Cosas que he aprendido este curso

Creo que, tanto después de escribir acerca de lo que, profesionalmente, he hecho este curso vía resumen y, del monólogo ante la máquina del café en el que he intentado desgranar, con menos acierto y coherencia de lo que me gustaría, que han supuesto estos meses en el ámbito educativo, me quedaba un último artículo sobre el tema. Un artículo en el que se plasmara qué he aprendido este curso que ayer finiquitamos (ya, finiquitamos se refiere a que ya no toca dar más clase y pasamos a la parte más burocrática del asunto).

Fuente: http://caminandoenlaperseverancia.blogspot.com.es

Pues sí, la verdad es que en mi decimonoveno curso he seguido aprendiendo. He aprendido cosas buenas y malas. He aprendido a ser menos crítico con ciertas cosas y a, por suerte, controlarme muchísimo más en mis respuestas inmediatas. Más aún en el contexto laboral donde, por suerte o por desgracia, me he callado ciertas cosas en público y he soportado, creo que estoicamente, algunos comentarios acerca de ciertas cuestiones. Creo que ha llegado el momento de mi vida en el que ha habido ese clic que hace que, salvo excepciones, me mantenga bastante apartado de cuestiones transversales, puñaladas traperas y, por qué no decirlo abiertamente, intereses muy poco educativos que tienen algunos. Incluso tolero, valga la redundancia, muchísimo mejor determinadas conversaciones de bar en las que prefiero, simplemente, no entrar al trapo. Y si lo hago me lo tomo con humor. Un humor que ha mejorado muchísimo en los últimos tiempos. Humor muy relacionado con mi capacidad de pasarme ciertas cuestiones por el forro. Algo que os puede sorprender si leéis habitualmente mis posts pero que, sinceramente, es lo que hay.

También he aprendido a trabajar más en la sombra. Siempre me ha gustado la transparencia en todas mis actuaciones pero reconozco que, por determinados motivos, hay muchas cosas que no he podido publicar o hablar de ellas. He tenido muchísimas reuniones que no os he comentado en las que me he dado cuenta que, en ocasiones, a algunos les conocemos sólo la fachada en las redes y que no son así en absoluto. También he descubierto que hay personas dentro de la administración educativa -incluso ejerciendo altos cargos en la misma- que sí que están interesados en la mejora educativa. No sólo eso. He aprendido que la educación no es cuestión ideológica y que, muchas veces, se legisla de una u otra forma por imposibilidad de hacerlo diferente. Posiblemente lo de trabajar en la sombra no haya sido la frase más adecuada para el asunto pero espero que entendáis a qué me refiero.

Me ha sorprendido darme cuenta que hay un grupo de personas, muy relacionadas con ciertas mediatizaciones educativas que tienen una falta absoluta de vida personal. Quizás sea debido a ello que se suman a cualquier iniciativa que implique -o pueda implicar- el trabajar hasta altas horas de la madrugada editando vídeos, montando materiales para sus chavales o, simplemente, asistiendo a todo tipo de reuniones que se tercien sobre temas laborales. Hay un colectivo de docentes que, en una sociedad cada vez menos social, deben buscar sus amigos dentro de la profesión. No es malo pero me da la sensación que pervierte muchas cosas. Más aún el sentido de lo que supone una profesión. Eso es algo que he aprendido al hablar con algunos de ellos. Algo que, en ocasiones, está detrás se su huida de las aulas. Sí, algunos de los que se van del aula no lo hacen porque no les guste dar clase, lo hacen para tener más fácil completar su vida social al tener más posibilidades de trabajar en sábado montando cosas e, incluso, viajar a lo largo y ancho del territorio para encontrarse, puntualmente, con ciertas personas con las que han tejido una amistad por las redes. Incluso algunos han acabado llevando ese conocimiento laboral a una relación posterior. Por lo que se ve existe esa deriva de lo educativo a la necesidad de sentirse uno aceptado.

También he recordado que hay gente mala. Gente que sólo mira por ellos y le importa, entre poco y nada, lo que suceda a sus compañeros de trabajo. Incluso hay algunas serpientes, de esas más peligrosas porque están cargadas de veneno, cuyo único objetivo es «ellas, ellas y ellas». Se nota en ciertos hechos y, más aún en ciertos momentos de la película educativa. Una película de bajo coste que, lamentablemente, a veces se rueda en tu contexto más cercano.

Quizás no haya aprendido tantas cosas como las que aprendí los primeros años de profesión pero, lo que sí que tengo claro es que el aprendizaje que se da conforme vas acumulando experiencia, te vas haciendo mayor y te cuestionas más las cosas, es mucho más fiable que uno basado en instintos o sensaciones. Además, cuando ya tienes la posibilidad, por determinadas cuestiones, de poder expandir tu ámbito de conocimiento más allá de las simples paredes de tu centro, entiendes muchas cosas, ves que la realidad quizás no es la que te contaron y que, al final, bajo muchas cuestiones subyacen otras que, al final, van a marcar la manera de comportarse de muchos, de hacer de otros y de gestionar tu manera de funcionar.

No, no he entrado en el tema de mi aprendizaje acerca de dispositivos tecnológicos (que lo he tenido) o de pedagogías varias (que también) porque considero que, a una determinada edad y en esta profesión, el mejor aprendizaje es aquello que descubres si tienes ganas de mirar a tu alrededor.

Ya sabéis que, a veces me gusta dejar una pregunta abierta en muchos de mis posts... ¿qué habéis aprendido vosotros a lo largo de este curso? Y no, no es una cuestión sólo para ser respondida por docentes :)
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Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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