Dilo en voz alta y nos reímos todos

En más de una ocasión he defendido la necesidad, para un docente, de ser alguien activo en las redes sociales y crearse un espacio digital donde compartir sus reflexiones. He conocido gente fantástica en las redes. Sólo por eso ha valido la pena crearse una cuenta en Twitter y escribir en un blog. Y gracias a ello conocí, ya hace un tiempo, a alguien que, aparte de ser uno de esos conocidos con los que intercambias a menudo impresiones en la red, se ha convertido en un buen amigo. Alguien que, no sólo tiene la cabeza muy bien amueblada -algo realmente complejo para alguien que es docente-, además tiene la gran virtud de escribir muy bien, ser un gran dramaturgo y, lo que es más importante, una gran persona que siempre se moja en todas las cuestiones educativas. Me estoy refiriendo a Fernando J. López (@Nando_J).

Pero la historia no va de la persona, fantástica en muchos aspectos, va de su trayectoria profesional y, muy especialmente de su último libro que va a salir publicado en septiembre… un libro titulado «Dilo en voz alta y nos reímos todos» que tiene el fantástico subtítulo de Manual (gamberro) de supervivencia en Secundaria. Un libro que tuve el honor de leer ayer porque Fernando me envió un libro dedicado junto con una carta que me hizo llorar.

diloenvozalta

Algo que me permitió compartir su lectura con mi familia. Sí, es un libro para docentes, alumnos y padres. Qué coño, es un libro para que lo lea cualquiera que quiera saber qué pasa realmente tras esas puertas que se cierran una vez han entrado miles y miles de adolescentes. Un libro con mucho humor pero muy real. Un libro que esconde lo mejor y lo peor de la profesión para quien quiera leer entre líneas. Un libro básico para ser leído por lo imprescindible que resulta, para nosotros como docentes, reflexionar acerca de nuestra realidad cotidiana (claustros, reuniones, evaluaciones, guardias, la rueda para elegir asignaturas a principios de curso, los libros de texto y, un largo etcétera de cuestiones que nos van a sonar, y mucho). Un libro interesantísimo para que los alumnos sepan cómo somos realmente los docentes y que, por desgracia para ellos, ni les tenemos manía y conocemos todas sus estrategias de justificación y escaqueo. Un libro, por qué no, para padres y cualquiera interesado en leer, con mucho humor y un redactado ameno, la realidad de los centros educativos. Una realidad que, como bien dice Fernando en su introducción, está muy alejada de esas películas de instituto con la que nos bombardean en la televisión un día sí y al otro también.

Si esto fuera Finlandia, este libro no existiría. Porque allí los alumnos son perfectos, los profesores son perfectos, las familias son perfectas y los institutos, por supuesto, son perfectos.

Aquí, como de finlandeses tenemos poco, más que perfectos somos humanos, por eso en nuestras aulas hay alumnos distópicos, que hacen un examen de 10 en un universo paralelo y sacan un 2 en el universo real;  profesores multitarea, que tan pronto ejercen de animadores socioculturales como de psicólogos, enfermeros, seguratas o traductores simultáneos; y padres que hacen compulsivamente la ESO y se preguntan cómo suspenden sus hijos tras haberse estudiado con ellos hasta la última conquista de los Catholic Kings (en bilingual, claro).

No es fácil ser alumno, padre ni profesor. Pero como somos tan solidarios que parecemos finlandeses, aquí tienes un buen puñado de situaciones para reírnos de nosotros mismos y, de paso, sobrevivir a nuestros años de instituto. Si eres alumno y odias al tipejo del “justifica tu respuesta”, o si eres profesor y no recuerdas cuándo fue la última tarde que no estuviste pegado a un rotulador rojo, o si eres padre y empiezas a dudar de que la adolescencia se termine, este es tu libro.

Y si aún crees, como el autor de estas páginas, que las tizas pueden cambiar el mundo, también lo es.

No acostumbro a recomendar libros pero, sinceramente, más allá de que su autor sea un buen amigo mío, os recomiendo encarecidamente que os olvidéis de lecturas densas de investigaciones educativas, vendehumos varios y os dejéis seducir en septiembre -que es cuando se publica-, haciendo un hueco, por un libro genial para, si eres docente, reírse de uno mismo y reflexionar mucho.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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