¿Cuál es la función del profesorado?

La verdad es que cada vez me decepcionan más los equipos investigadores de algunas Universidades. Más aún de aquellas que, curiosamente, se hallan tras la mayoría de supuestas innovaciones educativas y son sus investigaciones avaladas por entidades bancarias u otros grupos de presión. No lo entiendo. Sinceramente no entiendo que el Edul@b, un grupo de investigación docente de la UOC, se permita publicar quince propuestas para mejorar la formación docente y, en ninguna de ellas incluyan la necesidad de una partida económica para ello. No es algo falto de intención. Queda muy claro que el objetivo de la administración educativa catalana (extrapolable a otros contextos) es conseguir que, exigiendo siempre un mayor esfuerzo a su profesorado sin ningún tipo de gasto asociado -a excepción del que se llevan grupúsculos innovadores como Escola Nova 21, que se llevan del presupuesto público más dinero que el destinado a toda la formación docente en el ámbito de actuación de la Diputación de Barcelona– se pueda vender lo mucho que están haciendo para la mejora educativa y promocionar las «grandes» medidas y esfuerzos que están realizando.

Por lo visto la culpa de que el profesorado no esté formado es de que el mismo no dedica horas a su autoformación. El profesorado debería, según este estudio, entrar habitualmente en las redes sociales, elaborar sus propios recursos digitales, compartirlos altruistamente, certificar las formaciones entre iguales y, cómo no, establecer un portafolio personal de aprendizaje individual para cada docente. Ya hemos pasado del rol de simple transmisor y receptor de formación ofrecida, con mayor o menor acierto por parte de las administraciones educativas, a la necesidad del aprendizaje informal (qué bonito el palabro tan usado para justificar la falta de inversiones en el asunto) y, cómo no, a la necesidad de elaborar todos los materiales que vayas a usar en tu aula que, por cierto, no debes olvidar dejarlos a disposición de todo el mundo. Bueno, eso a menos que estés fuera del aula y quieras escribir un libro. Entonces, o si perteneces a alguna organización variopinta con intereses varios, mejor dejar que sólo vean una parte de lo que estás vendiendo no sea que se te vaya al garete el negocio.

Fuente: Forges
Fuente: Forges

Llega un momento en que, entre la mediatización tildando de vagos y maleantes a los que conformamos la profesión docente, añadiendo la presión para que actuemos, no sólo enseñando nuestra asignatura o guiando el aprendizaje de nuestros alumnos, sino también gestionando sus problemas personales y situaciones socioeconómicas de partida, ya hay algo que se me despista. No sé hasta qué punto el docente ha asumido libremente el rol de confesor, padre/madre y solucionador de todos los problemas de los chavales. No, ya no es sólo la perversión de un trabajo en el que haces de psicólogo, animador sociocultural, burócrata e, incluso, en ocasiones das clase. Es la venta que nos hacen algunos de hacer recaer TODAS las responsabilidades habidas y por haber en los docentes. Y sí, tal y como dicen algunos, hay compañeros que están comprando que la culpa del hambre del mundo es del profesorado. Ya basta, ¿no creéis?

No tengo clara cuál es la función del profesorado pero, sinceramente os digo que, al final, uno hace de todo para que los alumnos tiren hacia adelante. ¿Que no es suficiente? Seguro que no pero, sinceramente, descargar todos los problemas de diferente calado en los centros educativos tampoco es de recibo. Menos aún jugar a vender que uno es bueno o malo en función de si se convierte en superdocente o no. Y, la verdad, es que por suerte o por desgracia, lo nuestro es sólo una profesión más. Una profesión en la que algunos ya no sabemos qué hacer porque, hagamos lo que hagamos, siempre faltarán detalles para ser fantásticos. Eso sí, lo de que la administración educativa colabore en el asunto… eso ya es harina de otro costal porque, al final lo que interesa a los que gestionan la educación en nuestro país es gastar lo menos posible repercutiendo esa falta de gasto -mejor dicho inversión- en el trabajo de sus profesionales de aula. Que el dinero, por lo visto, sólo está para financiar a algunos. Y esos no están en el aula.

Iba a escribir sobre el exceso de reuniones inútiles que se realizan en centros "innovadores" pero, sinceramente, creo que es bueno oxigenarse un poco y reflexionar acerca de mi profesión 🙂
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Poco conoces la UOC!
    Para ellos el profesor es una máquina, pieza más del engranaje, cuya función es puntuar y responde e-mails.
    Los Poderes Ocultos siempre hacen lo mismo: tirar la piedra y esconder la mano.

  2. Justo en este momento, necesitaba leer este artículo.

    Esta frase es muy buena: «No tengo clara cuál es la función del profesorado».
    Personalmente, creo que simplemente dar clases. Y yo, personalmente, no quiero hacer de todo para que los alumnos tiren hacia adelante: el estrés puede ser bestial y se puede invertir 25 horas al día en ello…

    1. Las funciones del profesorado aparecen en el BOE. Al final, la mayoría hacemos lo que podemos para que nuestros alumnos y alumnas tiren adelante. Ya, ya sé que nos excedemos en mucho de nuestras atribuciones pero, entre que nos han vendido el falso altruismo como necesario y vemos que la administración no dedica un pajolero recurso para nada relacionado con la mejora educativa, no nos queda otra. Eso sí, hagamos lo que hagamos, siempre habrá el típico que nos criticará por cualquier cosa. No va incluido en el sueldo pero, no queda otra que aguantar esa «aportación».

      Un saludo.

  3. No te sulfures. Todo este pandemonium que han montando es la consecuencia de la falta de rigor en la selección del alumnado debido a la presión por el aprobado que ejercen padres, directivas e inspección y por las alucinantes leyes educativas que permiten la promoción automática.

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