¿Debemos seguir suministrando tecnología a nuestras aulas?

Más allá de las filias y fobias que uno sienta acerca del uso de las TIC conviene, a día de hoy, hacerse una pregunta de difícil respuesta. Una pregunta muy relacionada con la expansión de la tecnología pero, aún más, con las necesidades reales que tienen nuestros alumnos.

Hablar hace una década de la digitalización de las aulas era quizás pertinente. A día de hoy son pocos los centros educativos que, más allá de disponer de equipos más o menos obsoletos, no puedan usarlos para las necesidades que se generan en su día a día. Más aún con el boom de tabletas y smartphones ya que, es muy raro el caso en el que uno de nuestros alumnos (hablo de la ESO) no tenga acceso a los mismos. Sí, hay crisis pero, por lo visto, el gasto en tecnología se mantiene e, incluso, en algunos aparatos electrónicos que podíamos usar en nuestras aulas, crece.

Creo que ha llegado el momento de plantearse poner freno a la adquisición de dispositivos tecnológicos por parte de la administración educativa. A centrarnos en las necesidades, observar lo que ha ido sucediendo con los dispositivos que se han entregado y, como no, a solucionar de una vez el gran problema de conectividad que presentan muchos recintos educativos. Sí, a día de hoy no es cuestión de aparatos, es cuestión de información. Y la información se halla en la red. Por tanto, el acceso a la misma debería ser considerado como prioritario.

Volvamos pues a la pregunta inicial, ¿debemos seguir suministrando tecnología a nuestras aulas? ¿Debemos seguir apostando por dispositivos o, quizás, debemos hacer un análisis de lo que han comportado los mismos y hacer propuestas de mejora con lo que tenemos? Ya sé que no todos los centros han sido igual de bien dotados pero, una correcta gestión de lo que hay (a nivel de distribución y uso) se hace imprescindible antes de optar por seguir adquiriendo maquinaria más nueva o sustituir los ordenadores por tabletas.

Los docentes sabemos que, por desgracia y salvo excepciones, no son competentes digitalmente. Ello implica que un equipo de última generación va a servir de poco menos que tener un Ferrari para llevarlo a velocidades de seiscientos. Quizás sería bueno exprimir a nuestro seiscientos. Quizás, antes de adquirir lo más nuevo, con cambio automático, mil y una aplicaciones para gestionar la electrónica del vehículo y otro tipo de extras, deberíamos reacondicionar nuestro viejo automóvil. Porque, si uno no sabe conducir o no quiere conducir, por mucho vehículo que le pongamos, más allá de adquirir polvo en el garaje y enseñarlo a los amigos, de poco va a servirle.

Fuente: http://auto.ndtv.com
Fuente: http://auto.ndtv.com

Mi postura está clara. Primero exprimir lo que se tiene y solucionar la gestión de lo anterior antes de nuevos desembarcos. Porque los cacharros que hay en la mayoría de nuestros centros, para el uso que se les da habitualmente, son más que suficientes.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. Hace décadas que se dejó de pensar en la integración de las TIC en las aulas como un el abastecimiento de tecnología a la escuela e incluso con la aplicación pedagógica de las mismas. Hoy en día, y desde hace tiempo ya, se tienen en cuenta muchos más aspectos como el desarrollo profesional docente en competencia digital, en equidad, en políticas y estrategias de los centros educativos en el uso de las TIC, apoyo técnico y pedagógico, etc… los programas que cubren la disponibilidad de las TIC suelen (o deben) llevar detrás acciones en otras direcciones, está claro que si ya hay TIC, no hacen falta más, pero la tecnología es sólo una pequeña parte de lo que significa la integración TIC. Lo que publicas en esta entrada es demasiado obvio.

    1. No es cierto Raúl. Al menos en España se sigue suministrando, año tras año, materiales tecnológicos a las aulas. Es cuestión de mirar las plataformas de contratación pública del Ministerio y las diferentes Consejerías para ver que el goteo de «cacharros» sigue siendo la prioridad de la administración. Incluso los centros de gestión privada están optando por vender el uso de tabletas (o de cualquier artilugio que los haga «diferentes»). Sí, lamentablemente, seguimos en un sistema educativo cuya informatización sigue pasando por el desembarco de material tecnológico más allá de la capacitación docente o de lo que se puede hacer con ella. Por tanto, para alguien no debe ser tan obvio 🙂

      Un saludo y muchas gracias por el comentario.

