El calendario escolar

A estas alturas de curso es imposible, en algunas Comunidades, dar clase en condiciones. No es sólo el cansancio de alumnos y docentes, es la situación climática que hace que, salvo contadas excepciones, en la parte sur y este de nuestro país, dar clase sea lo más parecido a disfrutar de unas maravillosas vacaciones en alguno de esos desiertos que pueblan el globo. Sí, cuando lo máximo a lo que puede aspirarse es a conseguir una sudoración de campeonato y las neuronas empiezan a fundirse creo que es momento de echar el cierre a los centros educativos. Al menos en las zonas en las que la temperatura sea excesiva para conseguir nada productivo.

Fuente: http://aminevegapirasteh.blogspot.com.es
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Sí, seguro que ahora vendrán los defensores del sufrimiento humano, de los campos de concentración e, incluso, los vendedores de aires acondicionados para ofrecerme la solución mágica de usarlos en los centros. Lamentablemente, todos sabemos que seis horas diarias de aire acondicionado es malo y, por cierto, ¿alguien se plantea el coste de lo anterior o el rendimiento de un alumno a temperaturas de más de treinta grados en el exterior al que obliguemos a estar sentado sin poder ir al patio, ni hacer actividad física, ni…? Que yo tengo entendido que lo del aprendizaje es algo exigente pero tampoco debemos convertirlo en un reality tipo Supervivientes.

Ayer conocimos que los alumnos cántabros tendrán una semana de vacaciones cada dos meses lectivos. Lamentablemente es una decisión que sigue adoleciendo del sentido común tan necesario a la hora de gestionar un calendario escolar en condiciones. Sí, se puede aceptar -y como docentes lo sabemos bien- que más de dos meses seguidos de clase, al igual que seis horas seguidas, son totalmente improductivos para el aprendizaje pero, de ahí a quedarse en una medida como la anterior sin hacer una reformulación global del calendario va un largo trecho.

Soy partidario de racionalizar el calendario escolar. De empezar por quitar determinados períodos vacacionales muy marcados por la tradición o por festividades religiosas. No, no puede ser que las Navidades o las Pascuas nos marquen el calendario de los alumnos. Son épocas en las que podría darse clase ya que, por desgracia, dichas épocas vacacionales son las que nos hacen dividir el calendario escolar en algo tan cuestionable como son los trimestres. Que lo de evaluar trimestralmente no puede ser que nos lo marquen las festividades. Y menos aún aquellas que no tienen nada que ver con el sentido común a la hora de hacer calendarios escolares. Sí, vamos a ser claros… por mucho que todos vengan a comer el turrón a casa o sea un buen momento para la conciliación porque en muchas empresas tienen fiesta o siempre se ha hecho así, ¿qué aporta a los chavales no poder distribuir de otra manera el calendario escolar por decisiones que no tienen nada que ver con su aprendizaje?

No es cuestión de asignar más jornadas lectivas. Es cuestión de distribuirlas mejor. Quizás el paso de Cantabria sea interesante pero no hay suficiente. Regular el calendario escolar debería hacerse de forma diferente para cada zona geográfica en función de sus características porque, no es lo mismo el calendario escolar que pueda establecerse en el País Vasco que el que podamos usar en Andalucía. Que las cuestiones climáticas marcan el rendimiento escolar. Que es imposible dar clase a más de treinta grados.

Una propuesta sería plantearnos empezar entre septiembre y octubre en función de las condiciones climatológicas (puede haber años más o menos calurosos que permitan empezar antes u obliguen a retrasar dicha entrada en las aulas) y mantener períodos lectivos por dos meses, plantearse una semana de vacaciones y volver a empezar. Olvidarnos de las vacaciones «tradicionales» y trabajar con un calendario que no venga marcado por terceros. Y ya si me pongo a opinar acerca de la necesidad de que haya horario lectivo sólo de lunes a viernes tan sobrecargado de horas podría plantear otro tipo de modelos (desde el que va a dejar de hablar de sábados y domingos como no lectivos hasta, la posibilidad de plantearse que el cinco a dos -cinco días lectivos por cada dos festivos- pudiera variar en función de determinados proyectos piloto).

