¿Dónde coño están mis calcetines? ¿Y mi pijama?

Se ha de ser muy hijo de puta para considerarse Reyes Magos y pasarse por el forro de los cojones las cartas que algunos les escribimos con todo el cariño del mundo. Este año prometo he sido bastante bueno y no entiendo nada de lo que me he encontrado hoy en mi comedor debajo del árbol de Navidad. Si incluso les he puesto moscatel del bueno y galletas de marca. Tiene cojones el asunto.

Fuente: https://aybservicioseditoriales.wordpress.com

Nada, uno se despierta ilusionado el día de Reyes y se va directo al árbol para encontrarse con un montón de paquetes. Ya no se piensa en la cantidad de árboles talados ni, tan sólo, en lo que puede estar pasando en otras casas. A uno, los Reyes le traen su cara más egoísta y piensa en las cosas que ha pedido. Y yo prometo que este año sólo pedí unos calcetines porque los que tengo están para el arrastre y, un pijama que complementara al del oso Yogui que ya empieza a perder el color. Pero, a los cabrones, no se les ocurre nada más que traerme lo siguiente. Algo que, prometo, tan pronto abran el lunes algún centro educativo de esos innovadores manejado por organizaciones empresariales o, mediante una rifa en Twitter, voy a intentarme quitar de enmedio. Pero bueno, diréis alguno, seguro que no ha sido tan malo.

Malo, no. Peor. Abrir el primer regalo y encontrarte los dos libros de César Bona no tiene precio. Bueno, ya uno viene preparado para lo peor. Sí, hay cosas que pueden ser peor. Es por ello que, una vez abierto lo anterior, arrojados los libros lo más lejos posible del comedor y ventilado el mismo tocaba abrir el segundo paquete. Un paquete también con unas formas que recuerdan a algo legible. Rezas lo poco que sabes antes de abrirlo porque no sabes qué te vas a encontrar. Lógico, es abrirlo y encontrarte el libro de Alberto Royo. Los Reyes querían jugar sobre seguro y dicen… va, a este gilipollas que tenemos fichado como docente, le vamos a dar literatura opuesta porque así seguro que lo acertamos. Sinceramente, hubiera preferido un libro de Los Cinco o Los Hollister. Va, que me conformaba incluso con uno de Geronimo Stilton.

Bueno, aún quedan posibilidades. Esto es igual que la lotería. La esperanza es lo último que se pierde. Seguimos nuestra apertura de, en esta ocasión, una enorme caja que pesa lo suyo. Mierda, no me lo puedo creer. La colección completa de Planeta Agostini en casete para aprender inglés, junto con un reproductor de segunda mano (sí, se nota) con una bonita nota que dice que puedo acudir a un aula, un par de días a la semana, para hablar con un nativo que resuelva mis dudas. Ni un formato DVD o dirección de Youtube. Si hubieran sido catalanes como yo seguro que, en lugar de lo anterior, me hubieran mandado esa dirección a un curso online de esos gratuitos que hay por la red y que te permiten aprender idiomas en pocos días. Cutres los Reyes, no. Lo siguiente.

Ahora toca el sobre. Sí, hay un sobre que seguro va a incluir un poco de dinerito. Al menos podré comprarme los calcetines y el pijama. Abulta un poco. Así pues algunos cientos de euros seguro que van para la «buchaca». Noooooo. Una inscripción a un MOOC del INTEF. Hay qué joderse. Ni una puñetera clase de Mindfulness. Una mierda de MOOC. A tomar pol culo. Qué grandísimo trío de payasos.

Sinceramente, una mierda. Estos Reyes Magos deberían pasar un control de alcoholemía y de drogas. Y ya, cuando te enteras que al vecino de arriba le han traído una batería…

Me pido un cartel de esos que pone no molestar en los hoteles. Pero, que en lugar de no molestar, permita la electrocución a todos aquellos impresentables que se cuelan por la ventana en noches como la de ayer para dejar cosas que nadie ha pedido.

¿Por qué algunos tienen la manía de creerse que uno es docente a jornada completa y le traen regalos relacionados con la profesión? Seguro que a un médico no se atreven a traerle un bisturí porque, directamente, si los pilla, los raja.
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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