De la linealidad del aprendizaje al caos

Se ha demostrado que la linealidad en el aprendizaje no funciona. Que la sucesión de temas que nos marcan las editoriales siguiendo, supuestamente, los currículums oficiales no sirven. Que las estrategias de personalización no están funcionando. Que el control absoluto sobre el aprendizaje basado en pruebas cada vez más estandarizadas no está dando los frutos que se preveían. La estrategia educativa del uso de conceptos de la matemática lineal ha fracasado y, a pesar de ello, seguimos insistiendo en lo mismo. Por tanto, ¿por qué no probamos otra cosa? ¿Por qué no nos dejamos de linealidad y nos acercamos a una teoría del caos educativo más compleja y, por ello, más fácil de asumir por aquellos que nos dedicamos a la docencia? ¿Por qué no basar el aprendizaje en personalizaciones sujetas al azar más absoluto? ¿Por qué no dejarnos de estandarizar y acercarnos a personalizar chavales totalmente heterogéneos?

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Fuente: http://pixabay.com

Creo que una de las mejoras educativas podría pasar por la destrucción de la planificación del modelo actual. Por dejar de temporizar. Por dejar de impartir los contenidos de forma lineal. Por ceder al contexto. Por dejarse llevar por la improvisación y el caos. Porque, al fin y al cabo, el caos es la realidad e intentar que el mismo desaparezca se hace imposible. La entropía aumenta por leyes de la naturaleza y, a su vez, el grado de desorden de la misma. Hay un deterioro general e inexorable hacia el caos por tanto, ¿por qué impedirlo? ¿Por qué no dejarnos llevar por los dictados de la naturaleza e incorporar el caos en nuestro sistema educativo? ¿Por qué no ceñir aprendizajes a necesidades y no a temas sesgados? ¿Por qué no trabajar de forma global, entendiendo el caos, y no de forma individual aislándolo de nuestas actuaciones?

Gestionar el caos es más complicado que hacer lo que estamos haciendo. Comprender que el currículum y las asignaturas tienen poco de natural es el primer paso para plantearse que, más allá de regulaciones, temas o conceptos, hay comprensiones globales. Que los tiempos son caóticos y marcarlos tan taxativamente en un contexto educativo convierte el sistema en una mera factoría. Y no estamos haciendo vehículos. Estamos ayudando a hacer personas. Y las personas van a ser sometidas a una vida azarosa. Una vida en la que nada está compartimentado. Una vida donde no se cierran etapas y más bien se acaban mezclando todas. Que la vida es un caos y si pretendemos que los centros educativos sean lo más parecido a la realidad debemos dejarnos llevar por esa situación. Que en la vida no va a haber madejas que desenreden los hilos de forma ordenada. Que para coser un buen vestido, diferente y único, no hay suficiente con saber dar puntadas al hilo. Conviene saber improvisar. Conviene dejarse llevar. Conviene ser, en definitiva, caótico.

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

12 Comments
  1. Un caos, efectivamente. Intentar que todo se repita cada año en el mismo orden y secuencia, con las mismas actividades y estrategias metodológicas debería ser un fraude de ley. Una tomadura de pelo. Simulacro de produccíón industrial estandarizada que intenta esconder la carencia de recursos educativos y lo que es peor, la absoluta falta de empatía con el alumnado. Dicho lo cual, voy a dedicar las próximas horas a revisar el «cumplimiento de las programaciones» siguiendo las órdenes recibidas.
    Habrá quien piense que hay que justificar todo y dejarnos las espaldas cubiertas (aunque llevan años muy mojadas) por si nos reclaman o nos investigan. Puede ser, no lo dudo.

    1. Es muy complicado (por no decir imposible) intentar temporizar algo en el ámbito educativo. Más aún cuando partimos de alumnos totalmente heterogéneos (lo que implica aulas demasiado variables). No es lógico programar de forma rígida sabiendo que cualquier «suceso» (sí, hay momentos en los que conviene adaptarse por cuestiones sociales) merece ser incorporado a nuestras aulas. Muy complicado y, como bien dices, se trata de un modelo industrial poco válido si queremos, más allá de una linealidad absurda, que nuestros alumnos sean parte de una sociedad cada vez más global y cambiante.

