Cuando todo lo relacionado con la educación se convierte en una puta vergüenza

Os prometo que intento ser positivo. Hablar de forma optimista acerca de lo que está sucediendo y que, al final, me importa un pijo que haya determinados personajes que estén trincando vendiendo métodos pedagógicos imposibles o, simplemente diciendo un día una cosa y, a los pocos minutos, otra completamente diferente para seguir vendiendo. Del trinque me puedo reír. Incluso ya me estoy empezando a tomar con total ironía el hecho de que algunos, sin tener ni idea de educación, psicología o investigaciones científicas, se permitan el lujo de autodenominarse grandes expertos en cualquiera de los aspectos que hoy molan tanto (léase neuromandangas, emociones cangrejeriles o, simplemente, uso de sandías para mejorar el empoderamiento inguinal). Me lo tomo a coña porque no es cuestión de ir de agrio por la vida. Además, seamos sinceros, si hay compañeros que van a esos espectáculos es que molan. Bueno, algunos también ven Sálvame o van al cine a ver auténticos truños. Ser docente, como he dicho en más de una ocasión, no te otorga automáticamente el rango de tener sentido común. Ni tampoco el de ser más o menos crítico con lo que sucede a tu alrededor. Que algunos se empeñan en verlo todo de rosa y otros no pasan del caoba oscuro. Bueno, de todo hay en las aulas. Por suerte es un reflejo de la sociedad que nos rodea. Algo que resulta siempre enriquecedor aunque sus visiones sean diametralmente opuestas a las mías. Unas visiones que tampoco tienen presunción de veracidad. Son, simplemente, las mías.

Fuente: Facebook

Ayer me entero que un equipo de coaching va a preparar a los alumnos murcianos para que arrasen en las pruebas PISA. Por lo visto lo del aprendizaje es algo que algunos no entienden. Ya, lo sé. Me encantaría en ocasiones equivocarme pero, curiosamente, cuando hace unos días tienes un debate en Twitter con el personaje que lleva el tema de este coaching por no creer en las funciones ejecutivas relacionadas con la empleabilidad futura de los alumnos y ahora le ves aparecer en esta iniciativa. Vale. Entiendo que como economista su función es velar por los números y no por las personas pero, ¿a nadie se le ha ocurrido pensar nunca que la educación mejoraría si vetáramos, salvo a los profesionales de aula relacionados con esas asignaturas, a los economistas a la hora de hablar sobre los números en educación? ¿A que a mí no se me ocurre hablar sobre futuros, evolución del IBEX o, simplemente, planes de inversión a medio plazo? Primero porque no sé. Segundo porque me da vergüenza hablar sobre algo que no sé. Ya, en este país el tertulianismo está a la orden del día pero cuando dicho tertulianismo afecta a algo que conoces un poco y es tan sensible como la educación…

Pero es igual, también hay algunos que hablan maravillas de ese supuesto héroe que explica Word en una pizarra. Y una mierda. No es un puto héroe. Es un docente que, por falta de recursos, tiene la mala suerte de vivir en un país pobre en el que no puede acceder a explicar en condiciones. Ser pobre, como dijo alguien, es una puta mierda. Vivir en esos países en los que la esperanza de vida es de, como mínimo, veinte o treinta años menos que aquí, también. Eso sí, según algunos anormales, como la escuela mata la creatividad, lo mejor es cargarnos la escuela. Que se vayan a Ghana y cambien su vida por alguno de los oriundos de ahí. Ellos van a estar encantados de perder esa creatividad que hace que vivan en condiciones lamentables, no tengan asistencia sanitaria y mueran. Hay qué joderse con algunos iluminados. Por cierto, ya me gustaría ver a Ken Robinson, María Acaso o alguno de esos defensores de la eliminación de la escuela y del aprendizaje reglado ahí. Seguro que descubren grandes creativos. Eso sí, no vale ir para dar una charla y alojarse en el único hotel para turistas de safaris con todas las comodidades.

Bueno, mientras en algunos países lo pasan mal aquí nos preocupamos de cargarnos la educación y hablar de pedagogías feministas a ciento cincuenta euros. A mí lo de despatriarcalizar la educación, más aún cuando trabajo rodeado de excelentes profesionales (obvio lo de mujeres porque, por suerte, en el ámbito educativo hay muchas más que hombres) es algo que me chirría. Ya lo hace el lenguaje cada vez más artificial del que estamos dotando a la lengua para no herir susceptibilidades pero es que, al final, creo que lo de la igualdad no se consigue haciendo cada vez el aula más desigual. No quieren mejorar la situación de las niñas en un contexto en el que, por suerte, cada vez se intenta más luchar contra la discriminación por género, raza u orientación sexual. Pretenden, como muchos, sacar pasta del tema. Y eso también me parece nauseabundo en un contexto -el educativo- en el que cada vez se valora más el trinque que la necesidad de su mejora (de aprendizajes o social).

Quizás me haya pasado con el artículo. Quizás sea que tengo muchísimo trabajo últimamente en mi aula y veo como mis compañeros, dentro de sus posibilidades, hacen lo mejor para sus alumnos cada día. Quizás es que, al final, lo mediático relacionado con temas educativos se haya convertido en una puta mierda. Y ya no entro a opinar qué me parecen determinadas decisiones educativas, entrega de sobres para dar formación en chuminadas campestres o, simplemente, hacer besamanos a determinadas organizaciones muy poco educativas. Si eso, otro día.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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