  2. En esta ocasión no estoy de acuerdo contigo Jordi. ¿Realmente ha habido una dotación de tecnología suficiente en los centros? ¿Es una dotación suficiente disponer de 19 ultraportátiles para un centro de 300 alumnos y alumnas?
    Realmente, creo que lo que ha faltado ha sido un compromiso presupuestario real, un incumplimiento por parte de la escuela pública (por falta de dotación o por falta de competencia docente) de iniciar al alumnado de Primaria en el uso e integración de las tecnologías en el desarrollo curricular.
    De Secundaria no hablo, ya sabemos todos que se trata de una galaxia muy lejana y diferente.
    Un saludo y buenas vacaciones

    1. Sí Pepe, a nivel económico, el gasto en tecnología para los centros educativos ha sido brutal. Otra cosa es la gestión o el reparto que se ha hecho de la misma (porque, todos sabemos que hay Comunidades donde la tecnología nunca ha llegado ni a olerse -estoy hablando, entre otras, de Madrid y Valencia). No creo que estemos en una galaxia tan lejana porque, al menos en mi caso, me siento bastante cerca de Primaria (y eso que soy de Secundaria).

      Un saludo, gracias por el comentario y felices vacaciones.

  3. En mi centro, desde hace seis años que nos acogimos al programa 1×1 de la Generalitat, nuestros alumnos de la ESO disponen de portátiles en todos los cursos. Al principio había una subvención de 150
    € por aparato. Luego dejó de haberlas y la familia tiene que pagarlo todo, unos 300€ al que hay que añadir el seguro y demás. Ya tenemos generaciones en segundo de bachillerato que se han forjado en el uso continuado de portátiles. En bachillerato se dejan de utilizar y los chavales respiran aliviados. Curiosamente no guardan un buen recuerdo de ellos y es significativo que en bachillerato no se utilicen porque hay que dedicarse a aprender en serio. No he observado ningún tipo de mejora en ningún sentido y sí de lo contrario en los muchachos que han tenido portátiles durante toda la ESO. Han aumentado la dispersión y la distracción pero no el nivel ni la predisposición positiva hacia la tecnología. Hay que decir que los profesores no los utilizan demasiado. Yo sí. Utilizo Edmodo con frecuencia con ellos y hago una valoración no demasiado negativa. Para mí es una herramienta útil pero que no marca una línea de separación entre una educación eficaz y otra que no lo es. La dirección del centro vive amarrada al mantra de los portátiles en clase, tal vez porque es una solución más barata que la compra de libros de texto. Muchos chicos se terminaron aburriendo de ellos en cuanto dejan de ser novedad. Y no es extraño que ellos opinen que mejor aprenderían con libros. En bachillerato desde luego no los recuerdan, como digo, muy bien.

    Este año nuestro centro ha sido elegido para las pruebas PISA lo que es una considerable catástrofe para nosotros porque de ninguna manera podemos obtener buenos resultados dada la realidad social de nuestros alumnos. Y los resultados quedarán ahí fijados y no serán presumiblemente buenos. Todas las pruebas serán hechas con ordenador. La dirección del centro opina que es mejor que nosotros hayamos optado por los portátiles para encarar esta prueba.

    Los profesores procuran utilizar poco estos instrumentos. Y un buen sector está contra ellos y prefieren el libro de texto.

    No ha sido la revolución que se esperaba.

    1. No ha sido la revolución que se esperaba porque, en su momento (sí, yo también sufro este maravilloso plan 1×1 pero, por suerte, soy de Tecnología), se prefirió optar por el desembarco masivo de tecnología antes de plantearse para qué se iba a utilizar. Al final un pastel de incalculables consecuencias (ninguna positiva para los alumnos) que, mediáticamente se ha vendido muy bien (los padres encantados y si tuvieran iPads, aún más) pero no ha arrojado ningún tipo de mejora en los aprendizajes.

      Nada, otra medida estrella que ha acabado, como muchas, estrellada frente a su mala planificación y gestión.

      Por cierto, que os sea leve lo de PISA. Un buen día para hacer desaparecer los ordenadores del centro y, como no, cargaros la miserable conexión con la que nos ha dotado nuestra maravillosa Generalitat.

      Un saludo y gracias de nuevo por pasarte por aquí.

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