  2. Nos encaminamos hacia un mundo muy poblado en el que muchas de las destrezas de las que se dispone tienen poco valor en el mercado, bien porque no se demandan, bien porque puede hacerlas una máquina o hay muchas personas que pueden llevarlas a cabo. Y la educación que recibimos no solo no intenta solucionar esta tendencia sino que, por el contrario, la refuerza. Es una educación encaminada a la formación de un número reducido de especialistas en las necesidades actuales, no en las futuras, que da como subproducto una amplia mayoría de personas poco cualificadas.

    Personas a las que se ha educado como consumidores pasivos, a través de metodologías en las que se almacena pero no se crea, no se construye a partir de lo que se recibe ni se le aporta ningún valor. Se nos ha acostumbrado a asimilar aquello que nos dan, sin plantearnos que podríamos tomar parte activa en su elaboración.

    No se está formando a personas polivalentes y flexibles, tal vez con menos conocimientos académicos pero con una alta capacidad de aprendizaje. Ni se las está enseñando a resolver situaciones inciertas, de manera autónoma y con recursos limitados. No se está educando a personas que necesiten pocas cosas materiales, pero reciban mucho de las aportaciones intangibles, como el arte, la amistad o el placer de comprender, que son las que nos otorgan nuestra cualidad de humanidad.