Lo que sí que tengo claro es que el calendario escolar debe marcarlo el aprendizaje de los alumnos y, a estas alturas de curso, estas dos semanas están siendo lo más poco provechosas para el mismo en algunas zonas, que convendría echar el cierre. Un cierre que no tiene nada que ver con la necesidad de vacaciones ni las ganas de los docentes de escaquearnos de nuestro trabajo. Eso sí, si alguien quiere interpretarlo así, cada uno es libre para manipular lo que se dice a su antojo.

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Jordi Martí

Docente desconcertado que intenta encontrar su lugar en un mundo que no entiende. O que prefiere no entender.

4 Comments
  1. Ahora la cuestión es quejarse por todo, no hay punto en el que yo vea que se está conforme. Antes, y hablo de cuando yo iba a EGB teníamos clases de lunes a viernes mañana y tarde, y a pesar de eso incluso llegábamos s casa con deberes. Ahora solo hay:
    – Queja porque el niño trae muchos deberes y no puede jugar, que si es mucha materia para estudiar, que si son muchas asignaturas, …..
    – Quejas porque son muchas horas lectivas y muchos días.
    Y por último, lo que faltaba, quejas por la calor. A este paso ya sólo se podrían dar clases en invierno. ¡Ah, no! Que en invierno llueve y los niños se pueden mojar.
    Dicho así, ya sólo queda que propongais una semana de clases y tres de vacaciones.
    En fin…………..

    1. Antes también se tiraba una cabra desde un campanario y desde abajo del mismo unas personas estaban deseosas ver partirse al animal contra el suelo. No, no me sirve como comparación lo de que cualquier tiempo pasado fue mejor porque, por desgracia, sabemos que si todo hubiera sido tan maravilloso ahora no nos encontraríamos en el cenagal (a muchos niveles) en el que estamos.

      No se trata de la queja por la queja ni, tan sólo de pedir mejoras laborales para nadie o eximir a los alumnos de sus responsabilidades. Se trata de poner sobre la mesa un cambio educativo global que, por cierto, también debería tratar el calendario escolar y los horarios lectivos para adaptarlos al aprendizaje de los alumnos. Si planteamos que no debemos cambiar las cosas, quizás sea bueno, tal y como planteas, volver a la época en la que había un 99% de analfabetos. Y algunos no queremos eso.

      En fin…

  2. Partimos de un hecho, que es el que indicas de que ciertas festividades no puede marcar el calendario escolar. Lo cierto es que este año fue un claro ejemplo, con un segundo trimestre muy corto y por lo tanto una segunda evaluación antes de semana santa muy ajustado.

    La solución que porpones es adaptarse a la región, bien, parece lógico. También confirmo que estas dos semanas últimas son absolutamente inultiles, ya que tienes que tener exámenes hechos con cierta antelación para no verte apurado antes de evaluar y sin embargo tenemos varios días de clase más, en los que los chavales, a parte del buen tiempo que no invita a estar en el aula, saben que no hay más que evaluar y por lo tanto hay una sensación de que esto se acabó y no tendrá repercusiones no esforzarse. Tal vez dedicar los últimos dias a exámenes y recuperaciones sin tener que impartir docencia o lo que sea que hacemos en estos días, que a mi me parece perder el tiempo, cuando tenemos que rellenar informes y más informes, asisitir a claustros, calcular notas finales….

    Yo los saco al patio con cesped a hacer ejercicios y fichas que puntuo al aire libre, ya que estamos con las plantas y los iinvertebrados, para que cambien de ambiente y bien, mientras se puede.

    Por otro lado los padres que quieren un lugar donde tener a los hijos mientras trabajan….

    Lo que decias estos días de atrás, imposible llegar a consenso, porque todo el mundo tiene sus propios intereses. En la noticia de Cantabria se ve cómo se oponen padres a la medidad de vacacones cada dos meses.

    1. Las soluciones deberían, como planteo, por una racionalización del calendario escolar para el beneficio de los alumnos. Y sí, al igual que tú tengo claro lo inútil que es dar clase estas dos semanas de curso. ¿Qué podríamos hacer para mejorar el calendario? Aparte de adaptarnos a las regiones y eliminar la «obligación» de romper el curso por tradición, podríamos plantearnos como bien dices lo que propones para final de curso.

      Lamentablemente, y es algo que también has comentado, es muy difícil -por no decir imposible- llegar a consensos en educación porque, al igual que sucede con el material que cada docente usa en su aula, cada persona tiene su idea acerca de «lo que es mejor». Y no les hagas bajar de ella.

      Un saludo y gracias por pasarte por aquí. Buen fin de curso.

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