Del fast food educativo a los centros de autor

En estos momentos en los centros educativos de nuestro país hay implantado un sistema educativo que, permitiéndome el símil gastronómico, podría llegar a considerarse de la misma tipología que el fast food. Se trata de un estilo educativo donde la Educación se prepara y gestiona en unidades homogéneas de consumo obligatorio (materias y currículums de las mismas) por parte de la Administración para consumir en los centros docentes. No hemos de olvidar tampoco que nuestros centros educativos son un calco de otros muchos y, lo único que varía en casi todas las ocasiones es el color o distribución del propio centro (aunque últimamente parece ser que también se está optando por la homogeneización de las infraestructuras de los centros).

Pero hablemos de la «comida» que se sirve en los centros educativos. Gran cantidad de platos. Cada uno con sus cientos y cientos de calorías. Enlatados en formatos cerrados. Con diferentes cocineros, que a su vez hacen de camareros, que distribuyen los mismos entre sus clientes. Unas calorías que, como sucede con todos los alimentos que se sirven en este tipo de establecimientos, llenan al momento pero que, prácticamente abandonando las puertas del local empieza a producirse la sensación de hambre. Alimentos diseñados y encapsulados para unificarlos en forma a costa de reducir su valor alimenticio.

Ventajas del fast food. Una e importante. La gran cantidad de beneficios que obtiene el empresario. Comida barata, vendida a precios muy económicos. Cocinada y servida por cocineros y camareros con bajos salarios y preparación. ¿Ventajas para los usuarios finales? Pocas. Demasiado pocas.

¿A alguien os suena lo anterior? ¿No creéis que sería bueno cambiar el fast food educativo por centros de autor? ¿No tendríamos que elaborar y distribuir «comida» en cantidades justas, controladas, con alto valor alimenticio y cocinada por grandes profesionales implicados en que el restaurante funcione de la mejor manera posible?

La opción es clara. Pasar a centros de autor. Centros dirigidos y gestionados por grandes cocineros y camareros con libertad para seleccionar su propio estilo de comida (manteniendo unas líneas maestras). Unos centros de autor de grandes profesionales. Dotando a cada uno de ellos de las especificidades necesarias para poder realizar cada vez platos más bien elaborados y suculentos. La diferencia respecto al consumo masivo sería considerable. Los platos tendrían que llevar las cantidades justas. Si el primer plato en una comida se intenta hacer un poco más consistente (por necesidades del menú), se relajan el segundo y el postre. Nadie sale empachado, pero todos llenos y sin esa hambre irracional que aparece al poco de salir del fast food. Se hacen menús a la carta. Se usan las mejores herramientas para obtener esos maravillosos menús. Los cocineros y camareros se forman toda su vida para ofrecer los mejores platos y servirlos en las mejores condiciones y formatos posibles. Se da autonomía al centro. Se premia y potencia ese gran trabajo.

Eso sí, como decían grandes cocineros de este país: «un buen cocinero no nace, se hace». Es por ello, que cualquier «fichaje» de cocineros externos por parte del jefe de cocina, siempre va a ser más que cuestionable. Mejor una plantilla que se va formando y evolucionando con el propio centro y ayudando para que así sea, que grandes «estrellas» que fuera de su medio habitual pueden no llegar a destacar. Siempre será mejor una buena cocina que funcione, con personal que se lleve bien y trabaje en un proyecto común, que unas individualidades que no se entiendan.

Por tanto, ¿por qué no pasar del fast food educativo actual a centros de autor?

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Siguiendo con tu simil: es dificil lo que propones, ideal lo seria, estamos sumergidos en un mundo donde hay cambios de cocineros, no todos los cocineros tienen los mismos valores: algunos prefieren la comida tradicional , otros la de nueva generación….. algunos comparten receta, otros no quieren ni probar platos nuevos, otros se guardan su receta celosamente como si estuviéramos en un concurso ….

    En fin que yo ( quizás por la edad o experiencia) he llegado a un punto que cocino según los ingredientes que tengo delante compartiendo y buscando nuevas recetas , sin abandonar la cocina de la abuela.. pero no aspiro a que el restaurante sea el mejor si no que mis clientes salgan «equilibrados»

  2. Buena metáfora Jordi, me encantan las metáforas porque llegan a donde no llega el plúmbeo discurso racional y cartesiano de los ideólogos y gurús del momento; de algunos que no se han enterado de que llevamos ya dos generaciones que se han amamantado con la TV de fondo y que su entrenamiento intelectual-analítico universitario está muy bien para ganarse la vida publicando o dando charlas, pero que no esperen convencer a muchos.
    (Perdona esta digresión inicial, es que reflexionaba sobre las aportaciones que he leído en otro debate que no te resultará ajeno: el de la formación del profesorado y el futuro de las TIC en la Escuela pública. Estaba madurando posibles respuestas y tu post me ha pillado con algunas balas listas en la recámara 😉

    A lo que iba: que totalmente de acuerdo en que el panorama educativo actual de nuestro país responde a esa metáfora del fast food en términos generales. Con las evidentes y honrosas excepciones de restaurantes de calidad, con comida autóctona y honestamente preparada, quizá no muy estudiada dietéticamente, pero basada en esa intuición de la cocina de la abuela que menciona Concepció y que ha alimentado dignamente a generaciones previas al fenómeno de la obesidad actual.

