En un contexto en el que todos sabemos la lengua del imperio británico y de otros territorios «superiores» es obvio de dónde surge el concepto de eduentertainment. Un concepto acuñado en las redes y que, por lo visto, lleva asociado el concepto educación al de entretenimiento. La conversión de la educación en espectáculo. La aparición de bambalinas, luces de colores, fingimientos varios y mucho, mucho decorado. En definitiva, algo que permite la traslación del puro divertimento al aula mediante determinados guiños a la tecnología, al fenómeno fan o, simplemente, a esas mediciones de audiencias por la que algunos medios se vuelven locos.

Entre magos, payasos, enanos, hienas, camellos y tipos que el única aula que han visto ha sido la de las cuatro paredes de su estudio de grabación, tenemos un buen elenco para gestionar el espectáculo. Al menos esa visión que, un día tras otro, surge a nuestro alrededor. Valorando al alumno como simple espectador sin palomitas. Estableciendo unas sinergias en las que prima, frente a todo, el show. Un show cada vez más plagado de disfraces, engaños y trileros. Sí, trileros de aquellos de las bolitas. Más que las dos de Matrix. En realidad, en este caso, siempre la misma porque, al final, el alumno queda al margen del espectáculo salvo como consumidor neutro del mismo.

Decidir ahondar en el concepto hace daño. Más aún cuando en una sociedad que valora la inmediatez, la imagen y los recursos audiovisuales, como algo más potente que otras cosas, es imposible no tener ganas de convertir las aulas en un Gran Hermano nivel Dios. O, simplemente, la necesidad de buscar aquello más vendible, frente a lo más necesario. La urgencia se mantiene. Lo prioritario se sustituye. Lo necesario se pervierte. Aulas cada vez más masificadas, un mayor manto de espectáculo y una gran cantidad de títeres que intentan escalar esa pirámide trófica del asunto. Un Bar Coyote plagado de strippers, boys y orgías de culto a la anfetamina. Bueno, más bien a sus efectos. Efervescencia en estado aspirina de esas que provoca burbujitas.

Entonces, ¿en qué quedamos? ¿Qué nos queda claro del concepto? ¿Qué importancia tiene lo anterior en el aprendizaje de nuestros alumnos? O, ya, simplemente, pasamos del objetivo de la propia educación para reconvertirlo en el interés de terceros. O de cuartos si nos ponemos estupendos.

Lo que no es espectáculo no existe. Los medios solo se hacen eco de aquello que tenga tirada. De aquello que consiga engañar al mayor número de compradores potenciales del medio y, por tanto, de su publicidad engañosa. Es lo que tiene el placebo. Y, seamos sinceros, debemos reconocer que el divertimento puro y duro tiene su parte de placebo. Satisfacción para el drogadicto. Excusa tácita para efectuar determinados movimientos mientras el público está obsesionado con esas luces estroboscópicas.

Si nos vamos a la RAE nos encontramos con cuatro definiciones para el concepto entretenimiento. En primer lugar nos habla de la acción y efecto de entretener/se; sigue con la cosa que sirve para ese divertimento; continúa con el mantenimiento o conversación de alguien o algo y, curiosamente en su forma más arcaica, nos habla del entretenimiento como la gratificación pecuniaria que se daba a alguien para su manutención. Touché. El entretenimiento como negocio. Como algo pecuniario. Como pasta para ser más exactos. Así pues imaginaos ese revival semántico para lo que está sucediendo en la educación actual.

No se puede ser más claro. El espectáculo y el entretenimiento solo tienen objetivos de disfrute inmediato y recaudatorios. Vivir para y por el entretenimiento es algo positivo. El problema es cuando ese modus vivendi choca frontalmente con necesidades perentorias de nuestros alumnos porque, al final, ¿qué sucede cuándo se acaba la función? ¿Dónde están esos alumnos? ¿Qué futuro les espera? ¿Qué sociedad estamos dejando?

