Discursos que, como docente de la Pública, me preocupan

Ayer me confirmaron que el curso que viene continuaré en el centro en el que estaba el curso pasado. Un centro, en el que debo reconocerlo, estuve muy bien y que, a nivel de ayuda ofrecida por parte del equipo directivo, compañerismo y alumnado fue fantástico. Siempre ha sido fácil para mí, por el motivo que sea, dar clase con los medios con los que me he encontrado. E, incluso, en muchas ocasiones he podido colaborar -tanto desde el equipo directivo en el que estuve puntualmente unos años, como de docente raso- en adecuar espacios a nivel tecnológico, realizar formación de mis compañeros (sea reglada o a nivel de interminables charlas de tú a tú con un café en la mano) y, cómo no, proponer estrategias de actuación en abierto.

Los centros públicos tienen una enorme ventaja para trabajar… no tienes a nadie que sancione tus prácticas educativas y, mientras tengas el aula controlada, puedes experimentar con cualquier metodología que te apetezca o consideres dentro de tu faceta profesional. Nadie te va a cuestionar lo que hagas y si dejas de culpabilizar al resto de compañeros de lo que no ha salido bien en tu aula, siempre te van a echar una mano. Sí, hay innovación en la Escuela Pública. Quizás no sea algo tan estanco como lo que venden en otra tipología de centros pero dicha flexibilidad es la que lo dota de valor. No hay un innovador, hay tantas maneras de dar clase como docentes trabajan en el centro. Y, ¿queréis saber una cosa? La inmensa mayoría de tus compañeros lo están haciendo francamente bien, adaptándose a sus alumnos y, con independencia del método que utilicen, intentan sacar lo mejor de los que tienen delante. Habrá cursos en los que fracasarán en el intento o cursos en los que conseguirar superar las expectativas pero esto es la realidad de trabajar con algo tan heterogéneo e incontrolable como son veintimuchas personas, cada uno con sus capacidades y habilidades, en el aula.

Fuente: http://lacomunicacionverbal.wikispaces.com
Fuente: http://lacomunicacionverbal.wikispaces.com

Es por ello que me preocupa el discurso que tienen algunos «innovadores» acerca de lo pernicioso que es trabajar en un centro público. De las dificultades que les ofrecen sus compañeros -e, incluso, algunos hablan de leyes sagradas cuando lo que hay es la necesidad de contar con los docentes que conocen a la hora de establecer el reparto de los cursos o las asignaturas-, de inspección educativa que sólo procura poner obstáculos en su carrera innovadora y, cómo no, de lo más fácil del asunto… echar las culpas de todo lo malo a los demás porque ellos son maravillosos, sus métodos infalibles y sus verdades las únicas que existen. Pues lamento decirles que, por desgracia, la docencia no es una ley exacta ni hay verdades absolutas. La docencia es un arte en el que los cuadros, en ocasiones con los mismos pinceles y bajo las mismas condiciones de iluminación, te salen menos iguales de lo que sería de esperar. Algo que no es malo y que, simplemente te obliga a replantearte qué quieres pintar y para qué.

Llevo dieciocho años de docencia «de aula» (sí, remarco lo de aula) a mis espaldas para saber que no es cuestión de las herramientas de que se dispongan porque, por muchas herramientas que se tengan, la práctica es la clave para el éxito. Tampoco es cuestión de la metodología X, Y o Z. Y quizás, tampoco sea cuestión de que uno sea tan maravilloso por tener un amplio conocimiento de TIC, de literatura educativa o atesores las mejores calificaciones en su currículum académico. Lo más importante del asunto es la empatía, el no considerar la docencia como una carga inasumible y plantearse que tus compañeros jamás van a ser tus enemigos ni, el equipo directivo se va a dedicar a «putearte» por el simple hecho de hacerlo.

El margen de maniobra en un centro público es brutal y las posibilidades infinitas. Además, tened claro que la inmensa mayoría de tus compañeros no son peores docentes que vosotros por ser menos «innovadores» porque la docencia y su resultado es algo que va mucho más allá de la herramienta e, incluso, de cualquier metodología estandarizada.

Dar clase o volver al aula después de algunos años fuera de ella jamás debería ser considerado el último día de la vida profesional de nadie. Para algunos volver al aula en septiembre, aunque tengamos ganas en ese momento de continuar de vacaciones, siempre es el primer día de algo ilusionante. Algo que vamos a gestionar nosotros con nuestro carácter y manera de hacer. Algo que, al menos en la Pública, es sinónimo de libertad, compañerismo y potencialidades infinitas.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

6 Comments
  1. Enhorabuena por hacer de cada inicio de curso el comienzo de algo ilusionante. Escuchar a alguien con tanta experiencia mantener las expectativas y el optimismo es un lujo. Gracias

  2. Me alegra leer tu optimismo, y enhorabuena por la suerte q has tenido!!! Llevo veinticinco años, he trabajado en varias comunidades, y no puedo decir lo mismo, sí he encontrado colegios donde he trabajado muy a gusto, pero también de los otros, donde un compañero o un director te hacen la vida imposible!!!
    Un saludo y q sigas teniendo esa suerte!

    1. Lo peor peor para mí es la gente q te hace la vida imposible!!! Porque la gente sin ilusión sufren ellos mientras que los indeseables hacen sufrir a los demas

  3. Pues para mi lo peor es que en Andalucía se haya instaurado oficiosamente las cuotas de aprobados. Esto ha contaminado mucho la práctica docente.

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