De la personalización del aprendizaje al libertinaje educativo

En el ámbito educativo da la sensación que nadie -y me incluyo en ocasiones- aplique el sentido común. Las perspectivas acerca de qué debería ser educar y cómo debería hacerse está llena del uso del todo o nada. Creo que, por desgracia, entre no llegar y pasarse de frenada hay un rango de cosas que podrían hacerse para mejorar la educación que nadie se plantea. Y si alguna vez alguien se lo plantea, lo hace con demasiada ambigüedad y con interés de agradar a unos y otros.

Fuente: http://saludyeducacionintegral.com
Fuente: http://saludyeducacionintegral.com

Estos últimos tiempos se ha retomado -o al menos ha vuelto a surgir con bastante fuerza- la idea de que los alumnos deben gestionar su propio aprendizaje desde una libertad sin límites. Sí, hoy en día hay docentes que están postulando por un modelo de escuela donde la máxima es que el alumno sea feliz. Algo que, según ellos, sólo puede conseguirse mediante la eliminación de cualquier imposición y adaptando el rol del docente a la satisfacción de los deseos de nuestros alumnos. Una evolución de las escuelas anarquistas, o también denominadas libertarias, cuya máxima era la desaparición de la autoridad y la decisión democrática entre los alumnos acerca de qué querían hacer en cada momento.

A ver, pongamos un poco de sentido común al asunto… ¿alguien con dos dedos de frente o que está trabajando en el aula cree que sus alumnos van a aprender algo si nadie les da una orientación acerca de lo que deben hacer? ¿Alguien cree que la figura del docente es tan irrelevante como postulan algunos? ¿Alguien se cree que, entre coger un balón e irse al patio, alternando lo anterior con horas de visualización de vídeos de Youtube o juegos en red o aprender nociones de biología, historia o matemáticas van a optar por lo segundo? Que todos hemos sido en algún momento de nuestra vida alumnos y, si queremos acordarnos -porque, a veces, sólo nos acordamos de lo que nos interesa- sabemos que nuestro máximo objetivo era que sonara el timbre para salir al patio o largarnos a casa.

Al rememorar los años de alumno (aún lo sigo siendo, aunque haya cambiado la forma en que realizo el aprendizaje -más autónomo y menos dirigido-) descubro que todo el esfuerzo pasado valió la pena. Lo difícil siempre era algo que costaba superar pero, una vez superado, era algo que te impulsaba para seguir con paso más firme hacia delante. Si hacemos desaparecer las montañas con el fin de convertir todo el aprendizaje en mesetas… ¿qué nos queda? ¿qué emoción reciben los alumnos del mismo? ¿qué impacto futuro tendrá esa falta de esfuerzo en superar y quemar etapas?

Yo creo en la personalización del aprendizaje. En unos mínimos que deben ser aprendidos con mayor o menor esfuerzo. En la necesidad de que exista una cierta obligación para «forzar» a que el alumno adquiera un aprendizaje que le permita integrarse en la sociedad en las mejores condiciones posibles. En ofrecer a cada alumno la posibilidad de un futuro digno en el que pueda encontrar su lugar. Y eso, por suerte o desgracia, requiere un esfuerzo por parte de ellos. Aprender no es divertido. Aprender a ir en bici, en ocasiones, genera mucho desasosiego. La inmediatez del premio siempre es contraproducente. Por ello deberíamos tener claro que, más allá que podamos o no incorporar técnicas más o menos atractivas para el alumno -que no significa que lo sean porque están vistas como atractivas desde la óptica del docente- vamos a generar un cierto desasosiego en nuestros alumnos al obligarles a hacer un esfuerzo. No hay nada fácil si quiere hacerse bien. Incluso jugar, en ocasiones, puede convertirse en algo aburrido cuando no se consigue pasar de nivel.

No se trata de hacer angosta la senda del aprendizaje pero, entre dar un vehículo cargado de gasolina que nunca se agote y andar a pie por un terreno arenoso a pleno sol creo que hay un término medio. Un término medio que pocos encuentran y casi nadie postula. Un término medio donde quizás deberíamos habernos parado antes de escorarnos hacia sectores que no nos corresponden de consecuencias impredecibles. Un término medio muy relacionado con la personalización del aprendizaje, con un esfuerzo alejado tanto de la letra con sangre entra como del laissez faire y, cómo no, con el sentido común que, en ocasiones, es el menos común de los sentidos.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