    Y en cuanto a tu propuesta: centros de autor de calidad. Hombre, claro, a ver quien dice que no a eso. El problema es cómo se consigue y cuanto puede costarnos.
    Para empezar habría que nombrar a Adriá ministro de Educación (siguiendo con el símil) y convertir nuestras facultades de Ciencias de la Educación en Altas Escuelas de hostelería, despidiendo o reciclando a miles de profes para que dejen de enseñar a hacer croquetas todas igualitas y empiecen a investigar la alquimia de los sabores y a conocer que ocurre en el metabolismo de un ciudadano sedentario del s.XXI
    Y luego la formación de los miles de cocineros y cocineras de nuestras escuelas e institutos: ¿os imagináis el cambio de chip necesario y la inversión en instalaciones, cursos de formación, menaje actualizado (TIC), información a las familias y a la sociedad?

    Vaya, que no lo veo. Y mucho menos cuando el propio ministro o el consejero/a de turno no ocultan su pasión por la excelencia, o sea, que siga habiendo un Bulli, un Akelarre y un Can Roca en el país, que ya queda bonito y en el mundo se habla mucho de la cocina española. Y muchos restaurantes buenos y selectos a donde puedan ir a comer los que se lo puedan permitir. El resto del país: menú del día, hamburguesas y a comer y a callar. Y dejaros de TIC y mariconaditas de esas que no están los tiempos para tapas de autor.

    O sea, que hasta que tengamos unos políticos en condiciones, me parece que nos toca seguir con nuestra guerra privada y particular en cada centro: intentando convencer al compañero de al lado de que usar la Thermomix de vez en cuando está muy bien, que hay que hacer más cosas a la plancha y menos fritos (y refritos) y seguir en contacto en redes y encuentros con quien realmente está convencido y quiere aprender a cocinar de otra forma: intercambiando recetas y trucos, organizando cursos y jornadas de cocina creativa…
    Creo que ese es el único camino, desesperadamente lento, lo sé, pero el único firme y seguro para que los cambios vayan afianzándose.

  3. Hombre, Jordi, el planteamiento es muy sugerente. Personalmente, no disfruto con la comida rápida, soy más de restaurante… En lo educativo, es cierto que hay una oferta estandarizada que se plasma en los libros de texto, en los currícula muy reglamentados, en una distribución homogénea y férrea de las áreas curriculares… Además, puede ocurrir que algunos «camareros» a que aludes tampoco tengan más pretensiones que dar un servicio barato y rápido, que no complique la vida (ni la suya ni la de los alumnos)y que permita mantener la situación.
    Para convertir la educación en una cocina de autor, habría que considerar que, al igual que en lo gastronómico, la dificultad aumenta con la elaboración y con la búsqueda de la excelencia. Lamento pensar que parte del profesorado no está por el esfuerzo: prefieren seguir vendiendo hamburguesas tranquilamente que ponerse a revisar su práctica. Fundamental es, eso sí, la labor de liderazgo y de acompañamiento en los centros para conseguir platos de nivel. Aunque tengan que coexistir, temporalmente, con otros menos elaborados, más de fast food.

  4. A mí me gusta la comida casera, y en la escuela optaría por el lunch pack anglosajón, su mochilita termo con una bonita fiambrera de tres compartimentos y un rincón para la fruta. Sin embargo, en lo que se refiere al menú curricular, volvería a las cajas rojas de la LOGSE (ahora todo mi mundo imaginario me mira con cara de odio)haría unos decretos de crriculo verdaderamente de mínimos, y me pondría a la tarea de crear una escuela creativa y pública. Pero claro, a ver quién convence al resto de mis enfurruñados compañeros tras dos bajadas salariales (y tienen razón)

  5. Hola Jordi, veo muy interesante tu planteamiento, pero no estoy de acuerdo con el tipo de comida que se sirve en los centros, o al menos no en el que yo dirijo, ya que es un menú elaborado por un equipo de profesionales, en el que está estudiado hasta el más mínimo detalle. No sé si somos un colegio con cocina de autor, pero lo que estoy seguro que mi centro no es un centro fast food.

    La calidad de la comida en los centros escolares es muy importante, pero ello hay que hacer especial hincapié, desde los equipos directivos, hasta la administración en realizar un buen servicio, que dote a nuestros alumnos de alimentos saludables……

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