Debates educativos que deberían abrirse… y cerrarse

Llevamos décadas en nuestro país abriendo unos determinados debates acerca de cuestiones educativas y otras que, supuestamente lo son, sin cerrar ninguno de ellos. Hay temas que, nadie sabe el porqué, siguen siendo objeto de debate año tras años y nadie se plantea, en ningún momento cerrar. Sí, estoy convencido de que hay debates educativos que no se cierran por intereses muy alejados de las necesidades de nuestros alumnos. Sí, hay debates en los que interesa seguir creando confusión y usarlos como arma política arrojadiza, antes que proceder a finiquitarlos de una vez.

Fuente: http://www.uco.es
Fuente: http://www.uco.es

Yo tengo claro qué debates deberíamos abrir completamente de una vez. Tengo claro en qué berenjenales deberían meterse los políticos que gestionan esto de la educación y, con el imprescindible aporte de los profesionales que se hallan en las aulas, los investigadores que, quizás no están tan influidos por la subjetividad de los anteriores que suplen esa falta de conocimiento directo con otro punto de vista y, cómo no, con el resto de la comunidad educativa, empezar a hablar de cosas que, quizás sin ser tan mediáticas como los deberes o la necesidad de dar robótica, usar una determinada herramienta tecnológica o centrarse en cuestiones lingüísticas, sí que pueden ser importantes para cambiar los resultados educativos. Resultados que no son tan malos como algunos quieren vendernos pero tampoco están para tirar cohetes. Sí, reconozcámoslo, se puede mejorar. Y mucho en algunos aspectos.

Deberíamos empezar a hablar y a diseñar un concepto que podríamos denominar «educación global». Un concepto que englobe a partes iguales la necesidad de aprendizajes básicos estandarizados y una mayor autonomía en los centros educativos-que no permiso para hacer lo que se está haciendo ahora en algunos centros a diferentes niveles-. No, no es malo abrir un debate que diferencie currículum básico diseñado con un poco de sentido y dotarlo de una mayor flexibilidad para que, más allá de cosas básicas, se permita atender a la diversidad en función de cada necesidad. No, no es lo mismo un centro con alumnado más heterogéneo que un centro donde, por cuestiones de contexto, hace que se haya homogeneizado (y no, no me refiero sólo a los centros educativos de alumnado de nivel socioeconómico medio-alto). No, no debe trabajarse de la misma manera en dos centros ubicados en lugares diferentes. Ni es positivo ni productivo. Ya no es sólo a nivel curricular, es a nivel de recursos asignables. Y sí, en este caso convendría abrir de una vez el melón ya pasado de las ratios. Hablemos de ellas, abramos el debate desapasionado sobre las mismas. Después ya veremos cómo lo hacemos para financiarlo porque, en los servicios públicos el coste debería ser secundario y complementado con una buena gestión de los mismos.

Ya tenemos abierto el debate acerca de currículum y ratios. ¿Nos atrevemos a abrir el debate desapasionado acerca del uso mayoritario de libros de texto? Sí, los libros de texto suponen un gran coste a las arcas públicas y a los bolsillos de muchos padres. ¿Por qué no empezar a diseñar estrategias, al margen de las presiones editoriales o de mirar por intereses económicos de terceros, para reducir los costes que supone cada vuelta al cole para las familias? ¿Por qué no un banco de libros digitales de calidad? ¿Por qué no un repositorio de materiales, estructurados por nivel y realizados por profesionales contratados para dicha labor -eximiéndoles de unas horas lectivas o incrementándoles su salario- para que realicen dichos materiales? ¿Por qué no interesa, al igual que abrimos este debate, abrir otro acerca de los materiales necesarios para dar clase en condiciones? Bueno, ya puestos, ¿por qué no nos planteamos cuál es la función del sistema educativo y, una vez puesta en blanco sobre negro, empezar a actuar sobre las cosas que deberíamos cambiar?

Currículum, ratios y recursos educativos. Ya… también toca abrir el debate sobre la evaluación del sistema. De todo, no de una parte. De cómo evaluamos, de qué evaluamos y de la manera para obtener los mejores resultados. Bueno, también tocaría entender y diseñar estrategias para hacerlo. ¿Quién evalúa? ¿Qué mecanismos tiene para hacerlo? No estoy hablando sólo de la necesidad de establecer procedimientos que, seguro puede haberlos al margen de propuestas más o menos interesadas, para evaluar a los docentes y ayudar a aquellos docentes que tengan dificultades en su trabajo. También estoy hablando de cambiar completamente el sentido de las calificaciones para realizar una evaluación más consistente. Y realizar una evaluación más consistente no es llenar más informes. Una evaluación más consistente es realizarla de forma global al margen de trimestres y apostando por, más allá del modelo inmovilista de promocionar a los alumnos curso tras curso, tener una flexibilidad para trabajar por módulos que no dependan de la edad de nuestros alumnos. ¿Por qué no abrir el debate acerca de empezar a desterrar timbres, horarios fijos de materias reconvertidas en chiringuitos y de la necesidad de poner a un chaval en un determinado curso porque tiene un determinado número de años? Eso sí, sin prisas pero sin pausa. Cambiando el modelo desde abajo. No vayamos ahora, por el hecho de las prisas -que ya llevamos décadas así y podemos ir a un ritmo pausado- hacer un auténtico estropicio.

El modelo de formación del profesorado también debe analizarse. Ya está bien de destinar recursos a cursos de formación que sirven para poco menos que cubrir el expediente. No, no tiene sentido que con el dinero de todos se subvencionen cursos de cata de vinos para formación docente y que, en cambio, un docente en activo deba pagarse los másters y postgrados que le permitan mejorar su praxis. La Universidad debería formar al profesorado de etapas obligatorias. No, no vale decir que las Universidades son un problema. Lo son porque queremos que lo sean pero pueden ser un lugar fantástico para mejorar la formación docente. Y sí, lo mismo para las Universidades que para etapas obligatorias. Toca trabajar en su mejora.

Y una vez abierto y cerrado todo lo anterior ya nos podemos poner con los deberes, la concertada, la religión, el bilingüismo o el sexado de pollos. Temas importantes de abrir y cerrar pero que no corren tanta prisa como los anteriores aunque, mediáticamente quede muy bien hablar de ellos.

Por cierto, seguro que me he dejado muchas cosas en el tintero pero creo que ya veis por dónde este artículo 🙂

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. Como el espacio de un comentario no permite reflexionar sobre cada una de las propuestas del artículo, nos limitamos a resaltar una de ellas, que nos parece fundamental (sin que esto suponga menospreciar el resto): un banco digital de materiales didácticos realizados por expertos, de fácil acceso para los docentes y gratuito. Por supuesto que cada profesor podrá seguir,en la medida de sus posibilidades, habilidades y conocimientos técnicos, elaborando material, pero disponer de un banco de recursos digitales, que admita renovación y reposición, es beneficioso para todos, evitaría dispersión innecesaria y facilitaría la decisión de ir prescindiendo de los casi obligatorios libros de texto actuales. De paso, también tendría otra consecuencia positiva: obligar a las editoriales a editar no libros digitales, mera copia de los libros impresos, sino recursos didácticos propios, atractivos y rigurosos.

    Para cerrar el comentario, apoyamos la tesis inicial del artículo: «…la necesidad de aprendizajes básicos estandarizados y una mayor autonomía en los centros educativos-que no permiso para hacer lo que se está haciendo ahora en algunos centros a diferentes niveles…»

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