    http://www.otraspoliticas.com/politica/prosumo

  3. Hay al menos cuatro enormes disparates esenciales en la nota escrita por este tal Jordi Martí titulada rimbombantemente “De la linealidad del aprendizaje al caos” . Primero mostraré cuáles son esos disparates y por qué lo son, pero al final haré una suposición acerca de las motivaciones para escribir esa absurda nota.
    El primer disparate del Sr. Martí consiste en lanzar afirmaciones gratuitas a diestra y siniestra, sin aportar la más mínima evidencia de lo que dice, sin razonamientos de apoyo y con una presunción de sabiduría que deja atrás a los viejos sofistas griegos y a los más vanidosos postmodernistas y subjetivistas de la actualidad. En el fondo pretende impactar a las mentes ingenuas con supuestas verdades “demostradas” (sólo le faltó decir “científicamente demostradas”, como ocurre en las publicidades de medicinas para rejuvenecer y resucitar cadáveres). Una buena parte de su primer párrafo va dedicada a pontificar solemnemente, entre tantas cosas, que
    Se ha demostrado que…:
    – La linealidad en el aprendizaje no funciona.
    – La sucesión de temas no sirven.
    – Las estrategias de personalización no están funcionando.
    – El control sobre el aprendizaje no está dando los frutos que se preveían.
    – La estrategia educativa del uso de conceptos de la matemática lineal ha fracasado.
    (Léase bien: “Se ha ¡¡DEMOSTRADO!!” ¿Quién lo habrá “demostrado” y dónde estarán esos datos demostrativos y sus respectivas investigaciones?)
    Luego, en los restantes dos párrafos continúa con su misma sarta de afirmaciones gratuitas, decretos papales, sentencias inapelables y sandeces ex cathedra, siempre con la misma tónica de no argumentar, no razonar ni ofrecer pruebas de nada: magister dixit, la vieja falacia.
    Por cierto, hablando de esos párrafos y pasando al segundo de los disparates en cuestión, nótese que le bastaron en total tres tristes párrafos para echar por tierra todo lo que se ha venido haciendo en Educación, más los millones de investigaciones educativas sobre las cuales se ha ido ensayando lo poco que sabemos al respecto y, lo peor de todo, le bastaron esos mismos tres pobres párrafos para predicar, imponer y pavonearse con una nueva teoría educativa basada en el Caos (¡!), es decir, en la misma enseñanza matemática que antes critica).
    Es algo típico de las mentes perezosas: mientras tenemos grandes cantidades de investigadores quemándose las pestañas en estudios sobre curriculum, teorías del aprendizaje, evaluación de planes educativos, planificación educativa y muchos otros temas preocupantes y misteriosos en esa área, este señor resulta tan brillantemente simplificador (¿o groseramente simplón?) que en sólo tres párrafos despacha a la papelera todos esos esfuerzos para entronizar toda una inamovible e indiscutible teoría de la educación basada en la imprevisión, la improvisación, el desorden, la piratería académica y el más puro e irresponsable bochinche (por cierto, parece identificar “caos” con “bochinche”). El disparate se resume en pretender acabar con siglos de trabajo y de estudio para imponer toda una revolución teórica en apenas tres párrafos.
    Pasemos al tercer disparate, que consiste en otra muestra de incapacidad para razonar: ¿de dónde saca este señor que el supuesto fracaso de las teorías educativas se debe exclusivamente a su supuesta “linealidad”? Dice, por ejemplo, “¿Por qué no nos dejamos de linealidad y nos acercamos a una teoría del caos educativo más compleja y, por ello, más fácil de asumir por aquellos que nos dedicamos a la docencia?”
    Y entonces uno se pregunta ¿es tan simple el asunto que automáticamente todo queda reducido al simplismo FRACASO  LINEALIDAD? Supongamos que sea cierto ese fracaso: entonces, ¿es sólo esa “linealidad” la única posible causa o factor o elemento responsable? ¿No podría haber otros factores? ¿Y qué pasó con los análisis del factor socio-económico neoliberal, de las podredumbres de las esferas políticas dirigentes? ¿Qué pasó con la creciente degradación moral, cultural y psicológica de las sociedades occidentales manipuladas por la OTAN, el imperio norteramericano y el gran capital? ¿Qué pasó con las políticas mundiales corruptas y anacrónicas como las de la familia real española, por ejemplo, o, en general, de los países europeos que funcionan como barraganas de USA?
    Y, a propósito, ¿qué es esa supuesta “linealidad” y cómo se define en educación? Lo digo porque la expresión me recuerda la misma estafa del “pensamiento lineal” del charlatán Edgar Morin. Sabemos lo que es la linealidad y la no-linealidad en matemática, física, meteorología, dinámica de sistemas… y en las figuras de científicos que sí acostumbraban a razonar y a argumentar (Poincaré, Lorentz, etc.), pero jamás nadie supo lo que son esos conceptos para el gran publicista Edgar Morin y sus seguidores. Del mismo modo, el Sr. Martí sacraliza el término “linealidad”, pero sin tomarse la más mínima molestia en definirlo, recurriendo al viejo truco de Cantinflas, de que las personas no quieren pasar por ignorantes y, por tanto, no suelen revelar que no entienden algo, quedándose con el impacto de que “ese señor es un sabio”. Claro, el autor olvida que existen mentes inquisitivas que sí suelen increpar a quienes abusan de las palabras altisonantes.
    Finalmente, el cuarto desatino grave del autor de esa nota es, como sugerí antes, la confusión entre un concepto lógico y matemático tan serio, tan riguroso y tan disciplinado como es el concepto de “Caos” con el otro concepto provinciano y prehistórico englobado en las nociones de improvisación, anarquía, imprevisión, bochinche, alboroto, confusión, desbarajuste, pandemónium e ideas de esa clase. En efecto, el autor habla de imponer cosas como las siguientes (citas textuales):
    – “… destrucción de la planificación…” (es decir, actuar sin planificar)
    – “… dejar de temporizar…” (o sea, olvidarse de los logros según el tiempo
    – “…dejarse llevar por la improvisación y el caos…” (caos = improvisación = renunciar a metas y estrategias)
    – “…intentar que el caos desaparezca se hace imposible…” (la lógica del caos justo lo que logra es sistematizar el caos, pero el autor no lo sabe)
    – “…Hay un deterioro general e inexorable hacia el caos…” (caos = deterioro)
    – “…Conviene saber improvisar. Conviene dejarse llevar” (caos = libertinaje; la educación como libertinaje y como pasividad: que todo siga como está o que todos bailen al son que les tocan los medios masivos).
    El autor, definitivamente, no puede estar más alejado de lo que se ha investigado en Teoría del Caos y en Sistemas No-Lineales. Pero ojalá se tratara sólo de ignorancia, porque al fin y al cabo la ignorancia, con abordajes y esfuerzos bien planificados y sistematizados, puede irse reduciendo en los seres humanos. Pero, no: peor que eso es la confusión mental, la mente embochinchada, las ideas desbocadas, el pensamiento descarrilado e incoherente.
    Quiero esgrimir sólo una observación sencilla: dígame el lector si es posible ganar sistemáticamente una serie de juegos de ajedrez, por ejemplo, sin planificar cada una de las jugadas. Dígame si es posible ganar una batalla tomando decisiones inconexas, dependientes del momento e incontroladas. ¿Se puede hacer una autopista, un edificio o ensamblar un automóvil, un avión…, sin una fase previa de planificación? ¿Ud. como paciente se somete a una intervención quirúrgica con unos médicos que no saben de antemano lo que van a hacer? (Ojalá el Sr. Jordi Martí no caiga en manos de médicos de esa clase, que también deben existir, así como existen docentes como él mismo, pero no se lo deseo).
    Es más que obvio, por un lado, que la imprevisión y la improvisación conducen inexorablemente al fracaso. Y, por otro, que la Teoría del Caos y la Lógica del Caos no tienen científicamente absolutamente nada que ver con la imprevisión y la improvisación. Una cosa es que el observador no pueda predecir con exactitud el comportamiento de un hecho y otra cosa totalmente opuesta es que los hechos no tengan una ruta comportamental predefinida, aunque oculta al observador, sobre todo cuando intervienen problemas instrumentales y de abordaje matemático.
    Termino haciendo dos suposiciones acerca de las motivaciones de esta nota que estoy criticando (crítica que, por cierto, la baso en abundantes argumentaciones, a diferencia del autor de dicha nota). Sí estoy dispuesto a conceder que estas suposiciones no tienen evidencias claras de base (por eso las llamo “suposiciones”). Pero el desarrollo y fortalecimiento de las tendencias subjetivistas, relativistas, esotéricas, falsamente irreverentes y cantinfléricas que todos hemos venido observando en las últimas 50 décadas en nuestras academias me llevan a sospechar que la pereza mental y la holgazanería intelectual son un medio mucho más sencillo de ganarse prestigio académico e influencia sobre los ingenuos si al mismo tiempo se les acompaña de lenguajes altisonantes y enrevesados y de posiciones aparentemente rebeldes, hipócritamente revolucionarias y publicitariamente divergentes.
    Al respecto recomiendo al lector unas pocas lecturas de obras clave como “Killing the Time”, de Feyerabend; “Imposturas Intelectuales, de Sokal y Bricmont; “Charlatanes de la Nueva Pedagogía”, de Lucien Morin (el canadiense, no Edgar Morin, el francés) o “Contra las Grandes Palabras” de Popper.

