Discursos pedagógicos e ideología política

No creo que vaya a descubrir nada a nadie si afirmo que los discursos pedagógicos se elaboran y se venden para satisfacer a un determinado consumidor del mismo. No es lo mismo comprar un discurso que otro y, es por ello que, cada vez que sale alguna publicación en un medio de comunicación o se publicita, con mucho interés, una determinada metodología, modelo de centro educativo y, cómo no, ventajas o inconvenientes de llevar a tus hijos al centro público cercano o al privado (concertado o no), normalmente gestionado por organizaciones religiosas o gestores de fondos de inversión, se ha de tener muy claro a quién va dirigido el asunto. Todo se ha pervertido hasta ser una amalgama de ideología mezclada con la necesidad de mantener o potenciar la brecha que existe cada vez más marcada en nuestra sociedad. Y no, no es una cuestión banal.

Fuente: Wikimedia

Imaginemos un alumno de familias socioeconómicamente deprimidas cuyo bagaje cultural es bajo o muy bajo. Familias que no pueden comprar a precio de mercado y, es por ello que deben acudir al modelo educativo que les diseña el Estado. Padres cuya máxima es esperar que su hijo, con mucho esfuerzo, consiga traer el graduado en ESO a casa porque ya será mucho más de lo que tienen sus progenitores. Alumnado cuyo apoyo, a la hora de realizar tareas para casa, va a ser nulo y que, al mínimo encontronazo en el aula, va a ser incapaz de recibir ayudas externas para paliarlo. No, no es una situación exagerada ni anecdótica. Es la realidad de muchos alumnos de la escuela pública, los menos de la concertada y, completamente residual -o inexistente- en la privada sin subvención. Ya es un primer filtro. Además, resulta curioso que estos padres van a comprar acríticamente lo que les vendan -y más si sale en la tele- porque su problema básico no es la educación de sus hijos. Su problema básico es la simple subsistencia y, en muchísimas ocasiones, la solución de problemas inmediatos que dejan a sus hijos y sus necesidades en segundo plano.

Sigamos con alumno de familias en situaciones no tan complicadas que, por estar residiendo en uno de esos barrios humildes que existen en todas las capitales, se ve abocado a estudiar en un centro donde convive con alumnos que se hallan en la situación anterior. También tenemos un problema. Más aún cuando en esos centros educativos es en los que, en muchas ocasiones, se usan a los chavales como conejillos de indias de nuevas metodologías educativas. La razón… muy fácil. En muchos casos, los propios profesionales de los centros educativos necesitan comprar algo que haga que los chavales puedan tirar hacia adelante. El mérito de esos centros es que alguien consiga llegar a Bachillerato o se saque un título de Formación Profesional (si es de grado superior, ya no digamos la ilusión). Centros que deberían estar dotados de recursos que, lamentablemente, sólo lo están de grietas en la pared, instalaciones obsoletas y muchos, muchísimos barracones. No, no hablo de oídas. Conozco esos centros y si uno vive o trabaja en esos centros ya sabe a lo que me estoy refiriendo.

Después tenemos a los padres que, al igual que los dos casos anteriores, eligen la escuela pública por cuestiones ideológicas o por creer que es la mejor para sus retoños. En este caso normalmente familias de clase media, profesiones liberales, funcionarios o, simplemente, algunos políticos que deben dar ejemplo. En este caso tampoco va a ser problemático que se hagan experimentos en el centro y que se plasme lo anterior en un déficit de conocimientos o de aprendizajes, mediante el uso de metodologías que sólo buscan que los alumnos sean felices y se sientan partícipes en un proyecto innovador, porque no van a tener problemas económicos familiares que les permitan complementar ese déficit salvo en casos muy concretos. Centros educativos que van a pervertir su función educativa para ser convertidos en campos de pruebas de la administración educativa cuyos gestores han huido hace mucho tiempo de la pública para escolarizar a sus hijos. No, todo tiene sus razones de ser. Que nadie se piense que lo de la innovación educativa, el bilingüismo cañí y los otros experimentos que se hacen en algunos centros públicos no están diseñados por quienes no creen en la misma. Por suerte, en este caso, bastantes de los alumnos afectados por esas praxis van a conseguir tirar adelante porque tienen un gran apoyo familiar.

Y aquí se acaba la pública. Un modelo educativo que tiende a aumentar la brecha dentro del propio sistema por estar conformado heterogéneamente, con modelos de centro que cada vez se dedican más a funciones asistenciales y docentes que, por desgracia, están comprando soluciones milagrosas alternativas al trabajo, al aburrimiento o al simple hecho de necesitar esos alumnos -especialmente de los dos primeros tipos- más apoyos y tener unas necesidades superiores para poder saltar una brecha social cada vez más ancha. Sin recursos, sin apoyo de la administración educativa, sin mucho futuro y siendo manipulados muchos padres y, aunque no me guste reconocerlo es así, cada vez más docentes por un vaporoso discurso que sólo puede ser desmontado por aquel que se atreva a decir que el emperador va desnudo. Y eso me preocupa.