Desde hace muchos años el entretenimiento ha estado a la orden del día en etapas más iniciales. No era raro observar la cantidad de tiempo que pasan (o pasábamos, porque eso no ha cambiado en las últimas décadas) los niños haciendo disfraces, preparando determinadas fiestas o, simplemente, convirtiendo una determinada actividad cara a la galería -léase para los padres- en el objetivo último del proceso educativo. Carnavales, Fallas, Días de lo que sea o, simplemente, cualquier momento era bueno para pasar de determinadas cosas y convertir otras en prioritarias. No es solo un mal en etapas inferiores ya que, como todos sabemos, en la ESO es más importante para los alumnos de cuarto la preparación del viaje fin de curso que otro tipo de actividades que exigen un mayor tedio. Bueno, digamos esfuerzo en hacer algo que, a priori, puede no gustar. Y eso con todos los matices acerca del vocablo mismo.

Pero vayamos al grano una vez desgranado, de forma más o menos coherente el concepto. Un grano que tiene mucho que ver con quién potencia ciertas cosas, con qué recursos cuenta o, simplemente, a qué cantidad de personas relacionadas, directa o indirectamente, con la educación es capaz de engañar. Porque, como ya deberíamos saber a estas alturas, el altruismo, salvo que sea a nivel personal, no existe. Existen personas que se asocian para llevarlo a cabo pero, curiosamente, siempre dejando de lado la parte más económica salvo para los puros gastos de gestión de la ayuda. Cosa que no pasa con los que están montando este tipo de fastos, guateques y raves.

Premios a docentes encantados de salir en la foto. Entrega de estatuillas en formato bolas chinas. Premios de consolación para que uno siga destapando las tapas del yogur. Escandalosa difusión del asunto. Nombres que acaban siendo importantes cuando lo importante es todo menos el nombre. Mucho dinero. Seguimos con el tema económico porque, al final, es lo único importante de todo. Dinero y poder. Ego e imagen. Seguidores y seguidos. Influencias e influencers. Palmeros y palmeras. Juegos y juergódromos. Un sinvivir de personajes que, quizás ajenos, quizás omitiendo el querer ver ciertas cosas, se prestan a determinados patrones que vienen muy marcados a fuego.

¿Y qué es lo más preocupante del eduentertainment? No, lo más preocupante no es saber que el movimiento de los hilos viene de parte de algunos cuyo interés en la mejora educativa es nulo. Lo más preocupante es que, tal y como sucede en cualquier divertimento, cada vez se necesita más. La motivación como mantra absolutista. La necesidad de hacer cada vez espectáculos más soeces, sin sentido y, bajo la premisa de ser el primero de ser capaz de dar clase haciendo el pino. Un peligro para la educación. Abusones. Destructores.

Si mañana entra en el aula uno vestido de Superman para dar una clase de una determinada asignatura seguro que los chavales se interesan por el asunto. Cuando al día siguiente entra disfrazado de Batman, al otro de Picachu y al cuarto de Pocoyó, quizás se pierda parte de la atención por esa novedad visual. Cuando uno ha visto algo cientos de veces pierde su encanto. Pierde su atracción. Pierde, en definitiva, todo el objetivo de captar la atención pero, ¿y si los alumnos solo se quedan con el disfraz y al acabar la clase la única pregunta que les queda es saber si al próximo día irá vestido de SuperLópez, Catwoman o, simplemente, de un tipo con barba que pasaba por ahí? Ya, tengo claro que esa atracción hace el aprendizaje mejor. Bueno, o quizás no lo tenga tan claro. Quizás es que vea más allá del disfraz o del humo. Un humo cada vez más tupido ya que, al final, la educación queda subsidiada al simple espectáculo.

No todos valen/valemos para ser actores. En parte dar clase es siempre ofrecer una parte dramática, una parte humorística o, simplemente, una necesaria empatía que te viene marcada por el guion. Nadie se puede aislar de lo anterior. Son relaciones humanas. Somos seres humanos, sociales y sociables. Otra cuestión es hasta qué punto llevar el espectáculo a otro nivel porque, ¿de verdad no hay límites? ¿No hay realidades que solucionar? ¿No hay nada serio a abordar?

