Educative Innovéision… ¿y ahora qué?

Seguramente no os extrañe a los que habitualmente os pasáis por este blog que vuelva a escribir otra entrada en clave personal. Menos aún cuando he comentado, por activa y por pasiva, que este blog es simplemente esa moleskine que publico en abierto porque, al final, no se trata nada más que reflexiones acerca de mi profesión. Unas reflexiones en las que puedo estar más o menos equivocado y que, quizás hayan sido el motivo de determinadas situaciones que se han dado en mi vida. Por cierto, sigo refiriéndome a mi faceta profesional aunque, en ocasiones, dicha faceta se ha extrapolado a situaciones personales normalmente muy satisfactorias. Creo que al final lo importante no es lo que se dice. Lo importante es decirlo, aprender de las interacciones y, al final, hacer un poco de ejercicio intelectual para intentar expresar qué piensas de ciertas cosas o cómo consideras que deberían ser. Pero ya veis que, como sucede en demasiadas ocasiones y, más al tener el tiempo tasado para cada post (sigo con el límite de catorce minutos autoimpuesto para cada redactado), me he vuelto a desviar de lo que quería comentaros hoy.

Llevo un tiempo reflexionando acerca de qué hacer con Educative Innovéision. Sí, ese libro que he escrito hace unos meses y que, desde hace unos quince días está disponible en papel para todos aquellos que lo queráis. Es ya mucho el feedback recibido, en la mayoría de ocasiones positivo y, en otras, con correos electrónicos (los menos) en los que hablan todo lo mal que pueden de un libro que creo que ni han leído, entendido o se han planteado como lo que es. Bueno, me da la sensación que a uno ya le han tildado de ciertas cosas por su comportamiento en las redes y, al final pesa más el comportamiento de clan que el de aislarse del autor para plantear qué se ha escrito. Esto de leer o no un libro por estar escrito por alguien chirría. Más aún el obviar al autor para leerse el libro y, estando o no de acuerdo con los planteamientos, expresar una opinión aislándose de las ideas preconcebidas. Yo he leído libros sobre temas educativos de personas con las que no comparto casi nada y, a veces, hay cosas que han escrito que me han parecido interesantes. Otras que no comparto en absoluto. Es lo que tiene leer un libro relacionado con la profesión de uno. Ya, lo sé… se están “perpetrando” libros sobre educación por encima de nuestras posibilidades. Lo sé porque incluso alguien que escribe tan mal como yo ha perpetrado uno. Y no, no me valen las palmaditas en la espalda. Sé de mis múltiples limitaciones. Escribir bien es una de ellas. Me apaño y quizás por escribir como lo hago algunas cosas se disimulan mejor o peor pero, la verdad es que no tengo madera de escritor. Eso sí, al final cuando escribes mucho vas aprendiendo a hacerlo. Tardas menos tiempo en concentrar las ideas y te salen de un tirón cosas que, al principio, te costaban muchísimo más. Algo que no está relacionado con la calidad de lo escrito. Simplemente con la posibilidad de expresar lo que quieres decir más o menos en condiciones.

Fuente propia

Son algunas las personas que me han pedido la presentación del libro. Incluso alguna empresa conocida ha dicho si quería presentar el libro en sus instalaciones. Estoy en la disyuntiva de quitar la posibilidad de descargas del libro de dónde lo tengo para así olvidarme de él (creo que cinco mil descargas en versión digital y un centenar largo de libros impresos enviados ya ha satisfecho mi ego con creces) o tirarme al monte. La verdad es que me apetece reunirme con compañeros que quieren conocerme y que piden que comparta un rato con ellos. Me apetece muchísimo también el poder interactuar, más allá de lo frías que son las redes sociales o el correo electrónico, con compañeros de los que aprender y con los que poder intercambiar ideas acerca de qué supone la innovación en el ámbito educativo. Es algo que me estoy planteando seriamente porque estos días debo decidir qué hacer porque, estoy entre pedir una nueva remesa de libros en papel o cerrar ya la etapa. Lo sé… un libro se puede estrujar años y dejarlo en la red pero, una cosa es tenerlo como lo tengo en una página externa y otra muy diferente dejarlo en el blog y ya olvidarme de saber cuántos os lo descargáis. Más aún, olvidarme de la gestión de sobres y visitas a Correos. Me encanta cuando me decís que os ha llegado el libro o publicáis una foto con él en las redes pero, al final, eso es tiempo. Tiempo que me parece bien aprovechado cada vez que escribo la dirección en el sobre y os lo envío. Eso no voy a discutirlo.

Me encantaría que el libro que he publicado sirviera para que algunos se preguntaran qué estamos haciendo en las aulas. Cuestionarse ciertas cosas es imprescindible. Más aún en un momento en el que hay un exceso de bombardeo mediático con ciertas cosas. Y ya si hay algunos que os empezarais a hacer un blog o escribir vuestros libros hablando desde vuestra óptica personal, dudando de muchas cosas y, poniendo un punto de cordura a todo lo que está sucediendo en nuestra profesión, ya sería fantástico. Hasta entonces voy a seguir planteándome qué hago con el libro mientras voy preguntando, como hago en este post, vuestra opinión. Una opinión que siempre me ha interesado porque, al final, lo más importante de este blog, más allá de servirme como terapia, sois vosotros.

Finalmente comentaros que me encanta saber que el libro se está leyendo en alguna Facultad de Magisterio y estudios relacionados con la Educación. Al menos así pueden tener otra visión más que complemente a la que reciben como inputs habituales porque, a más visiones diferentes, más posibilidad de encontrar tu manera de enfocar la profesión. Una profesión que tiene tantas maneras de ser enfocada como docentes hay en las aulas. Algo que hace aún más grande a nuestra profesión.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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