Cosas que deberíamos tener claras a estas alturas de la película

Al igual que en una mala película, de esas programadas en las cadenas más generalistas que nos adormece a media tarde los fines de semana, uno debería tener claras ciertas cosas a determinadas alturas del film. Es lógico saber en esas películas, al poco, quién se va a liar, quién va a matar a quién o, simplemente, si la hija va a aceptar al novio/a del padre o de la madre. Pues, en el ámbito educativo, creo que ya toca darse cuenta de ciertas cosas.

Fuente: ShutterStock

La primera, es que los medios cuando publican noticias acerca de temas educativos lo hacen de forma interesada. Si uno ve que hay medios que publican las noticias de estos temas en el apartado de economía, uno puede intuir ciertas cosas. Más aún si dan voz a personas que jamás han pisado un aula. Por cierto, la OCDE no tiene ni pajolera idea de cómo mejorar la educación y sus responsables, al igual que los de la UNESCO que están aterrizando en determinadas Comunidades, son esos «personajes de negro» cuyo interés va en sentido contrario a lo que necesitan nuestros alumnos.

También deberíamos tener claro que no se está dando clase como hace veinte años. Que no existe la metodología milagro y que los premios educativos, al final, premian cosas que nada tienen que ver con que uno sea un buen o mal docente. Ya si eso hago el inciso acerca del último ganador del Global Teacher Prize, donde premian a uno por dar clase en casa a sus alumnos fuera de su horario escolar y dar el 80% de su salario. Eso no es ser buen docente. Tampoco lo era hacer cajones flamencos, tener un canal de YouTube o hacer magia en clase. Supongo que entendéis por qué lo digo.

No tiene ningún sentido, a estas alturas de la película y con la gente supuestamente culta que existe, seguir manteniendo la enseñanza de una determinada doctrina sesgada en el aula. Impartir una asignatura donde se defiende que el agua puede transformarse en vino en el mismo recinto en el que, los docentes de química dicen que es imposible, es algo, como mínimo contradictorio.

Lo de hacer asignatura de todo tampoco es nada que pueda tener ningún tipo de interés, salvo que haya algunos que tengan una empresa destinada a diseñar la misma y dispongan de los futuros docentes de la misma. Y creo que los que leéis medios de comunicación lo tenéis bastante claro.

Bueno, lo de creerse determinadas noticias que, una vez las empiezas a leer ya intuyes que no tiene ningún viso de realidad, ya debería ser motivo de expulsión del «club de los seres racionales». Bueno, menos racional que algunos que se creen a pies juntillas lo que dicen «los suyos» sin cuestionarse nada o acudir a la fuente primigenia también se la trae.

Lo de que no se aprende igual en lengua autóctona (o propia) que en lengua extranjera un contenido complejo también es fácil entenderlo. Dar Historia de España, Cataluña, Galicia o de los pigmeos en un idioma extranjero es algo demasiado surrealista. Y pretender que uno aprenda inglés (o cualquier otra lengua) haciendo lo anterior, con ratios elevadas y sin pisar los países donde se habla esa lengua, misión cuasi imposible. En Aravaca uno no va a dominar el inglés si jamás se mueve de ahí. Es lógica.

Entrar a decir, enlazando el párrafo anterior, que con cuarenta en clase se aprende igual que con veinte es ser un poco cenutrio. Lo mismo que defender que un concesionario de Mercedes pague el sueldo a los trabajadores de BMW para que vendan sus coches. Cuando me refiero a sus coches, me refiero a los de la marca BMW. Ya si eso entramos en las monjas bailarinas y similares.

¿Inteligencias múltiples? A estas alturas de la película, al igual que el uso contradictorio del mindfulness como estrategia para mejorar el autoconocimiento de los alumnos y sus ansias de aprender, ya no cuela. La película ya ha dejado claro el timo del asunto y que, al final, solo beneficia a unos que quieren trincar con ello.

Quiero creer que a estas alturas de la película ya hay cuestiones que se ven, se intuyen y se demuestran, con pruebas palpables, que no tienen nada que ver con mejorar la educación de las futuras generaciones. Algo que al igual que aquellos que defienden lo absurdo de que aprender hoy no tiene sentido para el mañana, debería ser obvio para cualquiera con un mínimo de estructura cerebral. Pero va a ser que, al igual que sucede con las películas, cuando uno después de haber apuñalado a veinte víctimas, apareciendo en primer plano mientras las está acuchillando, aún tiene sus defensores que no creen que sea el asesino. Y pasa. Más de lo que a algunos nos gustaría.

Perdonad estas reflexiones en voz alta pero, sinceramente, volver al curro después de unas pequeñas vacaciones (que nadie me ha regalado -o quizás sí-), hacen que esté especialmente poco dispuesto a fabular acerca de quién es el asesino o de si se acaban acostando esos que, a los pocos minutos de haber empezado la película, ya están comiéndose con los ojos.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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