Educación basada en evidencias

La verdad es que, a veces, me sorprendo de la deriva educativa que estoy experimentando en los últimos tiempos. De defensor a ultranza de métodos y modas educativas, junto con el uso de cachivaches varios, me encuentro con la necesidad de cuestionarme de nuevo el sentido de la educación, la realidad de lo que sucede en las aulas y, la formulación de nuevos paradigmas que incluyan estudios mucho más serios que el simple hecho de visiones subjetivas de terceros o propias difícilmente extrapolables. No sé si me estoy haciendo mayor o simplemente más consciente de la necesidad de tener el mejor sistema educativo para romper brechas sociales y, por qué no decirlo, posibilitar un futuro para esos alumnos que, en muchas ocasiones, son sometidos a vaivenes de dimes y diretes muy relacionados con la mediatización de determinadas técnicas o productos, normalmente bajo criterios muy poco educativos.

Fuente: No source

Creo que ha llegado el momento de centrarse en evidencias. Al igual que, tal como explica perfectamente Marta Ferrero en el siguiente vídeo -por cierto, considerado tabú en determinados centros innovadores-, no hay ninguna duda en considerar que las vacunas salvan vidas y que existe, salvo acepciones interesadas, el cambio climático, no es menos cierto que, a veces, en el ámbito educativo se tiene la tendencia de vender como evidencias algo que, simplemente, carece de ellas.

En la charla anterior se parte de tres premisas básicas:

  • Los profesores quieren lo mejor para sus alumnos
  • Las informaciones que se plantean en la misma se hacen bajo evidencias robustas
  • En caso de duda sobre alguna afirmación se recomienda buscar la literatura científica antes de acudir a versiones «sin fundamento»

Una charla en la que se desmontan cinco modelos que se están vendiendo mucho en la actualidad, como son la teoría de las inteligencias múltiples, el método Doman (tanto en la acepción de aprendizajes infantiles como en el tema de estimulación motora), el aprendizaje por descubrimiento, el entrenamiento ocular y la lateralidad cruzada. No, no son los únicos métodos que pueden desmontarse por literatura científica pero sí un ejemplo para lo que se plantea en el vídeo.

No, como docentes no estamos aislados de comprar propuestas pedagógicas del siglo (o del milenio) que cambian cada cierto tiempo, sumarnos a las modas neurocientíficas que dicen los especialistas en el campo que deben ser tomadas con prudencia y, cómo no, ir a cursos, ponencias donde se nos venden bondades falsas. Y todo ello porque, tal y como nos dicen en la charla, existe una brecha importante entre docentes e investigadores, no se da cultura científica en las Facultades de Educación y, socialmente, queda muy mal decir que el método que mejores resultados da es uno que no queda bien porque se le considera demasiado tradicional. Y, seamos sinceros, ¿a quién le gusta descubrir que para aprender a ir en bici el mejor sistema es el de toda la vida con rascuñones incluidos?

Tengo claro que todos -docentes de aula y Facultades donde se forman a los futuros docentes- nos debemos poner las pilas en cuanto a la necesidad de incrementar nuestra cultura científica porque, por desgracia, todos sabemos que las charlas que venden son las que dan tipos que sólo cuentan anécdotas de su época como docentes, prácticas que manipulan y nos intentan endosar libros sobre «nada». Todo ello con el colaboracionismo de una administración educativa que ayuda a difundir lo anterior por interés o desconocimiento real de evidencias científicas. No, ¿quién dijo que fuera fácil mejorar la educación? No, no es fácil ni hay milagros. Al igual que en otros contextos profesionales se aprende y mejora con las cosas que funcionan y no las que nos dicen que funcionan sin ningún tipo de prueba que lo avale.

Por cierto, como bonus track, la imprescindible e impecable ponencia de Beronika Azpillaga y Luis Lizasoain sobre un estudio de eficacia escolar en el País Vasco (enlace) donde, de forma muy científica exponen los datos que hacen que unos centros tengan mejores resultados que otros porque, al final, no es percepción de uno o adaptar los resultados a lo que nos interese. Es tener la capacidad de comparar resultados y decir qué funciona y qué no bajo unos criterios lo más objetivos posibles (en educación ya sabemos que es muy complicado). No, a algunos no nos vale decir que mejor no evaluar porque, al final, cada uno hace de su chiringuito un sayo y, por desgracia, los alumnos no se merecen esa falta de evaluación acerca de qué aprenden y cómo lo hacen. Y todo ello por muchos motivos aunque, a algunos, nos interese evaluar más el conjunto de forma global pero la sociedad demanda otro tipo de evaluación y no es cuestión de dejar a los chavales sin oportunidades futuras. A qué si fuera vuestro hijo (y sí, me dirijo a todos aquellos a los que les da igual la evaluación y son capaces de falsificarla para que se adapte a lo que ellos quieran y valide sus modas actuales) no querríais que se dejara su aprendizaje a la dula y a la suposición. Yo, no.

