Más de mil millones de usuarios, cientos de millones de horas de visionado diario, cientos de horas de vídeo subidas por minuto,… ¿Quién no ve las potencialidades de un medio que, por desgracia, sigue siendo minoritario en el ámbito educativo? Salvo algunos canales, realizados para consumir producto educativo -en muchos casos como negocio-, sigue siendo demasiado poco habitual el uso de YouTube para colgar actividades de aula, salidas o, cualquier material que pueda ayudar a nuestros alumnos. Sí, YouTube es uno de los grandes abandonados del sistema educativo. Bueno, esto era hasta hace un tiempo en el que, por lo visto, se ha convertido en el medio para dotar de espectáculo y espectacularidad a la educación.

Entramos en un aula y todos nuestros alumnos conocen a El Rubius, Vegetta777, AuronPlay u otros youtubers. Saben quiénes son y visualizan, de forma más o menos continua, todo lo que van colgando en sus respectivos canales de YouTube. También son muchos los alumnos que, basándose en sus “héroes”, se crean canales de vídeo para hablar de sus cosas y, como no, se sienten felices cada nueva visualización de los vídeos que han colgado. Por tanto, ¿por qué no usar YouTube en el ámbito educativo de forma habitual? Y sí, hablo de usar en sentido pedagógico, no en lo que algunos están haciendo con ese formato. Además, seamos sinceros, no todo el mundo vale para publicar un vídeo ni, muchísimo menos, podemos pivotar todo el aprendizaje de los alumnos en ese formato. Por cierto, que todos nuestros alumnos quieran ser youtubers o tronistas también debería preocuparnos.

Sí, la mayoría de alumnos quieren, salvo excepciones, pertenecer a la “élite” que les venden los medios de comunicación. Una “élite” formada por participantes de Gran Hermano, tronistas de Mujeres, Hombres y viceversa (sí, lo he tenido que consultar), Supervivientes o, para los más tradicionales en sus peticiones, futbolistas como Messi y Ronaldo. Ello sin olvidar a los youtubers mencionados anteriormente.

Puedo llegar a entender que los alumnos quieran ser famosos. Comprendo e, incluso podría llegar a compartir, la necesidad imperiosa de trabajar poco y cobrar mucho mientras me paso el día tendido en una toalla o doy vueltas en ropa interior por un recinto pero, de ahí a hacer un trío delante de mi familia o permitir que me digan de gilipollas para arriba (léase gilipollas como cualquier calificativo más propio de horario no infantil que pueda usarse para despreciar a hombres o mujeres) es algo que no pasa por mi cabeza. Por eso me sorprende las inquietudes de muchas alumnas. Sí, recalco lo de alumnas y lo del cuantificativo porque, lo que pensaba que sería una excepción, es demasiado habitual para mi gusto.

Hay alumnas que quieren ser tronistas. Sí, quieren darse morreos con macizos de capacidad intelectual nula, decir tacos a tutiplén y, como no, que les observe medio país haciendo lo anterior. Ya si lo pueden instagramear o subir a YouTube, fantástico. Compran un modelo de vida que, para ellas, les va a permitir salir adelante de una manera muy fácil. Porque, no lo olvidemos, estos programas venden en horario protegido (sí, casi todos los alumnos de este país los ven) fantasías edulcoradas acerca de lo fácil que es conseguir la fama y el nulo esfuerzo que hay tras lo anterior. Paradigmas de Belén Esteban u otros personajes bastante más anónimos que, por desgracia, explotan la envidia de muchos de nuestros alumnos frente a ese modelo de vida fácil y sin complicaciones aparentes.

Pero no hablemos de las inquietudes futuras de los alumnos y, la relación que puede establecerse por ellos entre futuro y YouTube, para adentrarnos en la despersonalización del aprendizaje que supone el formato vídeo.