Ya veis que la izquierda ideológica está comprando patrones de pedagogía sexy o de la felicidad. Patrones cuyos representantes escriben muchos libros, hablan y sueltan grandes discursos acerca de la no competividad, de la necesidad de que el alumno no se estrese y, cómo no, de la necesidad de plantear el sistema educativo como un simple pasatiempo donde todo es maravilloso, no hay esfuerzo ni, tan sólo, aburrimiento. Ser feliz a cualquier precio tiene sólo un problema. Que no vivimos en esa sociedad igualitaria deseable para muchos donde todos tenemos las mismas oportunidades con independencia de donde nacemos. Y descuidar el buen trato que debe recibir la escuela pública para centrarse en discursos pedagógicos que se pueden comprar muy bien, dicen muchas cosas bonitas y provocan, a medio plazo, que la brecha educativa se agrande, no es la solución.

El problema es que la derecha también está comprando ese tipo de pedagogías en los centros educativos a los que envían a sus hijos -en caso que puedan hacerlo porque, resulta curioso que haya trabajadores que no pueden pagarse ni tan sólo las cuotas ilegales de la concertada, que voten a esos que no quieren mezclar con ellos a sus hijos-. Quitar paredes, eliminar exámenes, trabajar sin presión y, un montón de tiempo dedicado a hacer cosas que puedan permitir hacer fotos, participar en premios y vender a los padres que sus hijos son fantásticos tampoco da muy buenos resultados aunque, en este caso, al igual que los que han optado por la pública con posibles, todo lo anterior va a ser compensado por apoyos extraescolares. Si no aprenden inglés porque el bilingüismo (exportado también a la pública) que se imparte es una auténtica bazofia, se pagan clases de repaso. Que no saben más de matemáticas, ciencias (o science) o lengua, pues no hay problema. En casa hay libros y el simple hecho del ambiente que respiran en casa ya suple esos déficits de la pedagogía innovadora. Que los sillones verdes y toboganes para los alumnos son muy chulos pero no sirven aunque se vendan como maravillosos.

Al final todo es cuestión de familias y centros educativos que, por suerte, aún siguen apostando por reducir brechas educativas mediante métodos no tan mediatizados ni mediatizables pero que, permiten, en muchos casos que alguno de los alumnos que ya se dan por fracasados antes de entrar en el sistema consigan tener éxito. Y el éxito en educación es algo muy claro… que consigan vivir mejor que sus padres. Ese gran objetivo del sistema educativo que algunos parecen haber olvidado mientras se dedican, con ilusión desbordante y espíritu crítico desaparecido, a ir probando cosas porque se lo han dicho algunos que tienen mucho tiempo para hablar porque no están en el aula.

Al final no es una lucha ideológica. Es la concepción de la educación como servicio que da oportunidades a muchos y que, al final, va a repercutir en una mejora social. Eso sí, siempre y cuando lo hagamos bien y no nos dejemos llevar por el primer canto de sirena que oigamos porque, incluso que no guste oírlo, la educación es mucho más seria de lo que algunos se piensan.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. El problema crece. El fomento de la competencia entre centros y la libre elección fuerza a montar todo tipo de historias para vender el centro. Y estas historias giran en torno al lamentable bilingüismo que destroza asignaturas y a la innovación. Esto empobrece la enseñanza y es cubierto en los centros «buenos» por el contexto familiar pero en muchos casos se vende que el resultado viene determinado por el grado de innovación (y el padre consciente y sensato, al tanto del hecho, en casa sabiendo lo que significa para él el bilingüismo). Y los otros copian, con contextos familiares más degradados. Y la bola crece y perjudica precisamente a los que tendrían que exigir más enseñanza «académica» y más exigencia para cubrir ese desfase que en casa no se puede hacer.

    Observar a Ricardo Moreno tapar la boca a Eva Hache es significativo de cuánto de pose y mentira moderna hay en esto, en padres que en cuanto vean que la cosa de la creatividad no va a ningún lado mandan al nene a estudiar por ahí o le ponen múltiples profesores.

    1. El problema, como bien dices, es que usar metodologías lamentables o dudosas, jamás va a afectar al alumno de familias de clase media-alta porque, por suerte para ellos, van a poder suplir las carencias de dicha formación mediante el uso de formación externa al propio centro. Sí, el problema fundamental es para los hijos de familias deprimidas o que no pueden pagarse ese apoyo. A ellas les estamos quitando las posibilidades de futuro de sus hijos. Y eso es muy grave.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí.

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