Dejad que me desahogue

En contadas ocasiones uso este blog para desahogarme pero hoy va a ser una de ellas. Estoy cansado, por no decir otra cosa, de todos aquellos que se dedican a etiquetar mi supuesta profesionalidad en función de lo que escribo o, simplemente, según la coincidencia con sus ideas o mi crítica acerca de determinados modelos metodológicos que están usando sus «amigos». No creo que nadie sea capaz de poder juzgar la profesionalidad de un docente sin conocer el trabajo que hace en su aula. En cambio, sí que es lícito juzgar -o juzgarme- por mis palabras o por mis planteamientos educativos en los que, como he dicho siempre, puedo estar más o menos acertado. Va, dejémonos de eufemismos y reconozcamos que puedo equivocarme en alguno de ellos.

Fuente: ShutterStock

Cuando alguien responde a lo que digo ya lo hacen bajo el supuesto de… «como éste tipo es un pirómano vamos a pasarnos por el forro todo lo que diga», «me gusta lo que dice, por tanto debe tener razón», «coincide/discrepa con mis ideas» o, simplemente, «pues mira este cab(…) ahora se ha dedicado a atacar a mis colegas que son lo más maravilloso del mundo mundial». Pues va a ser que lo único que demuestra lo anterior es que algunos entienden mal el concepto de reflexión. Y no, no lo digo en sentido peyorativo exclusivamente. Lo digo por la incapacidad de gestionar o personalizar determinadas cosas que se dicen. Sí, por desgracia, esto de la docencia se ha convertido en el mercadillo barriobajero de las conversaciones de salón, en grupos de amiguetes y en ideologías inmovilistas. Algo que tiene muy poco que ver con el trabajo real que uno está haciendo con sus chavales.

Vuelvo a repetirlo… que cuestione determinados modelos educativos, uso de determinadas herramientas o, incluso, la conversión de la docencia en algo más digno del cabaré que de un aula, no significa que cuestione la profesionalidad en el aula de quienes lo usan o defienden. No, a lo mejor son excelentes profesionales que, según mi opinión, tienen ideas equivocadas pero que, al final, hacen muy buen trabajo con sus chavales. Algo que no puede inferirse en su globalidad por lo que dicen en las charlas que dan o, simplemente, en su reconversión de su figura docente en una simple figura mediática. Que los números de seguidores, lectores de un blog o charlas que se dan no son directamente asociables a la calidad como docente. Y ya va siendo hora que lo entendamos. Hace tiempo que lo entendí pero algunos siguen, erre que erre, relacionando profesionalidad con lo anterior.

Acostumbro a leerme muchas propuestas que se están haciendo sobre determinadas cuestiones para innovar en el aula. Ya, no me gusta el concepto de innovar pero creo que deja bastante claro a qué estoy refiriéndome. Veo, con atención, algunos vídeos de algunos que, a veces, da la sensación que tienen la solución a todos los problemas. A veces aciertan en algunas cosas o, al menos, puedo usar algunas de las cosas que se plantean en mi aula pero veo que otras, siempre subjetivamente, son totalmente contraproducentes. Lo repito por si no queda claro… «subjetivamente». Que ya está bien que algunos se piensen que alguien lleva razón por hablar más o, por estar al margen de determinados grupillos que se están guisando y comiendo toda esa parte de pastel que les dejan las multinacionales. No es así. Nunca ha sido así.

Invito a mi aula a quien tenga ganas de ver cómo trabajo. Llevo los últimos años invitando a todo el mundo aunque nadie haya aceptado nunca mi invitación. No tengo nada que esconder. No hay trampa ni cartón en lo que hago. Mis compañeros pueden decirlo. Jamás he intentado aparentar lo que no soy ni obtener ningún beneficio de hacer las cosas de una manera u otra. Supongo que tampoco lo he necesitado porque, por suerte al igual que a la mayoría de personas que nos dedicamos a esto, me gusta mi trabajo. Y no, jamás me ha importado reconocerlo.

NUNCA he pretendido tener más razón que nadie ni, mucho menos, pretender ser lo que no soy. Eso sí, me empiezan a hartar un poco aquellos que, por el simple hecho de decir lo que digo desde hace tiempo, ya se ven con la necesidad de poner adjetivos antes de leerse unas míseras líneas o, en el caso de las redes sociales, buscar el origen y el desarrollo de determinadas conversaciones.

