Educación financiera y emprendimiento en las aulas

La verdad es que, con tanto desembarco de determinadas ideas en las aulas, o bien conseguimos conseguir clientes futuros para una sociedad cada vez más insolidaria o, por desgracia, nos cargamos cualquier posibilidad de establecer las semillas del cambio y redirigir la deriva consumista o del establecimiento del valor de alguien según el dinero que tenga o pueda ganar. Y no, el objetivo de un centro educativo no debería ser el fomentar como único valor de alguien la posesión de más o menos posesiones. Tampoco debería serlo el de los medios pero, ahí poco podemos hacer. Menos aún en medios gestionados, directa o indirectamente, por determinados lobbies cuyo único interés es el propio beneficio.

Fuente: ShutterStock

Desde hace unos años ha desembarcado en las aulas el «emprendimiento» y la «educación financiera», ya sea de forma reglada o como la realización de talleres donde se informa, sin ningún tipo de sonrojo, que quienes nos dedicamos al servicio público o quienes, no han creado una empresa, se han arriesgado con determinados productos bancarios o, simplemente, se plantean un modelo vital que prioriza esa vida frente al trabajo, somos unos fracasados. Sí, el modelo económico que se introduce en los centros educativos y en los libros de texto que se han hecho para determinadas asignaturas venden a determinados empresarios como modelo. No, jamás, curiosamente, venden como modelo a un médico, docente, policía o, simplemente, a alguien que ha conseguido ser feliz trabajando para terceros porque no quería arriesgar y le importaba más su familia que esclavizarse a tiempo completo en un negocio.

Nos están bombardeando con la necesidad de educar a los niños en productos financieros, gestión empresarial y creación de empresas. Algunos, ni tan sólo se esconden y hablan de la necesidad de que los niños gestionen carteras de productos para conseguir pagarse la jubilación. Que eso de la jubilación para todos, la solidaridad con el pago de impuestos según renta o, incluso, eso de que los servicios no tengan en cuenta el dinero que poseen las familias para que puedan acceder a ellos es un error. Y sí, bombardear con dichos conceptos, un día sí y al otro también, genera sus resultados.

Resulta lógico que los primeros en sumarse al carro de ese emprendimiento fueran los centros educativos privados. Su modelo de negocio se basa en ofrecer un determinado servicio básico a un coste para que sólo puedan acceder a él los que puedan pagar. Nada mejor que mantener la necesidad de esos servicios y, por ello, nada mejor que fomentar, cada vez a edades más tempranas (sí, hay centros en los que emprenden a partir de los cinco años) la necesidad de convertir cada paso en un movimiento económico creando escuelas de emprendedores o, simplemente, creando proyectos con análisis de DAFOs y documentos en los que se venda que el que uno cree su propia empresa es lo mejor para la sociedad.

No es algo que haya salido de la nada. Es un proyecto que lleva tiempo fraguándose que algunos padres compran muy bien porque creen, equivocadamente, que lo mejor es que enseñen a sus hijos a competir en un mercado económico cuando lo que deberían plantearse es la necesidad de romperlo. No, no es una cuestión ideológica. Es de puro sentido común. Un niño tiene otras necesidades a los diez años más allá de pensar qué va a pasar con su jubilación, conocer los productos bancarios de inversión o, simplemente, considerar la mentorización, el diseño de productos o las startups como algo necesario a su edad.

Son grupos de presión muy poderosos los que intentan, de forma nada encubierta, imponer esa educación financiera en las escuelas. Imaginad qué pasaría si dedicamos esas horas de emprendimiento o educación financiera, ahora en el currículum obligatorio de algunos niveles educativos, a hablar de solidaridad, igualdad y, planteáramos a los chavales la necesidad de luchar por sus derechos laborales futuros y educativos presentes. Seguro que más de uno pondría el grito en el cielo diciendo que en los centros educativos estamos haciendo ideología en lugar de educar. Pues bien, ¿por qué no ponen el grito en el cielo aquellos que defienden la necesidad de evitar las cuestiones ideológicas en el aula ante el desembarco de una cultura empresarial muy dirigida y perniciosa? ¿No será que se han tragado que ese tipo de formación es buena para sus hijos? ¿No será que, realmente, lo único que importa a algunos padres -demasiados para mi gusto- es plantear la educación obligatoria como una etapa prelaboral? Porque si ello es así, poco podemos hacer los que creemos que otro tipo de modelo educativo, centrado en las necesidades reales de los alumnos y, con un modelo mixto de enseñanza/educación, sería el que debería generalizarse.

Por cierto, este curso doy iniciativa empresarial en tercero de ESO y, más allá de lo que venden los libros de texto y materiales que me he leído por la red donde sólo se analizan las bondades de algunos modelos económicos, intento hacer que los alumnos se cuestionen, eso que les venden como valor absoluto. Y no, no es ideología. Es enseñar a que los alumnos puedan ver varias visiones de algo y puedan elegir libremente sin pensar que algo es bueno porque lo dicen quienes han diseñado el currículum de una asignatura que adoctrina más que la que muchos tenemos en mente.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

2 Comments
  1. Efectivamente, es una sorpresa y una preocupación de algunos padres (y educadores) ver la deriva del modelo educativo que se va imponiendo: desaparecen o pierden peso las materias relacionadas con las humanidades o las ciencias sociales y aparecen estas otras materias relacionadas con la tecnología, muchas veces con un enfoque muy discutible, la economía y la empresa. Parece que la finalidad es generar buenos trabajadores y buenos consumidores, más que potenciar que los niños y las niñas tengan cubiertas sus necesidades en relación con su desarrollo personal y social, y su bienestar, así como que puedan constituirse en buenos ciudadanos, conscientes, críticos, participativos y solidarios.

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