Docentes con pocas luces

Mira que me gusta meterme en berenjenales. Con lo cómodo que sería acreditarme por Apple, Google o Microsoft, y/o sumarme al carro de las metodologías innovadoras, los premios y el trinque por cursos de formación acerca de los bivalvos. Y, por desgracia, no puedo. Mi cuerpo me pide salsa. Bueno, más bien horchata pero, para no ahondar en la herida de su déficit después de la operación, me ahorro mencionarla.

Fuente: Facebook

Hoy me apetece abrir el melón de los «docentes con pocas luces». De esos que tenemos dentro del colectivo que, si en una década no han abierto el libro (no, no vale el libro de texto en formato papel o digital), tampoco se espera que lo hagan en breve. También están aquellos que se están sumando a ciertas cosas sin tener en cuenta qué puede implicar el asunto a corto o medio plazo, los que votan a partidos políticos cuya máxima es hacer desaparecer el puesto de trabajo que ocupan o, simplemente, aquellos que creen en determinados referentes para su profesión. Bueno, lo de considerar referente o experto de tu profesión a uno cuya máxima habilidad fue hacer un cajón flamenco a sus alumnos se las trae. Pero qué le vamos a hacer. Es lo que tiene la limitación intelectual de algunos. Que no nos pensemos que por ser docente uno tiene más bagaje crítico o cultural. Nada, nada, no adelantemos el asunto.

¿Vosotros realmente os creéis que un docente de la pública puede estar dispuesto a participar en un modelo educativo cuya máxima es la desaparición de los funcionarios? Pues sí. Hay cientos de docentes catalanes que están teniendo orgasmos cada vez que oyen «Escola Nova 21». Sí, una organización que, junto con el proyecto del BBVA que ha comprado esa administración, que se encarga de diseñar las líneas básicas de política educativa. Y, además, en este caso hay gilipollas que les aplauden o les justifican. De verdad que uno no entiende nada. Bueno, tampoco se entiende que en privado algunos te defiendan su centro educativo de gestión privada en el que, curiosamente, te obligan a hacer salidas con los alumnos, irte a jornadas espirituales (cuando eres ateo convencido) o, simplemente, hacen que tu horario laboral se alargue hasta el infinito quedándose con parte de tu sueldo. Eso lo único que dice es que eres muy tonto. Otro tema es que de forma pública no puedas decirlo por miedo a represalias pero, ¿en una conversación privada? Nada, de tontos y masocas hay en todos los colectivos.

Hablando de cenutrios en diferentes grados, ¿qué pensáis de aquellos que se están certificando por una multinacional tecnológica? A mí no me preocupa los que lo hacen para trincar en un futuro pero, ¿y los convencidos? ¿Qué hacemos con aquellos que están convencidos de que esa multinacional no tiene ningún interés económico y lo hace todo por amor al arte? ¿De verdad se puede ser tan estúpido? ¿Alguien sigue creyendo en pleno siglo XXI y, más si tiene un título universitario, que existen las hermanitas de la caridad bajo el paraguas de unas siglas que, día sí y al otro también, llevan sus ingresos a paraísos fiscales o tienen brechas de seguridad del copón? No es malo usar una herramienta ni un servicio ¿gratuito? pero, ¿os planteáis si no estáis siendo un poco primos al hacerles propaganda gratis? Bueno, algunos docentes son fans del McDonalds o del Starbucks. Con eso está todo dicho.

Sigo con los que se creen que dar su asignatura en inglés mejora, tanto la competencia lingüística como la competencia en su asignatura. Salvo los docentes que gracias a eso consiguen trabajar o estar al lado de su casa, no puedo llegar a comprender cómo puede haber alguien tan limitado que se crea lo anterior. En ningún país civilizado lo hacen. Ni en Francia dan Historia en inglés o alemán. Ni en Alemania la dan en inglés. Aquí es que algunos creen que inventan ciertas cosas. Bueno, también he tenido compañeros que defendían a Pàmies. Y entonces entiendes muchas cosas.

Los eventos educativos mediocres destinados a mediocres se llenan de docentes. La formación docente en psicología positiva, flipped classroom, moodle, biodanza o metodologías innovadoras, no da abasto. Cuando hacen eventos como Grandes Profes, entidades bancarias patrocinan premios al docente de la galaxia o, simplemente, va un payaso a explicar cómo se debe dar clase, una gran cantidad de docentes se pegan por ir. E, incluso, son capaces de asumir acríticamente que lo anterior es para mejorar la calidad educativa. Ya si eso también hablamos de los que se creen PISA solo cuando les interesa, creen en las inteligencias múltiples o, simplemente, van a rezar cada domingo o salen de procesión con lagrimones en los ojos. Y sí, para hacer combo, también añado a aquellos que se creen que Gandhi, Teresa de Calcuta o Mandela son referentes para la paz mundial. Bueno, otros creen que Franco era maravilloso, que la tauromaquia es un arte o, simplemente, que la mujer debería quedarse en casa a cuidar de los niños. Estoy hablando de docentes. No me he ido del contexto.

La verdad es que hay algunos docentes con un déficit intelectual importante. Además, sabéis lo más curioso del asunto, que aún siguen creyendo en su interior que esto no va con ellos. Que lo que pasa es que soy un inmaduro, pitufo gruñón o, simplemente, que lo único que me apetece es criticar cuando todo lo anterior es maravilloso. Debo reconocerlo, los mundos de Yupi molan más que una realidad, por desgracia, a veces no tan bonita como nos gustaría que fuera. Eso sí, para cambiarla uno debe dejar los unicornios en el armario.

Por cierto, sujetadme el cubata 😉

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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