Hay «nuevas» metodologías usan el entretenimiento como base de todo. No es solo ver vídeos en casa. No es solo usar una determinada aplicación para que los alumnos, de forma frenética, respondan a preguntas en extraños quizzes. No es la conversión del objeto de disfrute y no del procedimiento en el objetivo de todo. Ya no es, ni tan solo, la decisión de mover un lindo gatito en una pantalla con unas órdenes que uno copia y cuyo único objetivo es ir haciendo la práctica siguiente. Ya si eso hablamos de los niveles que generan desasosiego en el Candy Crush. Del disfrute a toda costa. De la compra de vidas infinitas, cofres y tiempos. Es el frenesí por jugar. Por entretenerse. Por ir avanzando y quemando cada vez más rápido sin disfrutar de nada. Prisas por disfrutar. Muchas.

El eduentertainment, lamentablemente, por contagio social, ha venido para quedarse. El objetivo debería ser regularlo. Es como una plaga que se está adueñando de cada vez más aulas, de todas las publicaciones y, de gran parte del discurso de algunos ungidos como seres divinos por parte de multinacionales que hacen su agosto con el sector educativo. Un modelo demasiado goloso para muchos que, al final, obliga a ir a más. Es la adicción. Es la necesidad. Es la creación de necesidades ficticias para satisfacer algo que, más allá de sus bondades inherentes -que no voy a negar que, en parte puede tener-, implica muchos desajustes. Y más en menores. En personas en desarrollo. En una futura sociedad en la que las luces de neón, los anuncios de teléfonos móbiles carísimos en la tele y, la sobreabundancia del disfrute puntual de la apuesta están a la orden del día.

Estamos creando adictos al entretenimiento. Alumnos incapaces de aburrirse. De estar más de cinco segundos haciendo la misma cosa, jugando al mismo nivel o, simplemente, incapaces de esperar que esa apuesta de cinco euros que han hecho en esas máquinas y salones cada vez más accesibles -incluso de forma online-, dé el resultado que han perdido. Nadie gana con el juego. Nadie puede vivir en entretenimiento constante. Nadie puede disfrutar siempre.

¿Qué pasa cuándo no hay disfrute? ¿Qué sucede cuando el eduentertainment se acaba? ¿Qué pasa con esos alumnos que, acostumbrados a hacer poco, disfrutar mucho o, simplemente, vivir el segundo a tope, tienen que relajarse? Pues la verdad es que dará problemas. Creo que más de uno. Adultos con problemas de concentración. Adultos buscando el placer en todo momento arriesgando cada vez más. Adultos incapaces de ser adultos. ¿Os dais cuenta que ya no hablo de profesionalidad? ¿Sabéis por qué? Pues porque ya va implícita en el asunto. Un asunto mucho más complejo que hechos puntuales, decisiones salomónicas o sesgos interpretables.

Estamos fracasando con nuestros niños. Estamos convirtiendo algo tan necesario como es el entretenimiento en el objetivo básico de muchas de nuestras aulas. Estamos creando adultos muy complejos a los que, a falta de entretenimiento, tendrán reacciones adversas. La escuela no debe vivir al margen de la sociedad pero sí pulir los defectos que, la sociedad en su conjunto, puede tener. La escuela es permeable a la sociedad. El problema es ayudar a contrarrestar ese contexto con la posibilidad de que nuestros alumnos vivan diferente. Una educación lenta, con entretenimiento puntual (superior en determinadas etapas) y sin convertirlo en objetivo, es lo más saludable. Ya no solo estoy hablando de aprendizajes que, como habéis visto, se han mantenido un poco al margen a lo largo de todo este redactado caprichoso. Estoy hablando de autorregulación, relaciones y saber, al fina y al cabo, que lo importante en esta vida no es vivir a tope. Lo importante es vivirla porque, en muchos momentos, el mayor disfrute de uno consiste en, simplemente, respirar.

Cualquier cosa que queráis comentarme del borrador de este capítulo no dudéis en hacerlo. La redacción del libro va a estar en abierto para que me podáis aportar cosas (como comentario, por mail o, simplemente, por las redes). Espero os resulte interesante.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
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