11 Comments
  1. Hola Jordi:
    Me siento directamente interpelado por tu interesante artículo. Me encantaría extenderme pero solo voy a poder aportar algún comentario esquemático:
    Promuevo con intensidad la «Educación Personalizada», que no es «enseñanza individualizada». Claro que es necesario tener en cuenta la singularidad de cada alumno pero sin descuidar algo tan esencial como es la dimensión social de la persona.
    Llevo muchos, muchos años en la enseñanza y afirmo rotundamente que el alumno que no se siente exigido no es feliz; ahora exigir, y exigir en serio, no tiene por qué hacerse de forma desagradable.
    Estoy tan convencido de la necesidad del sentido común que acabo de terminar un libro titulado «Filosofía del sentido común»; espero que pronto pueda estar en las librerías.
    En @JFCalderero a tu disposición. Saludos muy cordiales,
    JF

    1. Muchas gracias por el aporte y sí, coincido contigo en que exigir no tiene porque hacerse de forma desagradable y hay mecanismos para hacerlo. El problema es, por desgracia que, en educación, al igual que sucede en muchos otros ámbitos, da la sensación que se vaya de un extremo a otro sin pensar que antes de llegar a los mismos a una distancia intermedia que podría ser aprovechable.

      Un saludo de vuelta.

  2. Jordi, te recomiendo leer «The book of learning and forgetting», de Frank Smith. Y también la primera lección de las Lecciones de Metafísica de Ortega y Gasset. Las dos hablan sobre el aprendizaje. Creo que tienes algunos conceptos erróneos. Dices que aprender no es divertido. Yo diría más bien que aprender es excitante y dificultoso en ocasiones, pero muy reconfortante. En ningún caso lo asociaría con una carrera de obstáculos que te han impuesto. Eso no es aprender, eso es obedecer a alguien que te ha impuesto algo que ni te va ni te viene.

    Saludos.

    1. Hace mucho que dejé de leer literatura educativa por diferentes motivos. Sigo reiterándome en que aprender no es siempre divertido y, aún menos en las etapas iniciales de cualquier aprendizaje. La excitación que genera un aprendizaje jamás se da en el momento de adquisición del mismo y sí que puede darse en etapas posteriores. No es una carrera de obstáculos, es la necesidad de ir conformando la personalidad. Y, mucha de la misma va a tener que ver con lo que se ha aprendido -y no estoy hablando sólo de cuestiones académicas-.

      A un alumno de etapas obligatorias, y reitero lo de obligatorias, no le va el aprendizaje. Lo que le va es la consecución rápida de objetivos cortoplacistas. Algo que, por desgracia, degenera en una visión totalmente sesgada de lo que consiste aprender, el disfrute que debe permitirse sí o sí en el aula que promulgan algunos o, quizás, la visión más radical del aprendizaje «de galeras». Estoy seguro que aprender la mayoría de cosas, necesarias para conformar un ser completo, independiente y con espíritu crítico, no gusta pero, lo que es inevitable es la necesidad de ofrecer ese aprendizaje (para el cual, seguro, hay varías vías).

      Un saludo y gracias por comentar.

  3. Otro artículo monumento al sentido común.

    La tesis constructivista de que el alumno elabora su propio aprendizaje (a partir de sus intereses) y de que el profesor es un intermediario muy difícilmente puede desembocar en un aprendizaje coherente y organizado. ¿Puede estar en el interés del alumno comprender, por ejemplo, alto tan importante como la evolución de los sistemas políticos y organizaciones sociales a lo largo de la historia, desde (por poner un inicio) la República romana, Imperio Romano, Monarquías bárbaras, Feudalismo, Monarquía moderna, etc. hasta nuestros días? ¿Es posible que los alumnos, sin la guía del profesor, que temporaliza, selecciona materiales, ordena la búsqueda, decide estrategias pedagógicas, pueda por sí mismo tener una idea ni siquiera aproximada de la evolución histórica, por mucho internet que tenga al alcance de un solo clic?

    Desde postulados hedonistas, que inciden sólo en el placer inmediato y no en el placer que se experimenta cuando un alumno es consciente de que comprende algo (placer que puede ser sublime), ¿podrá un alumno algún día, al cabo de los años, llegar a dominar las complejas y abstractas operaciones de la física?

    Nuestra asociación no desprecia las innovaciones pedagógicas. Lo que reclama a todos los pedagogos y profesores que defienden lo que llaman innovaciones pedagógicas es que se comprometan con sus innovaciones, que se comprometan a que con ellas los alumnos, cada uno en la medida de sus posibilidades, obtengan resultados, que les permitan en el futuro asentarse en la sociedad como filósofos, historiadores, ingenieros, médicos, mecánicos, fontaneros, etc.; porque se necesitan reflexiones para comprender el mundo, explicaciones de los hechos históricos, construcción de puentes, creación de enfermedades, arreglo de coches averiados, etc.