Si uno sólo tiene ganas de escuchar lo que le interesa y plantearse la educación desde una perspectiva única le recomiendo, muy amablemente, que lo haga y deje de leer o interactuar con quienes, antes de hablar, ya les tiene marcados como «indeseables». Su salud se lo va a agradecer. No sea que esa úlcera se abra de nuevo y la bilis fluya salvajemente por el organismo. En caso contrario, aquí estoy para equivocarme, debatir y, volver a invitaros a saber qué hago realmente en mi aula o en mi centro. Bueno, para eso dejadme pedirle permiso a mi director que no creo que ponga ninguna pega 🙂

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Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

7 Comments
  1. Pensamos que estamos en un país maduro y con amplitud de miras democráticas, pero somos verdaderos bebés en inteligencia emocional, creencias limitantes, empatía, asertividad…. El tiempo da y quita razones poniendo a cada uno en su sitio, si o si. Yo creo que, como todos, aciertas en muchas cosas y en otras quizás por tu «mapa mental» inconformista nato» , no aciertas tanto desde mi perspectiva siempre, claro está. Pero esto es lo bueno y por eso te leo si sólo leyera a quienes piensan en todo como yo nunca vería cosa nuevas o ángulos diferentes de interpretar. Un cordial saludo y sigue con ánimos que este mundo educativo necesita gladiadores combativos e inconformistas que en el fondo son la verdadera luz.

    1. Nunca he pretendido acertar en todo (y quizás, ni en parte). Tan sólo me permito reflexionar en voz alta sobre lo que observo que está pasando, el modelo mercantilista en el que se está convirtiendo la educación y la excesiva aparición de «estrellas mediáticas» que, quizás, están vendiendo lo que no es, manipulando la visión real y el objetivo de la educación. Y, por desgracia, no tiene visos de cambiar a corto plazo. Esperemos que sí pero tengo pocas esperanzas de ello.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

  2. Tristemente la educación se está convirtiendo en un mercadillo. Los gurús que venden humo abundan. No es lo mismo predicar que dar trigo…
    Mucho ánimo con tu Blog.

  3. No creo que sea una cuestión de hacer caso a quienes juzgan negativamente sólo por pensar de forma diferente. Yo pienso de forma diferente que tú y no me siento mal porque opines que mi forma de trabajar con mis alumnos es lo peor. De hecho me ha permitido cuestionarme muchas veces si lo que hago está bien, está mal o, sobre todo, como podría mejorar.

    Si es verdad que a veces me ha sentado mal la forma de decirlo pero también entiendo que es algo inherente a ser punta de lanza de la crítica a un sistema, metodología o forma de trabajar. También creo que la gente se la agarra con papel de fumar y no admite una palabra más alta de tono y una vez escuchada o leída se rasga las vestiduras y todo desemboca en un proceso la mar de divertido de «pues ahora no respiro».

    En fin que creo que hay que aguantar críticas, reflexionar cuando te critican no vaya a ser que tengan al menos algo de razón y sobre todo respetar a las personas que hacen las cosas de forma diferente. Tampoco yo llevo muchos años en esto de la educación, pero en 15 años me ha permitido el entender que hay muchas formas de hacer las cosas bien.

    Por cierto, me encantaría ir a tu clase y así luego poder contárselo a mis alumnos

    1. No hago caso a quienes me cuestionan negativamente. Ni, tan sólo, tengo ningún tipo de animadversión a aquellos que deben hacerlo para mantener determinadas prebendas taxonomizando entre «amigos», «indiferentes» y «enemigos». Creo que, como bien dices, el objetivo del blog es cuestionarme cosas, aprender y equivocarme. Algo que no hago en pocas ocasiones.

      Se intenta no herir pero hay personas que se toman como ataque personal el cuestionar lo que venden o lo que hacen. Da la sensación que, a día de hoy, uno deba ser políticamente correcto cuando lo necesario es cuestionarse las cosas. Y más en un contexto como el educativo que, nos guste más o menos, va a tener afección directa sobre la vida futura de muchas personas y, por ende, hacia la sociedad en su conjunto.

      Jamás debe dejarse de reflexionar, respetar a las personas -aunque no sus ideas- y, por suerte, ver la realidad cada lunes al margen de lo que algunos digan o hagan.

      En referencia a mi clase… puedes venir cuando quieras. Mis puertas siempre han estado, están y estarán abiertas.

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