Decisiones educativas de carajillo

Ayer mismo el gobierno de Madrid nos ilustró con una nueva decisión educativa producto de carajillo amén de otras sustancias que tan en boga están en los numerosos despropósitos que, por cierto, aplauden parte de los padres e incluso algunos docentes. Decisión, como la mayoría que se toman, precipitada y de nula planificación acerca de la introducción de una materia de «programación» en la ESO. Decisión tomada ayer para empezar a impartir esa asignatura la semana que viene. Esto no es precipitación, es lo siguiente.

Fuente: Paco Carabal en http://www.elbuencarajillo.blogspot.com
Fuente: Paco Carabal en http://www.elbuencarajillo.blogspot.com

Estamos acostumbrados a las decisiones educativas de carajillo. A aquellas decisiones que, o bien se toman por impulsos puntuales después de comidas pantagruélicas aderezadas con su dosis de productos más o menos prohibidos, o bien se deciden para satisfacer a alguna empresa o grupo de presión de esos que gestionan cada vez más la marcha de nuestro país. Decisiones que son tan fáciles de tomar como de abandonar. Borracheras de la inmediatez en algo mucho más serio que la decisión de hacerse una foto y conseguir un titular mediático.

No me gustan las decisiones improvisadas. Por mucho que pueda defender el objetivo que se pretende siempre se falla en el cómo y en el por qué. Hay mucho político cargado de alcohol a la hora de decretar. Políticos bastante más cargados que los famosos camioneros de mala fama. Políticos a los que debería hacerse controles de alcoholemia periódicos. Políticos de nula incapacidad que se dedican a proponer mediante el asesoramiento de su peluquero o masajista cuestiones sin ningún tipo de planificación previa.

Cuando el sentido común es el menor de los sentidos nos encontramos con decisiones como la anterior. O con las presiones de determinadas organizaciones para establecer programas de voluntarismo obligatorio en Cataluña. O con las decisiones de empezar el curso a principios de septiembre con las aulas a más de 30 grados saturando las visitas a urgencias de alumnos con síntomas de golpes de calor. O con cambios de currículum que para lo único que sirven es para favorecer a determinados entramados financieros (lo del negocio de septiembre de algunas empresas no tiene nombre).

Lo más grave de lo anterior es que hay parte de la comunidad educativa que lo justifica. Si no fuera así no se explicaría la gran cantidad de comentarios en diferentes medios posicionándose a favor de esas decisiones carajilleras, lo mediático de las mismas, los supuestos beneficios que venden de ese humo que tantos compran en cantidades ingentes. Que sí, que hay mucho personal en nuestro país falto de capacidad de análisis. Que sí, que los resultados electorales dicen mucho de nuestra sociedad (y no lo digo sólo por los partidos que se van repartiendo el gobierno).

Plantearse experimentos a golpe de espirituoso no traen nada bueno para los alumnos. Probar «a ver qué tal» sin haber diseñado una planificación previa ni el pilotaje adecuado es algo que lleva a despropósitos que repercuten en esas pruebas que los mismos que van de copas venden como su mantra. Es triste reconocerlo, pero esto de la educación es un juego de trileros: unos proponen, otros disponen y, finalmente, algunos ejecutan lo que les parece. Juego fantástico para pequeño comité pero que cuando deja de ser juego y afecta al futuro de cientos de miles de chavales es algo que deja de ser juego para ser otra cosa.

El carajillo en nuestro país es tradición pero creo que, mantener al margen del mismo las decisiones educativas que se toman, sería un primer paso para enmendar la papeleta de un sistema educativo que tiene mucho de lo primero y bien poco de lo segundo.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

10 Comments
  1. Totalmente de acuerdo Jordi, y te has dejado la prensa que a modo de publirreportaje y a 24 de un debate político cuenta las bondades de la nota de prensa que les ha llegado del gobierno.
    Por ponerte un pero (y una vez corregido el octubre) tienes un nula incapacidad que suena a doble negación. Su incapacidad no es nula, es bien plena.
    Un abrazo y suerte

    1. Mi organismo se ha habituado al segundo café y las vacaciones han embotado mi relación con los días y meses del año. Corrección ya realizada por un tuit de alguien al que le agradezco esa apreciación.

      Quizás tienes razón en lo de la doble negación pero, como siempre sucede, voy a dar un punto opcional al político que gestiona la educación y una doble gradación: incapacidad plena u objetivos bien marcados en su agenda política (en la de su partido y en la de los apoyos de determinadas empresas -intereses empresariales-).

      Un fuerte abrazo de vuelta.

  2. En mi país Colombia, los licenciados en informática, están quedando renegados, pues el gobierno implementa el énfasis en la tecnología y contrata Ingenieros para que impartan la programación y robótica, esto con el fín de preparar para el mercado laboral técnico a los estudiantes. Nos toca por obligación implementar lenguajes de programación y olvidarnos de usar moodle, edmodo, gymp, you tube de una manera educativa y reflexiva. Ahora solo hay que enseñar a ser productivos en un 100% y la parte de convivencia la veremos después quien sabe.

