De ficciones educativas y otros cuentos

Me preocupa lo que se está vendiendo desde determinados púlpitos acerca de lo que es conveniente o no hacer en el aula. Me preocupa que, grandes proyectos muy mediatizados, nos impidan asumir que el aula no es tan maravillosa como se puede llegar a pintar. El aula, por desgracia y los que trabajamos en ella lo conocemos bien, es tan cambiante y difícil de gestionar como los alumnos que la componen. No hay dos aulas iguales. No hay dos grupos de alumnos que respondan de la misma manera frente a la misma estrategia. No hay dos alumnos, por desgracia para algunos, que puedan ser tratados de la misma forma.

Fuente: http://www.taringa.net
Fuente: http://www.taringa.net

En las aulas tenemos la realidad. Una realidad incómoda que no interesa vender cara al exterior por miedo a qué dirán. Miedos que, por desgracia, se basan en un fracaso profesional que existe. Sí, todos los docentes hemos y estamos fracasando en muchas ocasiones con nuestros alumnos. Podemos contarlo o encubrirlo como consideremos, bajo la publicación de determinados proyectos guays que se están haciendo en nuestras aulas e, incluso, bajo el paraguas del buenismo tan imperante de hoy en día disculpando la disrupción habitual de muchas ocasiones bajo el pretexto de que son alumnos que viven en un mundo diferente al nuestro. Bueno, yendo más lejos, exportando toda la responsabilidad hacia las familias. Y eso es un error.

Lo importante para el docente debería ser asumir el fracaso. Asumir y mediatizar lo que no ha funcionado. Plantear en voz alta que hay alumnos que, por muchas estrategias y recursos que pongamos, nos van a molestar en el aula. Plantear que hay alumnos que, por culpa de otros, no van a poder evolucionar en su aprendizaje como podrían. Plantear que la heterogeneidad de alumnos también se traslada a los resultados que obtenemos con los mismos. Que no todos los alumnos van a disfrutar en nuestra asignatura. Que no todos van a aprender de la misma manera. Que va a haber algunos que, por mucho que utilicemos la técnica más novedosa, van a fracasar. Y el fracaso es algo que debería venderse para aprender de ello.

Hablamos de la necesidad de reconocer el error de los alumnos y no reconocemos los nuestros como profesionales. El aula no es la ficción que se vende en un libro por parte de uno que ha decidido libremente huir de ella. El aula es la realidad incómoda que se encuentran cada día los cientos de miles de docentes que trabajan, dejándose la piel, en la misma. Algo que no es fabulable. Algo que, en muchas ocasiones, es muy incómodo porque, sabéis qué, es muy incómodo reconocer que cada cierto tiempo hay cosas que no funcionan y alumnos que no trabajan. Podemos esconderlo bajo una alfombra pero la realidad se empeña en ser incómoda y, a veces, la alfombra no da para más.

Me gustaría poner las experiencias que uno publica en los blogs en cuestión. Me gustaría que, más allá de lo bonito que puede ser hablar de emociones, de trato personal e, incluso de emular a aquellas películas cuyos docentes saben triunfar en una clase conflictiva, habláramos de realidades. Realidades más incómodas que los planteamientos buenistas. Realidades que suceden dentro del aula y que muchos no se atreven a reconocer.

Yo en este post reconozco mi fracaso en múltiples ocasiones. He tenido alumnos que no he conseguido que aprendan. He dado clase a grupos complicados en los que, la máxima, era la pura supervivencia. He diseñado estrategias educativas y probado múltiples maneras de hacer cosas que no me han funcionado. A pesar de ello, estoy contento en líneas generales de como me ha tratado el aula. Contento a pesar de los fracasos. Contento a pesar que, en ocasiones, las cosas no han salido, ni por asomo, como estaban planificadas. Algo que debe reconocerse para la mejora profesional porque, si todo es tan bonito como lo plasmamos en los blogs cuando contamos experiencias o eliminamos la parte desagradable de la profesión edulcorando las realidades, estamos haciéndonos un flaco favor y vendiendo que vivimos en una ficción.