    1. En primer lugar muchísimas gracias por la crítica y, salvo algún adjetivo que se podría haber ahorrado, estoy encantado de poder responder a la misma.

      Las afirmaciones pueden contextualizarse de dos formas: afirmaciones basadas en investigaciones (no olvidemos que cada investigación, por regla general, dispone de otra opuesta) o bien afirmaciones empíricas o basadas en la experiencia. Creo que en el artículo (que no es una investigación, ni se basa en sesudas estadísticas y, ni mucho menos, intenta ser nada más que una exposición en clave personal -como indico la mayoría de veces-) hay una base empírica. Docencia a lo largo de algunos años que permiten observar realidades de aula. Aulas que, en pocos casos están sujetas a nada lineal y que, mantener dicha linealidad artificial sin adaptarse a contextos o personalizaciones, supone una mala praxis. Y, por cierto, hablo de praxis no de intuiciones ni desarrollos filosóficos.

      No hay vanidad ni verdades demostradas. Hay ópticas y, como bien se dice en el artículo, dicha óptica es la que hace referencia a una acción práctica sobre la realidad. Realidad que jamás va a poder ser objetivizada por muchas investigaciones sesudas que se hagan. Realidad cambiante y azarosa. Tan cambiante y azarosa como la heterogeneidad de los alumnos que forman el aula.

