¿Debe garantizar la Universidad la empleabilidad de sus estudiantes?

Estos últimos días la Conselleria de Educación valenciana está alertando acerca de la sobreoferta que existe en algunas titulaciones universitarias en la Comunidad. Sobreoferta que afecta fundamentalmente a carreras como la de Magisterio, entre otras que, por su configuración y necesidades -bajo coste de recursos para su implantación-, hacen muy fácil que las Universidades las oferten de forma masiva. Que titulen cada año el 10% de los maestros en activo de la Comunidad hace que, en diez años, suponiendo que no aumente dicha oferta o se reduzca la demanda, pueda salir al mercado laboral el mismo número de maestros que ya trabajan. Y, en diez años no se va a jubilar toda la plantilla, lo que hace que las expectativas laborales de esos universitarios (cuya única salida laboral relacionada con lo que estudian es la docencia) sea prácticamente nula.

Fuente: ShutterStock
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¿Debe la administración reducir la oferta de esas titulaciones que no cuadran en el actual mercado laboral? ¿Debe la educación estar al servicio de las empresas? O, quizás, debemos plantearnos que, cada uno pueda elegir qué estudiar según sus intereses y, una vez titulados, sean ellos quienes cambien las condiciones del mercado para que se adapte a la formación de la que dispone nuestra sociedad? Un tema harto complicado y de difícil solución porque, por desgracia, parece que sea más fácil reconvertir al estudiante universitario en otro perfil laboral distinto al de su opción académica que aprovechar sus capacidades y conocimientos para mejorar globalmente la sociedad. Y eso, a mi entender, es un error.

Yo no creo que deba regularse la sobreoferta de titulaciones universitarias. Otra cuestión es regular que dicha oferta sea gestionada correctamente porque, a día de hoy, todos sabemos que hay determinadas Universidades -y no sólo privadas- que regalan sus títulos universitarios para mantener la clientela o, en el caso de las privadas, aumentar su negocio. Eso sí que es un problema. Lo de que cada año se titulen en algunas especialidades más alumnos de los que demanda el mercado laboral es una decisión personal de cada uno de los estudiantes. Y, es por ello que jamás deberíamos cuestionar lo anterior. Sí, soy de los que creen que el número de plazas ofertadas deberían adaptarse a las necesidades del alumno ofreciendo, eso sí, una calidad en los estudios que pueda validarse posteriormente. No sería tan ilógico defender que, una vez finalizada la carrera, pudiera exigirse algún tipo de validación que sólo fuera expedida por las Universidades públicas. Una validación que debería controlarse externamente. Y sí, en este caso no estamos hablando de una aberración como la que se va a imponer en las etapas obligatorias. No, la Universidad no es lo mismo. La Universidad ni tiene los mismos perfiles de alumnos que los centros de educación obligatoria ni, a nivel de relación profesor-alumno se establecen los mismos parámetros que en un colegio o instituto.

Garantizar la empleabilidad de alguien para sesgar sus opciones intelectuales o potenciar determinadas habilidades es un error. Lo importante es tener una buena oferta de plazas, dejar a la menor gente posible fuera de la opción de elegir su futuro perfil profesional y, como no, certificar que lo que se está haciendo en la Universidad garantice que, una vez titule uno, haya asumido las mejores competencias posibles dentro del perfil que haya elegido porque, al final, lo importante va a ser la competencia que otorguen esos títulos que, en ocasiones se expiden demasiado alegremente. Y ese es el gran problema.

Que hay un exceso de titulaciones. Ningún problema mientras haya demanda de nuestros alumnos porque, quién dice que uno debe estudiar lo que le marca la sociedad y no puede cambiar la sociedad desde su opción académica.

Por cierto, el redactado anterior y las reflexiones que he intentado expresar en el mismo podría aplicarse también a los estudios de Formación Profesional.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Respetar la decisión sobre qué estudiar, perfecto. ¿Respetar al contribuyente que te permite decidir? Para otro día.
    Si el que pide a la «sociedad» que le permita estudiar,, después no está dispuesta a servir a la sociedad en aquello que precisa, sino servirse de la misma en función de sus apetencias., mal vamos.
    -Estudio lo que me apetece oye,, y me lo pagas tu, por supuesto. Si sale mal, es tu dinero. Si sale bien, lo que gane para mi.

  2. Pero no todos los que estudian en una universidad pública, acaban trabajando como funcionarios, muchos trabajan en empresas privadas. Entonces no tiene sentido esta afirmación. Yo creo que la universidad está para impartir una serie de materias que dan una especialidad. Si lo que queremos es que la universidad forme a los trabajadores de empresas privadas, para eso que sean las mismas empresas las que den esa formación.

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