, que el tema de las metainvestigaciones educativas vuelve al uso de un determinado modelo educativo, menos improvisador, menos basado en modas y más centrado en la necesidad de aislar el sistema del contexto para conseguir modificar este último. Ya lo de permitir que las empresas decidan qué currículum debe darse en las aulas, cuando son las propias empresas las que venden lo de preparar al alumno para trabajos que no existen…

Mi humilde opinión es la necesidad de volver a una alfabetización digital básica. Al leer y al comprender. A la experimentación (con medios más o menos tecnológicos). A la necesidad de la estructuración de aprendizajes matemáticos. Al placer por la lectura. A la necesidad del juego. Al disfrute de los tiempos. A, simplemente, reconocer que, a veces, hace falta un determinado esfuerzo para conseguir ciertas cosas. Lo importante que el alumno aprenda. Y el alumno, por suerte, tiene poco de cortar, copiar y pegar aunque, a veces, se le haga reproducir.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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