      Quizás llevas razón cuando perviertes mi afirmación (errónea) de “se ha demostrado que…”. Quizás hubiera sido mejor decir… “llevo observando a lo largo de estos años…”, “dentro de mi experiencia profesional…”, etc. Sí, lo reconozco, peco de usar un vocabulario no demasiado adecuado pero, al no tratarse de investigación ni ser necesario el reconocimiento de quien escribe (sí, no me considero ni mejor ni peor que cualquiera de mis compañeros que pueden expresar su visión educativa), no he considerado necesario ceñirme a la adecuación “científica” ni “normativizada”.
      Sí, la linealidad en el aprendizaje y su control no funcionan. A mayor control no hay mejores resultados. A más linealidad y actividades repetitivas, el alumno no asume una mayor capacidad de integración social (que sí, que seguro que a lo mejor sabe hacer integrales dobles pero si no somos capaces de enseñarles el “para qué” puede usarlas… quizás hay algo en lo que nos estamos equivocando).

      También me gustaría entrar en cuestiones matemáticas y, en especial, en lo de la planificación ajedrecística que tan buenos ratos me ha hecho pasar en mi juventud. Sí, la diferencia entre un buen ajedrecista y un fuera de serie se basa en la capacidad de improvisación. En hacer algo que el contrario no se espera. En actuar de forma diferente a lo habitual. Tan sólo hace falta ver las últimas partidas de Anand y Carlsen. Y, como no, volver la vista atrás hacia Fisher, Karpov y Kasparov. La improvisación, el caos en los movimientos es lo que hacía variar el triunfo del fracaso. No lo digo yo. Lo dicen los expertos en ajedrez. Los que consideran que un buen ajedrecista es el que es capaz de jugar con el caos y retorcerlo para que se adapte a algo insospechado. Esto es lo que distingue a un maestro de un aprendiz. Y un aprendiz jamás llegará a maestro si no es capaz de gestionar el caos y adaptarse al contexto.

      No impongo teorías. Jamás osaría hacerlo. Tampoco pretendo imponer pensamientos únicos. Tan sólo constato realides siempre subjetivas que dependen de mi óptica de espectador. Y realidades, por cierto, que se demuestran con un análisis serio de la sociedad. ¿Es malo el aprendizaje lineal? Sí , porque no se adapta. Y un aprendizaje sin adaptación (o adaptabilidad) está abocado a mantener lo que no funciona porque, seamos serios… ¿funciona el modelo de aprendizaje que tenemos en nuestras aulas? ¿Funciona el currículum? ¿Han aumentado las capacidades teniendo los alumnos las mismas capacidades que antaño después de décadas de linealidad?

      Creo que el concepto de pereza lo entendemos de forma diferente. Creo que no es más perezoso quien quiere cambiar que quien, a sabiendas que algo no acaba de ir del todo bien, se mantiene en sus posiciones. Creo que si algo no funciona, por muchas décadas o centurias que lleve, debe cambiarse. Y no creo que sea pereza querer hacerlo. Y sí, no es cosa de tres párrafos. Pero ni de tres párrafos ni de cientos de miles de hojas publicadas en revistas de impacto.
      El alumno NO fracasa. Fracasa el sistema (no sólo educativo) que permite lo anterior. Porque queda muy bien achacar todos los males a causas externas y nunca mirarse lo que estamos haciendo mal. Porque yo, a pesar de intentarlo, cometo muchos errores. Quizás uno de ellos sea el haber vertido un texto sin más intención que invitar a reflexionar. Quizás cuando las reflexiones no gustan sea fácil hablar de cantinflalismo. Fácil, demasiado fácil.

      No propongo actuar sin planificar. Propongo dejar abierta la temporización y adaptar cuestiones que puedan incorporarse sobre la marcha. No se renuncia a metas, quizás es que las metas van adquiriéndose sobre la marcha y quizás, sólo quizás, no sean las mismas las de ayer que las de mañana. Libertad que no libertinaje porque, por suerte, no es lo mismo y todo tiene sus matices.