La verdad es que me preocupa el vender despersonalización del aprendizaje como innovación educativa. No entiendo que, por desgracia, algunos estén usando el concepto de YouTube como base educativa. No, considero que los aprendizajes a distancia que tanto propugnan algunas administraciones educativas como solución a todos los problemas de nuestros alumnos son, en demasiadas ocasiones, un simple subterfugio para seguir desinvirtiendo en el ámbito educativo.

No me gusta el modelo Flipped Classroom porque, entre otros motivos, despersonaliza gran parte del aprendizaje y somete al libre albedrío de los chavales el ver o no ver un determinado vídeo. Vídeos que, por desgracia, están editados en su mayor parte por docentes que, entre sus habilidades no está la de la edición de vídeos. Seamos sinceros… ¿qué docente puede publicar vídeos a nivel de El Rubius sin dedicarle más de doce horas diarias? Y, entre esas doce horas diarias y las seis de clase, ¿cuándo duerme? Bueno, vayamos a la matemática básica… ¿alguien se cree que un docente se pasa dieciocho horas diarias trabajando? Si lo hace tiene un grave problema. Y si no lo está haciendo está pervirtiendo el sentido básico de su función como profesional y hace un flaco favor a los derechos laborales del colectivo. Sí, al igual que el que hace miles de horas sin cobrar. Y no, no me vale decir que lo hace por los alumnos. Lo hace porque tiene un problema.

El modelo de clase vía YouTube me genera varias dudas. Dudas que, lamentablemente, debo ser el único que las tiene porque, según los medios hay “youtubers que explican el temario mejor que los profes de las asignaturas respectivas“. Bueno, eso al igual que los que dan clases de repaso en negro o trabajan en una academia con salarios mileuristas. Sí, son tan maravillosos que deciden cobrar mucho menos y no presentarse a unas oposiciones porque, es que son tan buenos que, a lo mejor, en un centro educativo destacarían tanto que serían mirados con ojeriza por sus compañeros.

Pero vayamos a las dudas…

La primera es el establecimiento de una clase magistral uniforme para tantos alumnos. Podemos tener excelentes comunicadores y, seguro, que ni tan sólo hace falta que el que sale en el vídeo sea docente. Hay suficiente con tener un buen perfil y una oralidad fantástica. Y, por si fuera poco, el vídeo cada vez va a permitir que los errores del comunicador se difuminen mediante diferentes estrategias de edición. Sí, un vídeo para millones de personas debe ser fantástico y, a la vez, parecerlo. El ponente debe crear ansias entre el alumnado y, como no, establecer magistralmente las líneas teóricas más conceptuales. Que sí, que enseñar a resolver una raíz cuadrada por un gran comunicador es más interesante que, en un espacio con veintipico alumnos, intentar explicar y resolver las dudas que se puedan plantear a lo largo del procedimiento. Que sí, que la clase magistral pasada por diferentes filtros de imagen y añadiéndole trampa y cartón es la solución. Que sí, que una clase única para millones de alumnos es el no va más de personalización educativa. Que sí, que estoy siendo un poquillo irónico.

Otra duda, más bien pregunta, que me asalta es la siguiente… ¿qué diferencia hay entre ver un vídeo en formato clase magistral realizado y explicado por terceros que seguir un libro de texto a rajatabla? ¿Qué valor añadido aporta un material de terceros, por bonito que sea, que no se puede adaptar a una docencia de aula tradicional? ¿Un elemento multimedia? ¿Un vídeo como esos de algunas editoriales según los cuales acababas sabiendo inglés de forma autónoma en pocos meses? Me acuerdo de esos fascículos con el casete que muchos compraron. También me acuerdo del resultado de esos métodos revolucionarios. El vídeo es un formato importantísimo pero, reducir el aprendizaje al mismo me genera dudas.

Más cuestiones… ¿qué mecanismos de control nos permiten seguir la evolución del alumno? ¿Un sistema que nos indique cuántos minutos de visualización han tenido del contenido? ¿Un programa espía en los vídeos que nos transmita todas las informaciones de los alumnos en tiempo real a los docentes? ¿Un sistema que va a evaluar cuántas veces han repetido el vídeo? ¿Exámenes para comprobar que lo que han visto se reproduzca fielmente? ¿Cámaras de videovigilancia en los domicilios para ver si los alumnos estaban viendo el vídeo o sólo lo estaban pasando en el ordenador mientras tenían otra pestaña abierta de Facebook o de alguna de esas páginas donde puedes ver películas piratas online? Dudo del mecanismo de control y de la invasión de la privacidad.

