(De)formación en nuevas tecnologías

Tiene cuajo que, en pleno siglo XXI, la mayoría de administraciones educativas sigan sin entender qué significa formar al profesorado en «nuevas» tecnologías. No digamos nuevas que, por desgracia, de nuevas tienen poco aunque su uso pueda ser menos difundido de lo que la lógica marca. Digamos, directamente, competencia digital del profesorado. Algo en lo que no se sabe entrar y que, cientos de millones de euros (antaño pesetas) después, sigue sin ser un objetivo a medio plazo de nadie. Y cuando me refiero a nadie creo que nos entendemos perfectamente.

Fuente: ShutterStock

Hoy en mi centro hemos estado hablando acerca de la necesidad de tener proyectos o, como mínimo un asesoramiento por parte de alguien, para que nos indique cómo trabajar por grupos específicos (léase PMARes o similares). No hay oferta formativa. Tampoco hay ningún tipo de lugar donde acudir a por recursos, foros de contacto entre docentes o, simplemente y más allá de algún blog perpetrado con algún docente con mucha ilusión, algo diferente del vacío más absoluto. No se entiende. No se entiende que con la tecnología que tenemos no haya nada útil para el profesorado que se ofrezca por parte de la administración educativa. Coño, hacer un buen repositorio de recursos no es tan difícil. Menos aún con la cantidad de materiales que ya hay en la red. Si dedicamos a unas personas a «curar» (buscar, seleccionar e incorporar esos contenidos a una plataforma digital) nos podríamos ahorrar toda la pasta subvencionando libros de texto. Ya si eso podríamos hacer algo que realmente funcione porque seguro que alguno se acuerda del ¿extinto? Agrega y del Procomún que sólo usan los que hacen cursos del INTEF para publicar una foto de un truño de una vaca sin ningún tipo de pudor, revisión previa del recurso o utilidad para quienes quieren hallar materiales para su clase. Una pasta tirada en otro invento que, con toda la buena intención, se ha convertido en un fiasco porque, ni se ha querido hacer bien, ni se ha contado con los profesionales adecuados ni, en caso de contar con ellos, se les ha hecho caso. Ya son muchas las buenas ideas que, por una mala ejecución, se han ido al garete.

Y ahora seguimos en las mismas. En mi Comunidad van a destinar 21 millones de euros en formación del profesorado para que aprendan a usar herramientas. Hay qué joderse. Se destinan dinero a formar en Moodle, la plataforma educativa Mestreacasa, cuyo uso se da por parte, aproximadamente, del 0% de docentes de aula y, sumando a lo anterior, las ganas de seguir apostando por la creación de recursos con eXeLearning. Qué no. Qué ya tenemos miles, cientos de miles, recursos en la red de todas las asignaturas habidas y por haber. Recursos de buena calidad que sólo hace falta taxonomizar. Enseñar una herramienta no tiene sentido pero, por lo visto, algunos no se han enterado en qué consiste la competencia digital y la correcta formación para conseguirla.

Sigo pensando que no hay ganas de fomentar la formación del profesorado en competencia digital porque, si después de casi veinte años del boom, seguimos cometiendo los mismos errores de siempre sólo puede deberse a dos motivos: o se es incapaz de hacer las cosas bien o, simplemente, el objetivo nunca es formar al profesorado.

Por cierto, un pequeño detalle… en mi centro sólo puedo hacer actividades con LibreOffice o trabajando offline porque, curiosamente, cada cierto tiempo se desconecta mi maravillosa conexión de 1 MB. Lo sé. Sé que vende mucho mejor decir la cantidad de dinero que se destina a formación en «nuevas» tecnologías que mejorar las infraestructuras, preguntar a los docentes qué necesitan y establecer, después de haber pisado muchos centros, convocado a muchos docentes y, gestionando ese trabajo desde los centros de formación del profesorado, unas líneas buenas de formación del profesorado. Yo, como siempre digo, si alguna vez alguien quiere mi opinión… no tengo ningún problema en darla.

Llegaremos al siglo XXII y seguiremos hablando de las «nuevas» tecnologías, del profesorado sin competencia digital y con los mismos problemas que ahora. Eso sí, mientras, iremos dejando muchas miguitas de billetes de quinientos euros (en caso que aún existan) a lo largo del camino.

Para aquellos que me vuelvan a sacar la muletilla que "nunca propongo nada" les recomiendo que se den un paseo por los artículos del blog en los que hablo sobre propuestas de formación, líneas básicas para la mejora de la competencia digital docente, etc.

 

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En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. ¿Y quién forma a los formadores de los formadores del profesorado? Hace 20 años que nos hacemos la misma pregunta, y al final, resulta que no hay respuesta alguna. Mentiras y patrañas ligadas a la nueva tecnología de turno.
    Las «nuevas tecnologías» y su funcionamiento, son la muestra de lo que ocurre en general en la educación.
    Las TIC son una herramienta que pueden potenciar la respuesta didáctica, pero que en absoluto pueden aportar nada sin la conectividad emocional del profesorado. Las PDI, por ejemplo, son un instrumento que pueden dar mucho juego, pero que «se pelea» con las formas al uso con que se dan las distintas materias. En matemáticas, junto a todo lo demás se une la manifiesta ignorancia del profesorado de cualquier aspecto que no esté debidamente enumerado en un punto del currículum.

    1. La verdad es que la formación del profesorado, la integración de la misma en su posterior práctica docente y otros muchos temas transversales, es algo controvertido. Veremos si en algún momento la situación actual, de cursos infumables, mal diseño y mala gestión, desaparece…

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