      Finalmente sólo comentar que podría haber puesto gran cantidad de bibliografía (seguro que se me acusa de no hacerlo y si lo hago por haberlo hecho), podría hablar de la teoría fractal, del caos, de colisionadores de materia, de estructuras de pensamiento lógicas, de lógica computacional, de filosofía variada poniendo algún ejemplo pero, complicar las reflexiones, a lo único que lleva es a que la inoperancia se mantenga como statu quo. Porque, como siempre digo, es mucho más fácil escribir que hacer. Y el hacer se hace día a día en el aula. Y no viene con manual de instrucciones 🙂

      1. Sólo unas tres cosas más, Sr. Martí.
        Primero, no sabía que su nota no tenía carácter académico, sino que era una especie de conversación de taberna o de diálogo de bar, que es lo que Ud. ahora parece querer exaltar a la categoría de «exposición en clave personal» y otras altisonancias de ese tipo. Hubiéramos comenzado por allí y nos habríamos ahorrado varios malentendidos. Cualquiera tiene la libertad de predicar sobre educación frente a una jarra de buen vino o después de fumarse un tabaco de marihuana. En esa situación se admiten todas las contradicciones, incoherencias, divagaciones y sentencias dogmáticas que uno desee. El problema está en no aclararlo desde el principio.
        Segundo, si fuera verdad que la educación ha sido un fracaso a causa de su supuesta «linealidad» y considerando que Ud. no pudo haber escapado de tal desgracia y que también fue una de sus tantas víctimas, entonces también Ud. es un resultado de ese fracaso. Y, si Ud. es un profesional fracasado, tal como Ud. mismo confiesa implícitamente, ¿por qué creerle o por qué tomar en serio sus propuestas de una educación basada en imprevisiones e improvisaciones? Conste que este razonamiento no tiene nada de académico ni de científico y, por tanto, también sería válido en una conversación de cantina o en un diálogo de borrachos.
        Tercero, hay algo que me llama poderosamente la atención en su respuesta a lo que le escribí sobre el juego de ajedrez: la reflexión que yo le proponía era que cualquier jugada de ajedrez tenía que ser cuidadosamente anticipada, pensada, prevista y planificada. Pero Ud. confunde al ganador de la jugada con el perdedor, aduciendo que éste queda confundido, ante algo que «no se espera» y confunde la capacidad de sorprender del ganador con la actitud de improvisación y de falta de anticipaciones del perdedor. Esa interpretación, Sr. Martí, justamente me da la razón. El ganador lo es porque supo prever, anticipar y planificar estratégicamente una determinada jugada, una jugada sorpresiva, desconcertante e inesperada, pero no porque sea un improvisador, sino todo lo contrario. El único improvisador allí es el perdedor. ¿Y por qué pierde? Justo por no prever, por no adelantarse a las potencialidades estratégicas del contrincante y por ser más débil e inepto en sus cálculos del juego. No veo la necesidad de irse hasta Kasparov para demostrar esto. Le aseguro que todos esos célebres ajedrecistas lo fueron justamente por tener una mente lógica, estructurada, organizada, rigurosa y de excepcional capacidad predictiva, anticipativa, previsiva y planificativa, que es todo lo contrario a lo que Ud. propone para la educación. Le decía que este ejemplo del ajedrez me llamaba poderosamente la atención porque la interpretación que Ud. hace evidencia que ni Ud. mismo entiende lo que quiso decir con su «exposición en clave personal» (subjetivismo, para decirlo más llanamente) acerca de la linealidad y el caos.
        No le quito más tiempo. Le hice estos dos comentarios porque desde hace años lucho contra el libertinaje intelectual, la pereza mental y las imposturas académicas, especialmente en Educación, que es un terreno tan delicado, desde donde se puede hacer tanto daño a los demás. Del resto, créame, no es nada personal. Más que a Ud., fue un mensaje dirigido a los posibles lectores de su blog, en un intento por prevenirlos.

        1. Creo que queda completamente descalificada su opinión en su respuesta. Le falta educación y, créame se lo digo con todo el afecto del mundo. Siga previniendo e insultando y verá en lo que se quedan sus afirmaciones. Afirmaciones producto de superioridades que debería hacerse mirar porque, al fin y al cabo, su ¿superioridad? intelectual y desprecios tienen mucho de delirio. Es una lástima porque el debate podría haber sido interesante pero, sabe qué… discutir con «dioses» poseedores de «verdad absoluta» es algo que no está a mi alcance. Gracias por no quitarme más tiempo. Un fuerte abrazo desde un fracasado a una lumbrera como usted.

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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
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