    1. El aprendizaje no siempre es divertido y quizás, a corto plazo, ninguno de nuestros alumnos -especialmente en etapas obligatorias- sepa ver determinadas aplicaciones futuras de lo que están aprendiendo. Puede plantearse el aprendizaje desde tantas metodologías como docentes hay en las aulas pero, lo que no debemos olvidar es qué pretendemos con el mismo. Algo que, por desgracia -y ojalá no fuera así- no siempre es tan divertido como se plantea en ocasiones.

      Y sí, el profesional debe guiar el aprendizaje. Para algo su función. Una función imprescindible que, bien gestionada, consigue que sus alumnos en un futuro sean personas completas. No es fácil. Quizás nos equivoquemos pero, al final, lo único que importa es lo que pase en unos años cuando esos aprendices dejen de serlo por obligación y recuerden que todo lo que se esforzaron (en sentido no peyorativo del término) valió la pena.

      Gracias por comentar y aportar vuestro puento de vista.

  4. Jordi, dos apreciaciones:

    1.- partes del alumno y no de la persona y del aula y no de la vida. Evidentemente si un chaval escolarizado le abres la puerta y le dices «haz lo que quieras» vamos «divertirnos» mucho. De la misma forma que si cojo un animal del zoo y lo dejo en la sabana no dura dos telediarios. Esto no es un motivo para meter en un zoo o granja a todos los animales, verdad? No hablemos de personas.

    2.- Hablas de punto medio o equidistancia. Querido Jordi, cuando encuentres tu propio punto de equilibrio entre la coacción y la libertad, me lo cuentas. Pero recuerda, que será tu propio equilibrio, no extrapolable.

    Un abrazo.

    1. Espero que me permitas quedarme sólo con el segundo punto. No creo en equidistancias o ambigüedades (perniciosas por ser, tristemente, la herramienta que muchos usan para no mojarse o identificarse con algo). Creo en, como bien dices, que los puntos de equilibrio son muy complejos y no extrapolables. Algo muy complejo que, por desgracia, siempre va a ser subjetivo. Una subjetividad que va a guiar nuestra labor docente que, la mayoría vamos a intentar hacer lo mejor que sabemos/podemos. Y eso tampoco va a garantizar que lo hagamos bien.

      Uno muy fuerte de vuelta.

      1. el primer punto es crucial. Reitero. Si aceptamos el paradigma del aula y la escolarización obligatoria, no salimos de ahí jamá,, porque todo chirría fuera de este esquema. Como las piezas exclusivas de una máquina que solo sirven para una máquina. Si sales, cambia todo

  5. Querido Jordi:
    Creo que el grave problema que enfrentamos es el de no entender que se puede enseñar de múltiples formas que no se reducen a transmitir información o decirle a los alumnos paso a paso qué hacer. La confusión entre aprendizaje y enseñanza me parece la raíz de gran parte de los problemas que se nos presentan. El docente sigue teniendo un rol fundamental, pero hay que configurar una nueva forma de enseñar.
    Respecto de no tener límites, no creo que sea positivo para ningún niño o joven este escenario. Lo que sí creo es que la creatividad en el aprendizaje no debería ser limitada, lo cual no implica poner límites en otros terrenos.
    En lo personal sigo pensando que aprender debe ser un desafío, debe presentarse como algo que interpele a los alumnos. Y si eso les produce placer y los motiva, mejor aún. Pero de ningún modo esto implicaría no enseñar guiando, orientando, observando e interviniendo didácticamente.
    Por otro parte, creo que si llevamos al análisis hacia el campo de los enfoques anarquistas nos estaría faltando analizar las implicancias ideológicas de esa posición. El anarquismo cuestionaba a la escuela como institución en sí misma y en todo caso sería un buen marco para analizar posiciones como «la educación en casa».
    Por eso me parece que apunta más a un problema didáctico que a un enfoque sociopolítico de la educación.
    Un abrazo!
    Débora

    1. Hay una frase que resume perfectamente el concepto que planteas en el comentario… «cada maestrillo tiene su librillo». Y, cada librillo tiene su propia concepción de lo que supone enseñanza y aprendizaje. Algunos tienen un libro que los confunde, otros afirman que algo va detrás de lo otro y, finalmente hay aquellos que van variando el uso que dan a los conceptos según las necesidades que tengan de usar uno u otro. No, no debe haber límites en el aprendizaje, sí modelos de enseñanza que permitan que la labor docente se personalice para que cada uno de los alumnos reciba lo que necesita -lo que pueda necesitar en un futuro ya es algo más complejo y poco serio-.

      No tengo claro si es tema ideológico -que lo es y siempre que hablamos sobre temas educativos estamos haciendo o tomando parte en una posición concreta-. Lo que sí que tengo claro es que, al menos en la etapa obligatoria, la guía del docente en el aprendizaje se hace imprescindible. Y no, por desgracia aprender no es siempre divertido ni aún cuando aprendes algo que, supuestamente, te gusta.

      Uno muy grande de vuelta.

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