De la jornada continua a la paella (o al revés)

paella_14Ayer fue un día de grandes novedades educativas en formato legislativo y/o mediático. En la Comunidad Valenciana se está hablando mucho de la jornada continua en primaria y de la propuesta de un «maestro» (permitidme el entrecomillado) para instaurar el noble arte de hacer paellas dentro del currículum. Mientras, al otro lado de una frontera demasiado difusa para algunos, los catalanes hacen de las suyas con la aprobación del decreto de plantillas. Un decreto que va a permitir escoger por parte del director a docentes para todas las plazas de los centros educativos que no estén ocupadas por funcionarios con plaza definitiva. Bueno, para esos, también existe la posibilidad de, mediante diferentes artimañas, eliminarles dicha plaza si son los últimos en llegar al centro.

La situación no puede ser más absurda. Tres noticias que, curiosamente, nada tienen que ver con la mejora de la calidad educativa (y no lo digo yo, lo dicen los informes de la OCDE que consideran marginales -a efectos de resultados en PISA- la posibilidad de que el director tenga autonomía en la gestión de recursos humanos y que no habla de la jornada continua). Tres noticias que hacen correr ríos de tinta digitales, comentarios desbocados y grandes disertaciones de algunos que se lo llegan a tomar como si en ello estuviera el sanctasanctórum de la solución de todos los problemas de lo que sucede en el aula.

Empecemos por la primera noticia… ¿Es necesaria/imprescindible la existencia de una jornada continua en los centros educativos de primaria? ¿Mejora el rendimiento de los alumnos hacer cinco horas y media por la mañana -con dos patios- que hacer jornada partida y tener que soportar dos de las anteriores por la tarde con la barriga llena -los que pueden permitirse el lujo, cada vez más exclusivo, de tener un plato caliente que llevarse a la boca-? ¿A quién beneficia lo anterior?

Me parece absurdo plantear un debate en función de las horas lectivas y de su distribución cuando el volumen de las mismas impiden cualquier productividad. ¿Es necesario que los alumnos tengan un horario industrial? ¿Alguien con dos dedos de frente cree que uno de los dos tipos de horario planteados va a hacer que los chavales mejoren en competencias? ¿Alguien se cree que más horas implica necesariamente una mejora educativa? ¿Alguien de verdad se plantea el rendimiento escolar como una de las claves para elegir un tipo de jornada u otra?

Nada, nada, que lo de la jornada escolar y el debate sobre la misma sólo impide hablar sobre necesidades reales de los alumnos. Otra maravillosa cortina de humo que a tantos les gusta participar. Eso sí, si hablamos de ello es por la necesidad de docentes y padres. Llámese conciliación familiar, ahorro,  o cualquier otro eufemismo para destacar que lo único que se pretende es favorecer a todos menos a los chavales.

Lo de la paella es más divertido. Como mínimo descubres que hay de todo en la profesión docente. Ya sabemos que para ser docente debemos ser «ligeramente» especiales pero el de la paella se lleva la palma. De la propuesta a ser caricaturizado como ninot en las próximas Fallas va un paso. Y lo del estoque con punta de paella que ha patentado… calatravense. Lo más grave es que algunos se lo están tomando en serio. Hay mucho intelecto en el ámbito educativo con propuestas parecidas. Propuestas que, sin ser tan mediáticas, algún día habríamos de exportar al resto de países de la Unión Europea. Países que nos expulsarían o nos convertirían en el reino del bufón. De bufonadas educativas vamos más que sobrados.

Finalmente, mal cuerpo con la última. Los catalanes que todo lo hacen por decreto e imposición se sacan un decreto para que el director sea amo y señor de sus terruños. Que pueda elegir a dedo, bajo supuestos criterios de objetividad y sin rendir ningún tipo de cuentas a nadie -eso no se aclara en el decreto-, a sus docentes. Docentes deudores de trabajo. Docentes que, como en cualquier empresa privada, van a estar sujetos a los caprichos, más o menos buenistas, del director de turno. Si lo hubiera sabido antes, en lugar de prepararme y aprobar unas oposiciones (que quizás garantizan poco pero, como mínimo te dotan de libertad de acción/ejecución en tu aula y centro educativo) me podría haber dedicado a perseguir a los diferentes directores de los centros educativos. Algo que hace que el sistema de provisión de plazas se privatice. Algo que hace que un servicio público que, lógicamente, habría de ser gestionado por criterios de capacidad y mérito se convierta en algo demasiado subjetivo. Cuatro quedamos que no nos debemos a nadie. Demasiados para la administración educativa. De eso la necesidad de control del profesional. Profesionales que lo están haciendo, a pesar de los recortes y los problemas sociales que se encuentran en las aulas, realmente bien.

Las «noticias» educativas, como siempre, mejor de tres en tres. Así, como mínimo, mantienen distraído al personal de los asuntos realmente importantes y de las estrategias para intentar que no se hunda del todo un barco con demasiados agujeros en su casco.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Que fuerte todo, eso de que el director pueda elegir a todos los profesores. A partir de ahora habrá que caer bastante simpático a diferencia de serlo.

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