Sí, he aprovechado para colgar esto hoy porque la mayoría de innovadores (a excepción de los valencianos) están de vacaciones 🙂
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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

11 Comments
    1. Preferiria que es deixin assessorar per docents d’aula i comptessin amb un bon grup d’experts a l’hora de prendre alguna d’aquelles «mesures» que tan els hi agrada esbombar pels medis de comunicació.

  1. Perfecto el video. Una ponencia que como todo tiene pequeñas cosas que se pueden rebatir, pero que sin duda básicamente plantea el problema serio de la falta de investigación, en general, en el mundo educativo. Gracias Jordi

    1. Nunca debe tomarse nada como valor absoluto y, aún menos en el ámbito educativo. Hay mucho por debatir y rebatir, pero es un buen punto de partida el empezar a cuestionarse ciertas cosas de una forma más seria que ahora. A ti por comentar.

  2. El verano pasado me leí tres libros de John Hattie y es cierto que echa por tierra muchas de las prácticas que damos por válidas en nuestro día a día, pero a la vez muchos de los factores que estudia se quedan en un mero título y a penas entra en describir a qué se está refiriendo exactamente, con lo que es muy posible que cuando dice por ejemplo «aprendizaje basado en problemas» no sea exactamente lo mismo que lo que está haciendo Manolo García en su clase y que él llama «aprendizaje basado en problemas». Esta indefinición se agraba cuando intentas ir a la fuente, que a menudo es un enlace a una página web, y está caída, por lo que no terminas de enterarte de si, por poner un ejemplo de lo que se ha hablado en los vídeos, los estudios sobre el aprendizaje basado en proyectos valoraron sólo los contenidos adquiridos por los chicos o también otro tipo de objetivos a veces igual o más valiosos como la interacción entre los iguales al trabajar por grupos (solventando o no los típicos conflictos que suelen surgir en los grupos de trabajo), los recursos (tecnológicos, materiales, humanos) que se ponen en juego, estrategias creativas, las capacidades orales que se desarrollan al exponer resultados o presentaciones, etc…objetivos que veo difíciles de alcanzar con la enseñanza directa.

    Por otro lado, hay factores que no tienen mucho que considerar y son como son, pese a que a más de uno le duela, como por ejemplo, el hecho de que las vacaciones del verano tengan un tamaño del efecto, ya no bajo, sino negativo para los alumnos (curioso que si no fuera por las vacaciones de verano yo sabría este dato ;-). O por ejemplo que uno de los factores que peor inciden en la educación es el de las mudanzas, niños que han pisado varias escuelas. Y otros que son obvios, como el maltrato.

    En cualquier caso, la lectura de los libros de este investigador las recomiendo encarecidamente, eso sí, sólo están en pitinglish.

    1. He leído cosillas de John Hattie y comparto contigo la falta de profundidad de los porcentajes que extrae acerca de ciertos factores. No, quizás no sea correcta la traslación de aprendizaje basado en problemas o evidencias a lo que se refiere pero, en cierta forma deberíamos ir con más cuidado a la hora de tomar algunas premisas como ciertas. No, no hay investigaciones maravillosas ni veraces al 100% sobre temas educativos, pero sí que nos debería hacer sospechar algo que sean muchos los investigadores que afirmen lo mismo (o, lo desmonten xD). Un saludo y muchas gracias por tu excelente comentario Antonio.

  3. Gracias a tus artículos los miembros de «la resistencia» a los maravillosos métodos modernos tenemos algo a los que agarrarnos. Sobre todos aquellos que después de tanto bombardeo con proyectos, ABNs, competencias,… y demás paparruchas nos entra la duda de si quizás nos estamos equivocando con nuestras metodologías. Lo dicho, gracias!

    1. La verdad es que yo soy muy crítico con la mayoría de metodologías mágicas, milagrosas, comerciales con las que sacar dinero, pero de esto a llamar «paparruchas» a proyectos, ABN, competencias… no estoy en absoluto de acuerdo contigo, Rosa. Creo que no has acabado de comprender lo que Jordi lleva meses intentado decirnos, y tu intervención es una muestra de uno de los peligros de los comentarios de Jordi, de los que seguro que él es perfectamente consciente.¿De verdad crees que no hay ninguna evidencia científica sobre cómo realizar proyectos ayuda al aprendizaje de nuestro alumnado? ¿Y que no hay evidencia de la importancia de desarrollar competencias en nuestro alumnado? Echa un vistazo simplemente mediante Google y verás…

    2. A veces creo que mi crítica o precaución ante ciertos métodos -o modas- se toma como valor absoluto. No, simplemente, como digo siempre y ha entendido perfectamente Xavier, pongo en cuarentena determinadas maravillas y, por qué no decirlo, la mediatización (el cómo fundamentalmente y el quién) nos están vendiendo las mismas. Que algo funcione o no funcione en el aula depende mucho de adaptación y, salvo casos concretos de «absurdos», puede haber cosas que puntualmente te funcionen en grupos concretos. Eso nunca lo he discutido 🙂

    1. A una percepción, quizás equivocada, acerca de cierto posicionamiento inmutable en algunos centros y docentes que no les permite asumir que haya cuestiones que quizás deban tener en cuenta. Simplemente a eso.

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