De libros de texto y otras zarandajas

Voy a empezar este artículo dicendo algo que, a veces me da la sensación, que algunos no tienen nada claro… la normativa vigente en nuestro país no obliga a usar libros de texto. Por tanto ya empiezo desterrando todos aquellos discursos acerca de las bondades o las maldades de los mismos. No es el libro de texto ni el material usado, es el usuario que decide qué usar y de qué manera. Una vez dicho lo anterior también voy a decir que, personalmente, no me siento cómodo usando libros de texto y que, considero su uso indiscriminado, como algo que desprofesionaliza la función docente. Lo mismo, por cierto, que podría aplicarse a cualquier material disponible de forma altruista por la red. Sí, usar un libro de texto es tan desprofesionalizador como usar un vídeo en bruto o, simplemente, decir a nuestros alumnos que miren el vídeo realizado por tal o cual profesional sin ningún trabajo de adaptación detrás. Eso sí, en este caso sale mucho más barato. Muchísimo más.

Fuente: ShutterStock

Los libros de texto están realizados por docentes de aula. Sí, compañeros nuestros y con una visión educativa propia. La misma visión educativa que pueden tener mis materiales (sí, yo elaboro mis propios materiales y, también uso materiales de terceros que adapto para que encajen con mi aula). O sea que es tan malo que alguien use esos libros de texto como que use mis materiales que difundo abiertamente por la red. Es decir que es falso que los libros de texto sean mejores o peores que materiales que estén disponibles libremente. ¡Ojo! Muchos de los materiales que, supuestamente se difunden altruistamente por la red están copiados de libros de texto sin respetar el copyright de los mismos. Así que vayamos con mucho cuidado con ciertas cosas. Ya, todos sabemos que muchos docentes usan vídeos «pirata» en sus clases (especialmente los que basan su asignatura divina en los mismos) pero no es legal hacerlo. Ni ético, por cierto.

Yo no me siento cómodo con materiales de terceros en bruto. Y tengo, por desgracia, otra mala característica: me leo el currículum y lo llevo a mi campo. Claro que sí. El currículum aprieta pero no constriñe y es suficientemente amplio para, con cualquier tipo de material, poder vadearlo para llevarlo a nuestro campo. Tengo muy claro que hay niveles en los que manda la obtención de la calificación para no coartar el futuro de nuestros alumnos haciendo «cosas raras» pero, en toda la etapa obligatoria alguien es capaz de decirme que no puede improvisar, usar los materiales que le den la real gana y usar la metodología que le funcione. Coño, es que al final algunos dicen tantas trolas cuando hablan de su faceta profesional que, si uno no supiera qué sucede en las aulas, acabaría creyéndomelo.

Ya si eso nos ponemos a dejar de debatir acerca de los materiales, de la necesidad de reconvertir a los docentes en editores de vídeos o creadores de material multimedia y nos centramos, de una puñetera vez en dar clase. Y dar clase es usar lo que mejor nos vaya en cada momento para que nuestros alumnos aprendan. Si alguien quiere debatir sobre cuestiones transversales que lo haga. Lamentablemente, en educación, hablar de chuminadas campestres mola y tiene muchísimos likes y retuits 🙁

No hace muchos años hubiera quemado todos los libros de texto. Ahora me he dado cuenta que "quemar libros" nunca es la solución porque, el libro, nunca ha tenido la culpa.
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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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