De Twitter al bar

Debo reconocer que estoy «enganchado» a Twitter. Más que enganchado propiamente dicho, ha sido un antes y un después en mi vida profesional después que, en 2009, me creara un perfil en dicha red. Reconozco que no es una red cómoda para iniciarse y que, quizás en muchas ocasiones, la echarías al garete pero, sinceramente, debo reconocer que salvo determinadas críticas que puedo hacerle por ser muy diferente de como era en sus primeros tiempos, sigue habiendo, si uno sabe buscar, cosas realmente interesantes.

Fuente: Twitter

He tenido mucha suerte en Twitter. No hablo del número de seguidores ni de seguidos. Hablo de la gente con la que he podido acabar tomado un café, cerveza u horchata (amén de conversaciones que se han alargado a una buena mesa) y que, sinceramente, me han sorprendido en su práctica totalidad favorablemente. No hablo de aquellas conversaciones de hola y adiós. Hablo de otro tipo de conversaciones y creo que se me entiende bastante bien. Simplemente recordar que las Jornadas Eduhorchata han salido gracias a personas que conocí en Twitter y que, ahora, considero amigos míos. Ya, algunos te salen rana pero, por suerte, a ésas nunca, salvo una excepción de alguien muy desagradable y trepa, he compartido más allá de los minutos de cortesía.

De Twitter al bar es algo necesario. Twitter sin bar pierde parte de su esencia. Debates y discusiones más o menos acaloradas en la red, en ocasiones se convierten en unas cervezas muy enriquecedoras. Me paso a la cerveza para la literatura porque, aunque no pueda beber ni gota de alcohol, es lo que más se tercia en nuestros lugares de charla. Y creo que me entendéis.

Estos últimos tiempos he tenido oportunidad de conocer a muchísima gente fuera de los unos y ceros. Gente encantadora. Gente con la que puede discreparse, sin renunciar a la manera de comprender la educación. Gente con la que apetece compartir charlas incluso cuando los ojos empiezan a cerrarse o, simplemente, sabes que tienes muchas cuestiones personales pendientes. Son muchas las conversaciones que se merecen una segunda… y tercera parte.

No me gusta reunirme y hacer las típicas fotos para decir «he desvirtualizado a tal o a cual». No me gusta alardear de conocer a alguien por tener un determinado trabajo, ocupar un determinado cargo político o, simplemente, ser alguien con el que planteo debates acalorados que después matizo en persona. Sinceramente, eso es lo que menos me interesa del asunto. Además, debo reconocer que me gustan los bares en pequeño comité. Soy muy celoso de ellos. No de los bares, sí de las personas.

Mientras siga habiendo estas posibilidades de bar, seguirá existiendo, mientras no lo cierren, para mí Twitter. No me caso nunca con ninguna herramienta pero, al final, es más la persona y el aprendizaje personal que otra cuestión. Al final, como he dicho en más de una ocasión, sin internet podríamos vivir pero sin comunicación se hace algo imposible.

Un abrazo a todos aquellos con los que he compartido bares y, esperando, compartir los siguientes con otros grandes compañeros de la red. Y no, no habrá foto. No tengo cuenta en Instagram 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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