El 99,99% de la sociedad española no aprobaría un examen final de sexto de Primaria

Estoy convencido de que sería incapaz de aprobar un examen final, haciendo una mezcla de preguntas al azar de todas las asignaturas, de sexto de Primaria. No creo sólo que me sucediera a mí. Creo que, curiosamente, quizás algunos no suspenderíamos el examen pero sacaríamos unas notas que harían reír al más pintado de los alumnos de esos cursos. No es ficción, creo que casi nadie de nuestra sociedad se ve capaz de dar con unas soluciones a algo puramente teórico. Nos hemos hecho mayores y hay gran cantidad de conceptos teóricos que hemos ido abandonando por el camino. No es malo abandonarlos, lo que sí que debería llevarnos a reflexionar es el porqué de esta situación de olvido.

Fuente: Twitter
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A veces cuando uno lee determinados artículos periodísticos con titulares, de esos que dan mucho morbo al lector, se olvida de lo que subyace tras los mismos. El que enlazo va destinado a vender dos libros en los que, dos profesionales de la educación, reflexionan acerca de la necesidad de volver a la instrucción, dejarnos de modas más o menos experimentales basadas en el buenismo educativo y, cómo no podría ser de otra manera en este tipo de argumentos, achacado toda la culpa del bajo nivel de nuestros alumnos a la LOGSE y al desembarco de los pedagogos en la gestión de políticas educativas. Lástima que dicha argumentación, igual que la que subyace tras todos aquellos que creen tener la solución a todos los problemas educativos mediante el laissez faire y unas estrategias de trabajo supuestamente creativo y fomento de habilidades, no tenga ningún sentido porque, lamento informar a los dos autores que, por mucho que les compren el libro (sí, quizás lo voy a comprar porque me encanta leer sobre temas educativos y siempre es bueno echarse unas risas -al igual que hago con otros libros enfocados a lo que ellos llaman el rousseanismo educativo-) la realidad es que ni los que fueron educados con la Enciclopedia Álvarez a golpe de memorización, ni los que fuimos educados con la Ley de Villar Palasí (léase EGB, FP, BUP y COU), ni las nuevas hornadas que salen de la LOGSE/LOE o las que saldrán en un futuro de la LOMCE son/somos peores intelectualmente que ninguno de los otros porque, ni ellos ni nosotros sabemos resolver correctamente un examen final de sexto de Primaria. ¿Por qué? Pues porque la mayoría de lo que se nos enseña en la Escuela no sirve. Y no sirve con independencia del método de enseñanza que se utilice. Los conceptos sirven para aprobar exámenes y, por desgracia, muchas habilidades también. Lástima que sigamos jugando a desmontar la manera como hacer una cosa o la contraria por necesidades de creer que nuestro método educativo es maravilloso.

Lo siento. No me acuerdo de la mayoría de lo que he estudiado. Incluso, a día de hoy, si tuviera que cambiar de trabajo y volver a mi profesión más academicista tendría muchos problemas para ponerme al día. Y sí, me podría poner al día con independencia de lo que hubiera o no cursado a lo largo de mi carrera universitaria. Una carrera de la que he olvidado, como la mayoría de mis compañeros con los que hablo en ocasiones, la mayoría de conceptos que se nos daban en aquellas asignaturas tan complejas que sólo conseguían aprobar diez de cada trescientos en cada una de sus convocatorias. ¿Nos ha servido de algo? Pues va a ser que no.

No me va lo de buscar enemigos de forma global en el mundo educativo. Puedo no compartir -y no comparto- el aprendizaje memorístico y la instrucción basada puramente en unidireccionalidad plagada de conceptos y aprendizajes memorísticos. Puedo no compartir -y no comparto- la necesidad de eliminar toda necesidad de memorizar ciertas cuestiones básicas (y no, no me refiero a las partes de una determinada planta) o plantear un aprendizaje en que lo importante sea el disfrute sin más pero, ¿no podemos de una vez darnos cuenta que ni el método tradicional ni las novedades que, en ocasiones no lo son tanto, sirven de bien poco para el futuro profesional y establecimiento de relaciones sociales entre nuestros alumnos porque, vamos a ser sinceros, que levante la mano quién sería capaz de aprobar un examen de sexto de Primaria. Uy, acabo de ver algunas manos. Pues bien, ¿quiénes serían capaces de aprobarlo que no se dedican directamente a la docencia en esas etapas? Y aprobarlo no es sacar un cinco raspado, que esos, en ocasiones se regalan sólo con poner el nombre sin faltas de ortografía 🙂

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

1 Comment
  1. A riesgo de ser soberbio, yo, que no soy profesor de primaria, sino de secundaria, levanto la mano y le digo que aprobaría un examen ‘real’ de sexto de primaria, y si le interesa que hagamos la prueba, estaría dispuesto a hacerla con honradez. Dicho eso: es verdad que olvidamos mucho de lo que aprendemos (sobre todo cuando no coincide con nuestro perfil laboral-académico-intelectual) pero no los fundamentales (por ejemplo, las tablas de multiplicar) y yo ahora, persona de humanidades donde las haya, estoy recuperando mi conocimiento matemático y me sorprendo con lo mucho que ‘recuerdo’ luego de muchas décadas sin dedicarle ni un minuto de atención. No creo que sea virtud propia: buena parte de esa información está atesorada en la ‘memoria a largo plazo’ mía, suya y de todos, y de querer recuperarlo, nos costaría muchísimo menos esfuerzo que si partíesemos de cero. No creo que los críticos con la pedagogía logsiana sean todos nostálgicos del pasado, y anque pueda aceptar que ‘los dos bandos’ tienen su algo de razón, yo no lo veo en la equidistancia, sino más bien en una proporción 75-25 a favor de los defensores de la instrucción.

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