De Educative Innovéision a Eduentertainment: dos modelos de autopublicación con ligeras diferencias

Como muchos de vosotros sabréis, hace bien poco tiempo que he publicado en versión digital, mi nuevo libro, Eduentertainment. Un libro que, desde una maquetación artesanal, y con todas las versiones disponibles (PDF, ePub, mobi y Kindle) podéis comprar desde aquí. Sí, en este caso, a diferencia del primer libro, Educative Innovéision, donde el modelo era de «donación voluntaria», en este caso sí que hay dinero a invertir para adquirirlo. Ninguna cantidad desorbitada pero sí que, al menos obligar a pagar esos cuatro euros, hace que no me encuentre con la situación tan desagradable que me generó el primero: casi quince mil descargas y un feedback prácticamente nulo. Además, por desgracia, todos sabemos que muchos de los que se lo descargaron jamás van a leérselo. Y, por ello, el modelo deja de tener sentido. Por cierto, éste sí que tiene el mismo modelo de donación y también permite su descarga por la patilla (enlace).

Fuente: ShutterStock

Bueno, a pesar de la decepción del primero, la verdad es que, por motivos ideológicos acerca del compartir, quise plantear la misma posibilidad para éste. Empecé a publicar los capítulos (en formato borrador) en abierto para que la gente me dijera qué les parecía. Miles de visitas cada uno de los capítulos y poderse contar con una mano los que me dieron un triste gracias. Ya sé que el modelo que uso no es tradicional pero, por favor, ¿tanto cuesta dar un simple gracias, decir que no te gusta o, simplemente, dejar un comentario u opinión en las redes sociales? Es que es muy triste ofrecer algo que cuesta tu esfuerzo y ver lo anterior. Así pues, tocaba reinventarme y cambiar el modelo para que, como mínimo, pudiera sentirme a gusto. Seamos sinceros, si escribo algo es para pasarlo bien escribiendo pero, no debemos renegar de la ilusión que supone saber que la gente te lee. Y, en este caso, ni lo sabía ni podía intuirlo. Ya, debía haber escarmentado con el primero pero es lo que tengo… a veces me gusta insistir porque creo en ciertos modelos.

Una vez descartado el uso del mismo modelo del primer libro, quedaba plantear cómo hacerlo. Más que nada porque, en el primero sí que acudí a una empresa que se dedica a maquetar libros para que me lo maquetaran y me enviaran algunos ejemplares en papel para «amiguetes». Bueno, al final acabé sorteando ejemplares y dando a todo el mundo. Cosa que, al final, hizo que las cuentas no salieran ni a la de tres. Y no, aclaro que no escribo para ganar dinero porque, por suerte, entre mi mujer y yo, cubrimos los gastos para vivir. Además nuestros gastos son sencillos y, por suerte, los dos tenemos trabajo fijo (somos docentes de Secundaria ambos). No perdí dinero pero tampoco lo gané (y el que gané se invirtió en algo para terceros). Bueno, prefiero obviar las cuentas porque, a lo mejor, me encuentro con alguna sorpresa en el asunto.

A lo que iba. ¿Qué podía hacer para sentirme contento conmigo y no perder mi parcela de querer hacer las cosas de una determinada manera? Aceptar las ofertas editoriales que me llegaron para este segundo libro conforme iba publicando capítulos ya quedaba descartado por dos motivos: no escribo bien (y sé que no lo hago) y, el segundo, es la necesidad de supeditar qué se hará con mi libro a terceros. No me gusta. Menos aún que planifiquen otros estrategias de merchandising o basen en lo económico su publicación. También descarté el modelo de crowdfunding porque, al final, no lo acabo de ver del todo claro. Y ya sé que hay gente que lo hace muy bien y te asesoran en todo el proceso pero, al final, volvía a las mismas que en el caso anterior: depender de alguien ajeno a mí para que se encargara de todo. No solo de la maquetación. Sí de todo el proceso una vez redactado el libro. Por desgracia me gusta tener control de lo que publico (por mucho que lo cuelgue bajo licencia Creative Commons) y qué se hace con ello. Llamadme raro.

Al final ha tocado seguir con la plataforma que me daba buenos resultados, me daba libertad de publicar y retirar el libro cuando me apeteciera y, sin ningún tipo de control acerca de qué hago con ese libro (si lo actualizo, si subo actualizaciones, si después opto por hacer edición en papel, etc.) más allá de poder controlar cuánta gente lo está descargando/comprando. A día de ayer, por cierto, se llegó a las doscientas adquisiciones/descargas. Muchas gracias a todos. Sí, hago este inciso porque me apetece agradecéroslo.

Soy una persona muy inconsistente. No tengo modelos predefinidos en cuanto a casi nada. Por ello, como en este caso, he ido variando de tercio porque, al final, lo importante de este libro (al igual que lo fue del anterior) es el proceso a lo largo de la escritura, lo bien que me he pasado haciéndolo y, más allá de cuestiones económicas, saber que el personal que lo adquiere va a leérselo. Así que, con esta cantidad testimonial de compra, obligo a lo anterior. Una cantidad que, por cierto, va a estar dedicada a realizar la edición en papel para enviar a esos «amiguetes», sortear varios ejemplares y poderme tomar alguna horchata. ¿Amazon? Si puedo evitarlo, va a ser que no. Y sí, es una cuestión ideológica porque prefiero vender muchos menos libros y llegar a menos gente que pasar por determinados lugares donde los libros quedan muy desnaturalizados. Eso sí, esta vez posiblemente cuando tenga los libros en papel, iré a algún lugar a presentarlo si alguien quiere invitarme a ir. Salgo muy barato.

Una paja mental de esas que escribo a veces para explicar algo. Por cierto, lo explico porque me apetece. No por obligación ni ganas de justificarme ante nadie. Y no, no acabo el post diciendo que compréis el libro. Prefiero que lo leáis y si no vais a leerlo os podéis ahorrar el precio de ese almuerzo (o de ese litro de horchata artesanal).

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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