Cuerda para rato

Espero me quede cuerda para rato aunque, viendo la cantidad de «sorpresas» que me da la vida, ya no tengo demasiado claro jugar a la lotería de la vida. Por suerte, esta última la puedo contar. Cinco horas y media de operación, pequeñas complicaciones (bueno, pequeñas por tener a un cirujano como la copa de un pino) y, por desgracia, algunas pequeñas secuelas en forma de medicación para largos períodos mezclado con un pánico atroz a que algo se tuerza en unos meses. Pero a día de hoy, gracias a unos grandes profesionales de la medicina, puedo decir que prueba superada. Otra más que va hacia mi anecdotario cada vez más cargado. Ahora, lo que menos le gusta a alguien tan inquieto como yo… el necesario reposo domiciliario, la vida de abuelete en busca de la obra más cercana dando pequeños paseos y el estar, lamentablemente, fuera de juego por una temporada. Bueno, por suerte me quedan las redes y los compañeros que, muy amablemente, se ofrecen a servirme determinadas cosas en bandeja.

Fuente: ShutterStock

Pero no os quería hablar de la operación. Ya veis que, ni tan siquiera doy un mayor detalle de la misma. No creo que sea lo importante. Lo importante es que, como siempre sucede, este tipo de situaciones personales hace conocer mejor a las personas. Ya tenía claro que tengo una familia de diez. Lo de mi mujer, mis padres, mi hermana, mis suegros y el resto del plantel familiar se han comportado como siempre: fantásticamente bien. Siempre atentos a lo que pudiera necesitar y, como en todos los casos en los que he tenido la mala suerte de acabar en una cama de hospital (demasiado a menudo para mi gusto), son personas a las que debo agradecer mucho. Muchísimo.

Lo curioso ha sucedido con algunos a los que creía eran amigos míos que, ni tan solo se han dignado a preguntar qué tal estás. Ni por un simple whatsapp. Ya veis si es fácil ponerse a teclear, ¿qué tal te encuentras? Ánimo y nos vemos en nada. Estoy hablando de personas que conozco en carne y hueso. Lo de las redes va en otro párrafo aunque en la actualidad sea el contexto real y virtual totalmente permeable. Por cierto, un detalle de las redes, ¿sabéis que han sido muchos los que se han interesado por mí? Y, en ocasiones, gente con la que discrepo ácidamente o, simplemente, hemos tenido nuestros encontronazos. Algo que vamos a seguir teniendo en ese formato digital pero que, más allá de lo anterior, se demuestran grandes personas. Un factor humano que es, al final, lo más importante de todas las relaciones. Sean las mismas cara a cara o mediante un teclado. Y eso nunca se olvida. Al menos yo nunca lo olvido, como me suele suceder, por suerte, con los malos momentos.

He encontrado a grandísimas personas. Sí, algunos para mí ya eran personas fantásticas y, simplemente su actuación de estos días, con mensajes de ánimo por Whatsapp, llamadas, mensajes por DM o, simplemente, algún tuit, hacen que te plantees ciertas cosas con ellos. También qué no decir de algunos compañeros que han batallado conmigo en alguno de mis centros (o lo están haciendo ahora desde fuera del aula) y alguna persona de esas que, no se sabe cómo, han llegado a establecer una relación contigo en estos últimos tiempos. Hay gente maravillosa. No voy a dar nombres pero creo que ya sabéis quiénes sois. La grandeza no se mide en número, se mide en situaciones. Lo importante jamás es estar en los momentos buenos (claro que mola y si se puede, uno se acopla). Lo importante es, en esos momentos en los que uno lo está pasando mal, saber que tiene gente ahí. La soledad, tenga uno miles de «conocidos» reales o virtuales, sigue siendo soledad cuando nadie se interesa por ti en esos momentos.

La verdad es que ahora empiezo a respirar. No por mí. Por mi familia y, especialmente por mi hija. Me queda cuerda para rato pero, al menos, ya sé por quién no vale la pena dedicar tiempo ni esfuerzo más allá de lo políticamente correcto. O, a veces, ni bajo ese parámetro. Los demás, ya sabéis donde estoy para lo que necesitéis. Y me apetece compartir muchos momentos buenos con vosotros porque, al final, eso es lo que necesitamos y queremos todos.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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