    1. Plantearse la necesidad de convertir en un sistema productivo al sistema educativo (más aún cuando no sabemos qué necesidades van a existir en un futuro -por la variabilidad de los contextos económicos-) es algo que no tiene ningún tipo de sentido. Hacer hincapié en cuestiones laborales, potenciando las mismas frente a una educación más global, es algo que puede llegar a hacer mucho daño (no sólo a los alumnos, la sociedad también lo va a notar).

      Decisiones que poco tienen que ver con necesidades reales de los alumnos y muy marcadas por ese carajillo que finaliza la mayoría de reuniones de esos con poder de firma (y, como no, de dejarlo hecho todo unos zorros).

      Un saludo y gracias por el comentario.

  3. ¿Un poco precipitado, no?
    Veo la necesidad de impartir asignaturas de programación para despertar el interés en ingenierias. ¿Pero cómo se puede decidir un día impartir una asignatura y empezar las clases la semana que viene? ¿O lo he entendido mal? ¿A caso estos señores no saben lo que significa preparar clases para ofrecer una buena educación?
    Buena intención, pero mal desarrollada. Nota 0. A repetir jeje

    1. ¿Qué van a saber, si creen que los profesores tenemos dos meses de vacaciones!

      Por otra parte, las ingenierías no se basan en la programación, sino en la ejecución de las ciencias. Lo que se necesita es que las mismas asignaturas (científicas) que ya existen dispongan de horas suficientes (y eso se puede hacer incrementando la dotación o simplificando el currículum) para buscar las aplicaciones prácticas de las teorías que explican: si estudiamos la gravedad y las fuerzas, diseñemos un edificio que no caiga.

      La única ingeniería beneficiada por unas clases de programación sería la ingeniería informática!

      1. Creo que no se está cuestionando la necesidad -o no- de establecer una materia de programación. Se cuestionan los plazos, el cómo y los intereses que puede haber detrás de esa precipitación. Decisiones que, al amparo de algunos, se toman como siempre al margen de los alumnos y de los docentes (y ya no digamos de los padres).

        No creo que plantear una decisión política -que no educativa- como beneficio para determinados nichos sea positivo. Las decisiones precipitadas nunca favorecen a nadie por mucho que para algunos, a nivel laboral por incrementos horarios de su asignatura, sea «pan para hoy». Al final es lo que dicen… «hambre para mañana».

  4. El programa «Aprenentatge i servei» (‘aprendizaje y servicio’) que propone la Generalitat de Catalunya y que tu cualificas de «voluntarismo obligatorio» ha sido sometido a pilotaje en toda Europa y en mi instituto (somos públicos y de barrio marginal: ninguna virguería) con un éxito apabullante: sin ser obligatorio, el jefe de estudios tenía lista de espera para entrar en él.

    No se hizo propaganda de él en el instituto (aunque se avisó a los padres a principio de curso de que sus hijos podían ser propuestos al programa por una comisión de profesores): eran los alumnos los que practicaban el boca-oreja. Todos lo valoraron muy positivamente y algunos se han apuntado de voluntarios (por su cuenta, fuera del horario escolar) al centro donde les mandábamos.

    El artículo está bien, pero me parece que mezcla un poco churras con merinas, y la crítica preventiva a los que defendemos este plan me parece poco abierta al debate.

    1. No es cierto. El programa no ha sido sometido a pilotaje en toda Europa (te recomiendo que revises los planes educativos de los diferentes países y analices dónde se puso en marcha esa propuesta) y, curiosamente, el fiasco de la misma en la mayoría de ellos ya que se ha desterrado la idea de la mayoría de esos países pioneros.

      No discuto el éxito que pueda o no tener un programa. El problema, como siempre sucede, es que nos dedicamos a implementar determinado tipo de proyectos sin ningún plan preestablecido y, en este caso, sin tener en cuenta quién se halla detrás del mismo (¿conoces las organizaciones -curiosamente ninguna pública y mucho entramado eclesiástico poseedor de centros concertados- que hay detrás de ese proyecto?). Es fácil encontrar esa lista. Muy fácil.

      No mezclo churras con merinas. Las decisiones educativas se toman por «impulso» (¿a golpe de carajillo?) y, en este caso, creo que crear un voluntarismo obligatorio cuando la mili (y su alternativa -la objeción de conciencia que era una especie de voluntarismo sustitutivo-) fue objeto de muchas manifestaciones en su contra (que llevo incluso a personas a la cárcel) debería hacernos reflexionar. No tiene sentido que una sociedad madura en la que se ha alejado la necesidad de «servir al Estado gratis» sea reconvertida ahora en un paradigma del voluntarismo por obligación. Qué no, que a ser voluntario no puede obligarse. Y lo que pretende la Generalitat es hacerlo obligatorio. Pero creo que éste no era el objeto del artículo.

      Por cierto, todos los artículos están abiertos a críticas ya que si no el sentido de escribir quedaría reducido a la nada 🙂

      Un saludo y gracias por el comentario.

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