El aula no puede solucionar todos los problemas

Este curso, como ya he dicho en más de una ocasión, voy a romper mi anacoretismo para participar más activamente en determinadas charlas, cursos o, simplemente, escritos en diferentes lugares diferentes de este blog. No es algo que me apetezca en exceso porque siempre me ha gustado estar al otro lado pero, a veces, por circunstancias de la vida o por decisiones personales, uno decide libremente dar un paso. Eso sí, con todos los condicionantes del mundo y teniendo muy claro, que al igual que hacía de forma menos abierta estos últimos años, sólo en lugares que me permitan decir libremente qué pienso. Y aún así, cada vez que estoy aceptando este curso ciertas cuestiones, medito qué y por qué he aceptado. Incluso después de haber aceptado, me arrepiento en ocasiones. Qué le vamos a hacer. Mi mundo a nivel profesional es el aula, me encantan los cafés y la horchata en pequeño comité e, incluso, las charlas en lugares que tienen poco que ver con mi profesión. Sí, lo reconozco, odio tener que volver a un aula o contextos similares para hablar de ciertas cosas. Y sumando los nervios que me supone salir de mi contexto más controlado… ya tenemos una mala mezcla en el asunto.

Fuente: ShutterStock

Pero no iba a hablar de ello. Iba a relacionar un debate en el que participo mañana, sobre el impacto del móvil en los menores, con la visión que tienen algunos acerca del aula como solución de todos los problemas. No es extraño escuchar la necesidad de introducir competencia digital para docentes, educación emocional, pensamiento crítico e, incluso, que sepan cocinar una tortilla de patatas sin cebolla. Consideración del aula para solucionar todos los problemas, atajar desigualdades sociales de forma aislada y, después de todo lo anterior, procurar que nuestros alumnos aprendan. Ayer, por ejemplo, sin ir más lejos la triste noticia de unos niños que iban a la escuela con sus padres muertos por sobredosis medicamentosa, a los que se les daba un bocadillo en los centros educativos, pagado de su bolsillo por parte de los docentes, a la vista que no habían comido nada. Hacemos, incluso que muchos no se lo crean, tareas que van desde servicios sociales, psicología, enfermería, sustituimos a determinados padres (que ni están ni se les espera) y, a pesar de ello, cada vez se nos sigue exigiendo que asumamos más roles como, por ejemplo, el de aumentar la competencia digital de nuestros alumnos. Creamos asignaturas de la nada, capacitamos al profesorado y, seguimos, erre que erre, con suplir a otros oferentes de servicios. Quizás es que, al final, hemos devaluado tanto nuestro trabajo que ya no sabemos ni cuál es. Quizás es que, cuando entramos en el aula, queremos solucionar todos los problemas del mundo. Quizás es que, cuando ves unos ojos mirándote, no puedes menos que dejarte llevar en ocasiones y extralimitarte en tus funciones. Al final, por desgracia, no queda otra porque, salvo que tú lo hagas, nadie lo va a hacer.

El aula está sometida a tensiones extremas y los docentes a funciones que no les son propias. Y ya no digamos cuando algunos se inventan asignaturas para enseñar a ser ciudadanos productivos, razonables o mejores personas. Lo de adoctrinar, en función de la ideología del docente suponiendo su bondad infinita y su sapiencia de lo que supone ser ciudadano, también es de traca. Más aún en contextos tan complejos como los actuales. Algo que no se entiende pero que, habiendo asumido en demasiadas ocasiones determinados roles, ya te ves como impelido a ello. Y así nos va…

Tengo muy claro que el mal uso de un dispositivo móvil no lo va a solucionar una asignatura de competencia digital en la ESO como se ha planteado en algunas Comunidades. Sé de buena tinta que el sedentarismo no lo curan dos horas a la semana de Educación Física por mucho que algunos se lo crean. También tengo claro y meridiano que, en unas horas de clase con diferentes docentes, no vamos a conseguir educar a nuestros alumnos en civismo. Eso sí, también sé que es bueno contraponer la visión de otra manera de hacer las cosas para alumnos que, por desgracia, viven en contextos complicados o sin posibilidades pero, de eso a ser «salvadores» por asumir todo lo que ceden los padres, se desentiende la sociedad o, simplemente, surge como consecuencia de determinadas situaciones que se dan fuera de los centros educativos, es algo complejo e imposible de trabajar en los centros educativos. Aún así algunos lo exigen. Lamentablemente para ellos, los milagros no existen y, al final, el aula, por mucho que la hayamos sobrecargado de tareas que poco tienen que ver con su función, tiene unos tiempos limitados y necesidades, mucho más complejas, que impiden soluciones globales que tanto se demandan.

En una hora y poco entro en la primera clase. Y sí, seguro que surge alguna de esas necesidades que, al final, nos han endosado dentro de nuestras, de facto, cada vez más ilimitadas funciones.

Los docentes no tenemos la solución a todos los problemas del mundo pero, a pesar de ello, intentamos ayudar a esos niños que cada día tenemos delante nuestro en el aula.
EDUENTERTAINMENT

Cuando la Educación se convierte en espectáculo

En un contexto en el que el espectáculo educativo está a la orden del día, conviene reflexionar acerca de la implicación de este "eduentertainment" en nuestras aulas.
Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

3 Comments
  1. Me han gustado mucho tus reflexiones, en este artículo, que es el primero que leo de tu blog.

    Muchas veces, cuando he dado clases particulares, o en mi escasa experiencia en un aula, he detectado, entre otras cosas, que hay alumnos a los que el no estudiar, les viene de familia, o por exceso de celo, o por activismo ignorante de los padres.

    Así es difícil dar clases en un mundo tan complicado como el de hoy.

  2. 5 DE OCTUBRE Día Mundial de los Docentes
    Enseñar en libertad, empoderar a los docentes

    Como todos los años, el 5 de octubre se celebra, desde 1994, el Día Mundial de los Docentes, que conmemora la Recomendación conjunta de la OIT y la UNESCO relativa a la situación del personal docente (1966),cuyo 50° aniversario fue celebrado el año pasado. La Resolución de 1966 constituye el marco de referencia fundamental para abordar los derechos y las responsabilidades de los docentes a escala mundial.
    Este año, el Día Mundial de los Docentes conmemora también el 20° aniversario de la Recomendación de la UNESCO relativa a la Condición del Personal Docente de Enseñanza Superior (1997). En los debates acerca de la condición de los docentes se olvida muy a menudo a esta categoría de personal. Al igual que los docentes de preescolar, primaria y secundaria, los docentes de la enseñanza superior son parte de una profesión que requiere conocimientos especializados, capacidades específicas y competencias pedagógicas.

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