De saberes inútiles y otros cuentos de economía educativa

En educación tenemos un grave problema. Bueno, nosotros no. El problema lo tienen los que quieren analizar la educación bajo parámetros matemáticos exactos o, simplemente, como rentabilidad a corto, medio o largo plazo. No es posible. Por mucho que se hable acerca de la influencia positiva en el PIB futuro de la mejora educativa de la sociedad son datos que no son ciertos. Tampoco lo son aquellos que relacionan cultura con economía porque, al final, algo mantiene un determinado precio en función del consumidor bajo las leyes de un mercado cada vez más salvaje. Lo sé. Para mí un cuadro de Van Gogh no vale lo que dicen. Bueno, tampoco lo vale alguno de esos objetos intaxonomizables que se encuentran en ARCO pero reconozco que, el mercado hace de las suyas y le dan un maravilloso precio a todo lo que uno pueda desear.

Fuente: http://hyperbole.es

Se extingue el fenicio. Por lo visto la única profesora de fenicio se nos jubila (fuente). Alumnos con cuentagotas, no asumible por nadie que solo plantee la educación como una ristra de números y, por desgracia, criticado hasta la saciedad por aquellos que no ven ningún sentido a nada que no tenga una utilidad inmediata. Esto de educar para trabajos que no existen ya empieza a ser algo demasiado perverso y extendido para poderlo tomar a broma. No es extraño encontrar quienes se alegran con la desaparición de esa profesora. De remarcar lo inútil que supone ese saber. Bueno, lo mismo para aquellos que, en etapas previas a la Universidad, se alegrarían de cargarse el latín, el griego y la filosofía. El saber molesta. Más aún el saber cuyo resultado empresarial no es cuantificable. Bienvenidos a la visión económica de la educación. Diseñada por economistas, avalada por políticos y potenciada por determinadas multinacionales. Hay saberes que sobran. Lo mejor potenciar las carreras más técnicas. Las más adecuadas para el trabajo manual. Aquellas que no permiten que uno piense y solo se dedique a obedecer porque «pensar mata». Bueno, les mata el chiringuito a más de uno.

Resulta curioso observar la deriva educativa y el discurso, comprado por muchos, acerca de la reducción de saberes. La necesidad imperiosa de saber mucho menos porque todo está en Google. El por qué enseñar a sumar si existen las calculadoras. Lo de saber cordilleras, países o ríos existiendo internet. Resultados por encima de procesos. Aprendizajes dirigidos cargándose toda posibilidad de salirse de una línea económica muy marcada.

Ofertar fenicio sale caro. También lo sale proponer cultura clásica, música o educación física. No son valores medibles. No hay PISA que los mida. No hay modelo productivo basado en economía que pueda aceptar a esas asignaturas en su discurso. Reduccionismo al valor empresarial.

Y el día en que la economía se salga con la suya, haya silenciado a todas aquellas voces (cada vez menos) que cuestionen los beneficios económicos de algo y su relación con la utilidad educativa de determinados saberes, el silencio ominoso caerá sobre todos nosotros. Eso sí, mientras ese momento llega, seguid algunos haciendo la ola a los que se alegran de la eliminación del fenicio, la desaparición del latín de las aulas y, de la necesidad imperiosa de la tecnología y el inglés como únicos saberes deseables.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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