Educative Innoveision

No hay nada peor que ponerse uno a escribir un libro sobre educación cuando, lo único que tiene claro, es que va a ser algo incoherente. Todos tenemos claro que se escriben libros sobre el tema por encima de nuestras posibilidades y que, en un modelo de negocio en el que se ha convertido gran parte de lo que, supuestamente, habría de ser mejora educativa, cada vez es más habitual encontrarnos con cientos de libros, la mayoría de dudosa calidad (sí, como éste si tenéis ganas de leerlo) que reflejan la falta de ideas o lo necesario que supone escribir por encima de cualquier otro objetivo. Es muy fácil distribuir un producto que acaba sirviendo para que uno se fotografíe con el mismo y lo suba a las redes sociales para fardar con sus amiguetes de su gran afición a la profesión. También sirve para descubrir que uno tiene la necesidad de devorar todo lo que huela a educación. Y ya si hablamos de innovación, escuelas innovadoras, prácticas infalibles o religiones educativas, ya sabemos que el mercado acaba disfrutando con fruición del asunto. Pues lamento deciros que esto no es lo que vais a encontrar aquí. Ni mucho menos porque, al final, no se trata de vender nada y sí de darse uno el capricho de escribir. Un libro hecho a mi medida y para ser disfrutado por mí a lo largo de su redacción. Eso sí, cualquiera tiene libertad de leerlo, criticarlo e, incluso, invitarme a cañas, tapas o, simplemente una buena horchata de mi tierra de adopción, sin tener que abonar ningún impuesto revolucionario. Bueno, se puede pagar impuesto revolucionario si uno tiene ganas. Es lo que tiene escribir sin pretensiones ni objetivos.

Fuente: Néstor Alonso

La pedagogía es inexistente en cada uno de los capítulos que conforman este libro. No busquéis referencia a autores, citas mágicas o, justificación a ninguno de los postulados en forma de redactado. No los hay. No los hay porque no me interesa que nadie me diga lo que tengo que decir. No los hay porque no interesa exponer postulados o ideas que sólo se sustentan en las ideas de otros. No, no los hay porque uno está bastante acostumbrado a vegetar en su zona de confort y es muy cansado eso de leer a grandes nombres de la educación. Cansado incluso es abrir Google, así que ya no digamos el tema de la búsqueda activa de conceptos, filósofos, pedagogos o investigaciones más o menos interesantes que apoyen mis textos. Así que ya sabéis qué no tenéis en vuestras manos. No tenéis ningún libro educativo de investigación ni con ningún tipo de base académica. Lo académico no mola. Menos aún cuando de lo que se trata es de disfrutar. Y algunos disfrutamos escribiendo sin necesidad de echar la vista atrás. Bueno, al suelo en ocasiones por si hay alguno de esos productos, resultado de digestión de algún animalillo, que tanto abundan en nuestras calles últimamente.

Ser docente y escribir no va reñido. Menos aún disfrutar haciéndolo y sin objetivos predeterminados. Cumplida la triada de objetivos básicos de la vida con este despropósito me quedan ganas para seguir perpetrando delitos literarios. Por cierto, los objetivos básicos son plantar un árbol, tener un hijo y escribir un libro. Lo más placentero, lo segundo. Una hija fantástica a la que toca dedicar este libro. No es el primero ya que escribí uno que le entregaré cuando sea mayor para que lo lea pero sí que es el primero que, por desgracia para quien se lo lea, voy a poner a disposición de todo el mundo.

Es problemático escribir sobre educación porque, salvo que tengas mucha habilidad en no pisar callos, siempre te llega el troll de turno, cuya ideología está marcada a fuego y que, por el simple hecho de ser superior, busca cualquier resquicio para atacar tus argumentos. ¿Importa realmente lo anterior? Pues va a ser que no porque, al final, si uno tiene problemas es su problema y lo único que no pretende este libro es dar solución a ninguno de los que nos encontramos en el aula. Se trata de ficción educativa, postulados en forma de despropósito intelectual y ausencia total de cientificidad.

Espero que lo disfrutéis y no seais muy malo con quien escribe porque, al final, es un simple aprendiz de destripaletras y cargado de sinrazón, sin ningún objetivo a corto o medio plazo con una lectura que, como ya dice el nombre del libro, está pensada para fenecer al poco. La innovación educativa no existe, son los padres. Y ahora que os he hecho el espoiler del libro ya podéis empezar a hacerme vudú, comprar venenos en la deep web o, simplemente, hacer que parezca un accidente. Esperaros, en caso de optar por alguna de las alternativas anteriores, a que me haya hecho un buen seguro de vida para dejar arreglada a la familia.

Os prometo que intentaré dar un poco más de coherencia al prólogo y revisar una segunda vez los capítulos que, en abierto, os voy colgando en el blog. Espero tenerlo listo en septiembre pero, como siempre me han dicho, lo de las fechas siempre lo tengo muy flexible. Quién dice septiembre tampoco excluye la posibilidad que sea octubre, noviembre o, incluso, septiembre del 2050. Ventajas de no tener a ninguna editorial que me presione, escribir por gusto y hobby y no tener que demostrar nada a nadie. Disfrutad de la lectura o, más bien, no lo hagáis si tenéis algo mejor que hacer. La vida tiene cosas más interesantes que leer determinado tipo de libros 🙂

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

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