Y, finalmente, mi gran duda… ¿será este tipo de formación masiva el Caballo de Troya para despersonalizar el aprendizaje, reducir costes -infraestructuras y profesorado- y, aumentar el control social de nuestros alumnos? Una duda que, por desgracia y a la vista de para qué se está usando la formación masiva en los últimos tiempos y a los inversores que están apoyando el proyecto, uno no puede menos que tener.

La verdad es que me preocupa que se ensalce el modelo despersonalizado que supone la educación a distancia. Me preocupa que, con una simple cámara, alguien se crea que sabe dar clase o algunos se piensen que lo saben. Dar clase no es dar temario en un contexto controlado. Dar clase es mirar a los ojos a los chavales, adaptarte a sus necesidades y, cómo no, ir siguiendo su trayectoria personal. Y eso no lo da YouTube. Bueno, cada uno es libre de creerse lo que quiera.

Tengo 26 millones de dudas. Las mismas que los alumnos que tiene Salman Khan en su escuela en la nube, la Khan Academy. Un modelo que, supuestamente, permite que los alumnos aprendan viendo vídeos y que, cuando tengan dudas acerca del temario “no tengan más que rebobinar la lección cuantas veces necesite hasta dominarla”.

La verdad es que, planteado mediáticamente, el procedimiento da mucho jugo. Aprendizaje masivo en casa y solución personalizada a los problemas en el aula. Repito… aprendizaje masivo en casa y solución personalizada a los problemas en el aula. ¿Alguien ve alguna contradicción en lo anterior? ¿A nadie le chirría nada de la afirmación anterior? ¿Seguro?

No estoy nada convencido del uso indiscriminado, como se plantea, de YouTube como base metodológica. Creo que además se está intentando hacer la copia de determinados modelos para conseguir motivar a los alumnos. Una motivación que, en la mayoría de ocasiones, pasa por hacer payasadas, disfrazarse o, simplemente, ponerse a bailar para que el alumno esté más pendiente del vídeo. Bueno, de lo que va a estar pendiente es de otras cuestiones que poco tienen que ver con lo puramente educativo. Ya si eso nos vamos a un modelo en el que, tanto docentes de sexo masculino como femenino, empiecen el despelote en función de la cantidad de preguntas que se respondan correctamente. Bueno, lo de la emisión en directo es un qué. Lo veo. Lo huelo. Lo intuyo. Resulta que no es tan inverosímil ver como el docente mientras echa un polvo, se toma su desayuno o, simplemente, acaba liándose ese porro que tenía guardado para fiestas, emociona a sus alumnos recitándoles a Shakespeare, dándoles clase en vivo de biología humana o, simplemente, decide rezar para así poder redimirse de los pecados en una bendición Urbi et Orbi a través de ese YouTube tan maravilloso.

Ahora ya solo faltan los certificados de YouTuber nivel 1, 2 o 3 para conseguir aún más docentes interesados en colgarse esa insignia digital. Una insignia que, como todos sabemos, algunos ansían tatuarse en la entrepierna, entre los pezones o, simplemente, a lado y lado del ojete.

Los payasos de la tele con YouTube molan menos. Así pues, qué podemos esperar de docentes que se creen que están actuando en el Moulin Rouge. Bueno, al menos nos podremos echar unas risas y nos darán una cantidad de tuits apreciables para poder explayarnos. Bueno, no creo que dé para mucho más de 280 caracteres pero siempre uno puede crearse un blog para poner ciertas prácticas pedagógicas a caldo. Eso sí, sabiendo muy bien que, al igual que sucede en determinadas religiones, hay posibilidad de que algún grupúsculo se sienta ofendido.

EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
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