Me gustaría que hubiera alguien más que dijera en voz alta que hay cosas que no funcionan en sus aulas, que hay alumnos con problemas a los que no puede darles solución, que, en definitiva, el aula no es tan bonita como nos la pintan desde fuera porque, si no reconocemos lo que no va bien y sólo mediatizamos los éxitos, es imposible cambiar.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

8 Comments
  1. Plenamente de acuerdo contigo Jordi. En mi caso este curso, donde con una metodología muy contrastada, con un grupo de FP de Grado Superior, con excelentes instalaciones y medios, inmejorables contactos profesionales y empresariales,…. y todo aquello que solemos pedir y reclamar. Pero, y a pesar, de que se daban todas las circunstancias favorables, la navegación está siendo un auténtico desastre. La culpa no es de nadie. La responsabilidad de todos.
    Afortunadamente, el feed-back de los demás grupos está siendo excelente. Sino ya me estaba planteando dejar el barco.
    Gran abrazo a todos los compañeros que fracasan de vez en cuando como yo.
    «En la vida a veces se gana y a veces se aprende»
    Juan Antº.

  2. Estoy de acuerdo contigo Jordi, es verdad que no todo funciona, que los elementos nos vienen en contra, que contamos lo que nos sale bien y no mencionamos lo chungo y todo lo demás. Pero yo me agarro a los cambios que voy pudiendo hacer poco a poco en mis clases y en los pequeños éxitos. Y cuando acabo la jornada, a pesar de los 30 años de «aval» profesional que me acompañan me pregunto si lo estoy haciendo bien y si lo que pienso que es un éxito a lo mejor resulta un espejismo. Creo que es en la incomodidad donde está la opción.
    Te felicito por tu manera de ponernos los pies en la tierra con tus reflexiones.

  3. Un peligro de nuestra profesión es suponer que la realidad puede siempre domeñarse, domarse, domesticarse, que los alumnos son siempre pasta blanda. Pues no, los alumnos suelen ser pasta dura. Y los profesores debemos no ser ingenuos, pelear todo lo que podamos para formar a alumnos, pero ser conscientes de que muchas veces fracasaremos nosotros y otras veces fracasarán alumnos

  4. Hola Jordy , yo también eh sido educadora por muchos años y laborado en todos los niveles educativos de la escuela publica, estoy de acuerdo contigo, el docente sobre todo el del nivel medio que tiene muchos cursos a su responsabilidad con alumnos provenientes de hogares desintegrados y de zonas de alto riesgo social, con estatus económico, muy bajo tomando en cuenta todos estos y mas factores, el docente no solo necesita estar bien preparados científicamente y moralmente, tener bajo la manga de la camisa un plan A, B, C, con diferentes metodologías para lograr las competencias propuestas en los alumnos, y es cierto no todos están dispuestos, y muchos no les interesa lo que les enseñamos nos basamos en un currículo muy rigido, si tu no enseñas en base a ello, en la evaluación de los aprendizajes que son pruebas estandarizadas, si evalúan a tus alumnos y no aprueban a ti automáticamente te reprueban.
    Hay estudios que demuestran que es a los alumnos a quien debemos pedirles que quieren aprender, pero con un currículo que tiene 10 asignaturas de áreas curriculares. yo a veces me pregunto si no es mucho contenido y el alumno se agota con tanto que se le bombardea, y si solo debe enseñar lo mas relevante : matemáticas, Español y deportes y actividades artísticas y otra área curricular como sociales y ciencias naturales si los alumnos quieren incursionar en ella donde aprendan de manera natural. Hay otros países que sus currículos son sencillos y no tan complicados como el nuestro.

  5. De acuerdo con tu reflexión. Y hay más profesores que dicen en voz alta lo mismo que tú. Pero, al menos en Andalucía, desde la administración superior se obvia esta realidad y se culpabiliza al docente. Por eso en lo único que no comparto tus palabras es en la entonación del «mea culpa». No. Si me esfuerzo, si soy honesto en mi trabajo no es mi culpa, es del sistema que no da respuesta a ese tipo de alumnado. Gracias por tus palabras.

  6. Es la gran realidad del aula. Para poder aprender y que las cosas funcionen, antes, es necesario, equivocarse mucho. Yo he fracasado muchas veces en el aula, pero me ha servido de aprendizaje, me ha servido para reflexionar para mirarme el ombligo y buscar cambiar. Como bien comentas en el post, una misma sesión puede funcionar de manera diferente en distintos grupos, por las características de los mismos. No existen las varitas mágicas, no existe la técnica perfecta o metodología perfecta, eso es una gran mentira. Existe la adaptación a la realidad del aula. En cuanto a los alumnos, yo tengo una máxima, hay alumnos que se dejan ayudar y hay otros que no. Es así de simple, no hay más. Estoy totalmente de acuerdo contigo. Un abrazo Jordi.

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