¡Dudad!

Vivimos en el país mediático de la piruleta educativa. Grandes y magnificentes experiencias educativas encumbradas a los altares pedagógicos. Docentes que, por lo visto tienen un blog, han montado algún proyecto y lo han sabido (o se lo han sabido) vender. Adalides de lo que debe ser un docente comme il faut. Ríos de tinta digital. Caracteres en las redes sociales y organizaciones difundiendo maravillas. El maná, por lo visto, cae en muchas aulas de nuestro país. Maná que algunos no vemos, ni olemos ni, muchísimo menos, catamos. No sé en qué mundo viven algunos. Bueno, quizás haya más mundos aparte del que algunos pisamos cada día y no nos estamos dando cuenta.

Fuente: ShutterStock

Llevo veinte años en esto y aún estoy preguntándome porque hay cosas que funcionan bien en unos grupos y en otros no. No me lo pregunto, lo constato. También me congratulo de cosas que, a veces publico en las redes, que hacen mis alumnos. Alumnos a los que un día adoro y otro, sin ningún problema, les pegaría alguna colleja. Hay trabajos maravillosos que me hacen y otras veces unas chapuzas que (…). Es la realidad del día a día. No hay cajón flamenco que funcione igual de bien ni, seamos sinceros de una vez, grupos que estén tan maravillados con las explicaciones o prácticas que les montamos para que estén babeando en todo momento. La docencia no es maravillosa. Tiene momentos buenos, regulares y malos. Claro, también tiene los muy malos pero, por suerte, de esos llevo librándome por los pelos cada vez que me hallo cerca de un tsunami. Quizás sea la suerte que no se aplica en mi Primitiva. Quién sabe.

Lo importante es dudar de lo que nos cuentan. Como docentes debemos dudar de todo lo que nos cuenten otros compañeros. Sabemos la verdad de lo que sucede en el aula y, quizás, ya eso debería hacernos desconfiar de las maravillas que nos venden algunos. Parece mentira que nuestro trabajo sea dar clase y nos creamos ciertos cuentos. No hay cuentos de hadas porque las hadas no existen. No hay proyectos magníficos porque, al igual que nosotros no somos maravillosos, lo que hacen nuestros alumnos tampoco puede serlo. Quizás pueda dar el pego un proyecto cuando se acaba de realizar. Quizás, por suerte, tengamos la facilidad de obviar todo lo malo que ha pasado antes de llegar ahí pero, lo malo ha estado. Hay mucho trabajo tras un proyecto. Hay muchas satisfacciones pero también mucha insatisfacción. Quizás no sea todo publicitable pero, por favor, dudad de lo que os cuenten. Más aún sabiendo de qué va el percal.

Las madres y los padres también hemos de dudar. Como padre me incluyo en ello. No todo lo que publicitan los centros educativos es bueno para nuestros hijos. No por mejor página web que tenga un centro, metodología más innovadora que nos venda o, incluso que nos asegure que van a tratar a nuestro/a hijo/a como si fuera único/a, va a ser así. Por pagar más tampoco va a ser mejor. Dudad de todo lo que os vendan. Dudad de todo lo que publiciten. Dudad, incluso, de aquel conocido que os habla maravillas de ese centro educativo. Las maravillas no existen y los centros educativos son muy poco homogeneizables. No todo el mundo vive o sobrevive igual en los mismos. No en todas las aulas uno se lo pasa bien. No siempre tener un iPad hace que se aprenda más. E, incluso, las notas del Selectivo son totalmente matizables porque, un alumno excelente ya hace subir la media o un grupo de alumnos a los que se les ha regalado el Bachillerato pueden hundirla. Y eso poco tiene que ver con la calidad de la educación que han recibido.

Por cierto, los alumnos también deberían dudar. Es sano hacerlo. No juzgar por la fachada a un docente. No quedarse con la primera impresión de nada. Cuestionarlo todo es la clave. Quizás sea más complejo dudar desde una situación en la que, por motivos obvios, se dan relaciones jerárquicas pero, lo importante es hacerlo. Nadie se cuestiona la duda porque, al final, dudar es lo que nos va a hacer personas con criterio.

¡Dudad! Vale la pena hacerlo porque la educación no es de color de rosa. Tampoco es en blanco y negro como defienden algunos.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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